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viernes, 25 de octubre de 2013

La contaminación y su importancia en tu comida y tu cuerpo


Mundo moderno, industrialización, avances, tecnología... y contaminación. Una cosa lleva a la otra y generamos tantos residuos que muchas veces me pregunto dónde va a acabar todo.

¿Sabías que España emite una contaminación demasiado elevada? Quizás te sorprenda, pero es cierto. No podemos escapar de las ciudades porque entonces los campos se convertirían en nuevas ciudades. Tampoco podemos hacer nada por el tráfico que invade las calles y carreteras. ¿Qué hacer, entonces? Lo primero, relajarse. Lo segundo, aceptar la situación e intentar actuar de una forma coherente. Intenta evitar los ambientes altamente contaminados, colabora reduciendo tu propio consumo, acércate a los parques cuando puedas, usa la bicicleta y el transporte público, pasea, etc.

Hablemos ahora del plástico. Este material está tan extendido que no podríamos entender la vida sin él. Nuestra ropa, los envases, dispositivos electrónicos e incluso prótesis están hechos de este material. Lo recomendable es evitarlos en la medida de lo posible. Cada tipo de plástico tiene unos efectos distintos sobre el cuerpo pero la recomendación es evitar usar con alimentos aquellos que tienen los números 3, 6 y 7 en el icono de reciclaje (el de las 3 flechas formando un triángulo). Tampoco se deben calentar los plásticos de ningún tipo si se van a utilizar con comida o bebida, incluso si el fabricante dice que se puede. Y no por enfriarse vuelven a ser seguros, sino que una vez que se han sometido a un calentamiento pueden seguir desprendiendo sustancias tóxicas. En la medida de lo posible opta por el vidrio o metales seguros.

También puede que te sorprenda saber la enorme mancha de plástico que hay en el Pacífico. La grandísima cantidad de basura que generamos va a parar a muchos sitios y el océano es uno de ellos. Aunque también hay una isla similar en el Atlántico, la acumulación de basura del Pacífico tiene una superficie equivalente a casi 3 veces el tamaño de España. Esto debería hacernos pensar en todo lo que consumimos, tiramos y no reutilizamos, así como lo que luego vuelve a nosotros desde el mar.

Estos días se habla también del mar y de su pescado por otras razones: las fugas de la central eléctrica de Fukushima. Según Chris Kresser no debemos temer por ello. Y nos lo dice con estudios y datos en mano, aportando una visión científica. Su conclusión es que es peor evitar el pescado que comerlo con esos niveles de contaminación. Creo que realmente no sabemos lo que se nos viene encima, para bien o para mal. Pero también creo que hay muchas cosas que estamos comiendo o descartando simplemente porque la ciencia ha emitido unas valoraciones que considera correctas pero que nunca podremos saber con total seguridad. Al fin y al cabo, en ciencia, una teoría es válida hasta que no se demuestre lo contrario. Como humanos, es lo mejor que podemos hacer. Yo seguiré consumiendo pescado.

Podríamos citar también los piensos que se les dan a los animales de cría convencional y muchos otros elementos que entran en la cadena alimentaria. No eres lo que comes, sino lo que ha comido lo que tú comes, y así sucesivamente.

La radiación solía ser un motivo de preocupaciones varias aunque parece que últimamente la opinión está más calmada. Los hornos microondas, las señales de teléfonos móviles, el WiFi, radio, televisión. Vivimos rodeados de infinitas ondas electromagnéticas. No estoy seguro de que haya motivo para preocuparse. Aunque esas señales modernas pueden darnos miedo, el electromagnetismo ha estado siempre presente. Incluso la luz natural entra en esta clasificación y el planeta en sí tiene un magnetismo inherente. Claro que hablamos ahora de creaciones artificiales, manipuladas y con diversas intensidades, así que no está clara su inocuidad.

¿Adónde nos lleva todo esto? Considero que a dos puntos distintos.

El primer punto es el plantearnos hasta que punto necesitamos todas esas cosas que luego tiramos, que se vuelven inútiles después de uno o dos años. Consumimos tanto que no paramos de generar residuos. Envases, aparatos inútiles, gadgets que pronto se vuelven obsoletos, ropa que pasa de moda... ¿Realmente queremos eso? ¿Queremos vivir en una rueda de consumo sin fin? ¿Queremos seguir tirando basura? Piensa en la frecuencia con la que sacas la basura e imagínate los kilos de desperdicios que generas al año. Y eso es solamente en tu casa. También generas basura cuando vas a un restaurante o cafetería, a un evento, cuando coges algo para picar por la calle o un café en vaso de plástico. Es demasiado. Y lo peor es que todo eso vuelve a nosotros en forma de contaminación que nos afecta de forma directa o indirecta.

El segundo punto es la actitud. Me refiero a la paranoia. Si bien los índices de contaminación son muy elevados, debemos aceptar que es algo con lo debemos vivir. No es cuestión de resignarse, pero tampoco hay que llegar al punto de la frustración. Aquello que no podamos controlar habrá que dejarlo ir, pero es bueno tomar decisiones inteligentes, por ejemplo, con los plásticos o aceites. Recuerda que las grasas son buenas, necesarias y las queremos con nosotros, pero una grasa o aceite de mala calidad puede estar cargado con tóxicos y antibióticos (los animales almacenamos muchos residuos en el tejido graso) o incluso volverse rancio o estar parcialmente hidrogenado, siendo también dañino. Elige con cabeza y ante la duda aprende a decir que no. Por otro lado, elegir productos naturales, frescos y locales para tu mesa ayudará a reducir los efectos dañinos en tu cuerpo y en el planeta.

martes, 17 de septiembre de 2013

El precio de tu alimentación. ¿Es la paleodieta una ruina?

Confusiones
Hoy me acordaba de mi último tropezón mayúsculo. No en un acto de tortura, sino en un momento de reflexión. En ocasiones como esa, uno piensa en los costes (no sólo económicos) de la comida que no es comida.

He tenido un día muy movido y probablemente esta entrada quede un poco rara porque quiero contar muchas cosas y tengo poco tiempo, pero ahí vamos.

El día del tropezón me atacó mi atracción por los helados, quizás la única comida neolítica que a veces se me antoja (aunque igualmente ignoro). Así que fui de cabeza a un McDonald's a por un McFlurry de Crunchies y este va a servir de ejemplo. Es verdad que no se le debería llamar helado a "eso", lo sé.

Primero, me gustaría aclarar una cosa. Cada vez que se habla de obesidad, de comida basura o de mala alimentación, esta cadena americana se lleva todos los titulares. Mi posición al respecto es que es una empresa que, como cualquier otra, busca su beneficio, ya que está para hacer dinero. Por eso crea comida adictiva. Pero de ahí a echarle la culpa de todos los males, tampoco me parece justo. Tanta culpa tienen ellos como la tiene el chino que hay a la vuelta de la esquina o la señora del ultramarinos de toda la vida, aunque pensemos que sus cereales integrales o sándwiches de atún son más sanos que un Big Mac. No defiendo a McDonald's ni tengo acciones de la empresa. Simplemente me parece injusto que se lleven todos los ataques. Dejaron de usar grasa saturada para freír y bajaron las calorías de sus menús para seguir lo que mandaban las creencias populares. Igual que uno no va al cine, a esquiar o de vacaciones todos los días, tampoco debe frecuentar los sitios de comida rápida. Cada cosa tiene su tiempo. Evidentemente es mejor no ir nunca, pero en Londres hay cientos de estos establecimientos y jamás he visto a nadie coaccionando a los viandantes para que entrasen a consumir. Es nuestro libre albedrío el que nos permite elegir una comida u otra y visitar un restaurante o tienda en detrimento de otros. La educación proviene de casa, de un día a día, y no de un cartel de colores que vemos de repente en la carretera. Creo que queda claro mi punto de vista.

Siguiendo ahora con la historia y el ejemplo del macflagüer de cranchis, veamos su precio: £0,99. Al cambio, 1,19€. Es decir, que por poco más de 1 euro tienes un helado de un tamaño bastante mayor de lo habitual, que incluye en el nombre un producto de una marca ajena (e implica un sobrecoste), que te sirven en persona (genera una actividad por parte de un empleado) y te llevas un vaso de cartón con tapa y cuchara de plástico (aunque sea despreciable, estos utensilios también suponen un aumento del precio). No hablamos de un producto de calidad pero aún así, el precio es irrisorio. Lo que no es tan trivial es que probablemente cuando lo termines tendrás ganas de otro, o de un artículo distinto que has visto en los letreros o en la mesa de al lado.

Ahora, por otro lado, vamos a prepararnos una buena ensalada. Vamos a darlo todo y nos gastamos 3€ en verduras y otros 3€ en salmón ahumado. "¡Joder, 6 lereles pa una ensalada! ¡Si es que comer paleo es más caro que alojarse en el Ritz!". Sí, a primera vista cualquiera pensaría lo mismo, pero ¿es cierto? Desde una visión inmediata, está claro que la alimentación paleolítica es cara y a muchos les parece, además, complicada.

A menudo se comenta que ser paleo no es un sprint, sino una maratón. Esto significa que no se trata de hacer todo bien en un periodo corto, sino de ser coherentes de forma continua, más como la tortuga que como la liebre. Además, la prisa implica acabar exhaustos, estresados y con posterior necesidad de recuperación. La constancia es la clave.

Poniendo la constancia en el contexto de la alimentación, veamos cómo funciona un menú de McDonald's y la ensalada que comentábamos arriba. Si echas cuentas verás que el precio de ambos es similar, incluso si preparas un menú similar en tu casa, aunque algo claro que ahorrarás.

Caso 1: Big Mac con patatas (680 kCal en total) más refresco. "¡Uhm, qué bueno! Aaaaahhhhmmmmmm ahhhhhh uhhhhmmmmmmmm". Momento Homer Simpson. Felicidad. Y dos o tres horas más tarde estarás deseando comer algo más, tomar un café para que de energía o sentirás un bajón de ánimos o tendrás mal humor. Y pensarás en lo bien que te sentías con tu Big Mac y tus patatas y querrás ir a por otro. Lo peor de la historia no es sólo la adicción, sino que realmente no te has nutrido. Has masticado, ensalivado (lo justo) y tragado tu comida, pero excepto proteínas, le has aportado más bien poco a tu cuerpo. De hecho, algunos científicos empiezan a considerar la obesidad más como una carencia que una falta. Es una carencia nutricional. Esto se debe a que la obesidad suele estar ligada al consumo de comida poco nutritiva, y que provoca señales en el cuerpo que inducen a comer más. ¡Si es que tiene lógica! Pensamos que el coche no anda porque el tanque de gasolina está tan lleno que pesa demasiado, pero lo que ocurre es que esa gasolina estorba más que aporta y el coche no anda porque esa gasolina no sirve, así que ¡quiere más!

Caso 2: Ensalada de verduras variadas y salmón (seamos muy, muy generosos con el aceite y pongamos 600 kCal). Mientras comes, acostumbrado/a a los sabores reales, te das cuenta de la textura y sustancia que aporta cada elemento, la suavidad del salmón, un trozo crujiente de cebolla, la hoja húmeda de lechuga o el pimiento dulce en la boca. No es un momento de euforia, pero sí de placer. Terminas la ensalada, acabas de comer y ¿ahora? Ahora nada, ahora te levantas y haces tu vida normal. ¿Qué esperas, un postre azucarado que te reconforte? ¡No, porque no lo necesitas y el cuerpo no te lo pide! Te sientes bien, puedes seguir trabajando, caminando, limpiando los platos, "shining bright like a diamond", así que como es martes a mediodía haces un playback de Desátame en el cuarto de baño dándolo todo (nota importante: la semana pasada ví a una chica con los pelos de la Mó en los 90, aunque era media melena. Muy fuerte, amor a primera vista), te llama tu prima al móvil para contarte su vida pero le dices que has quedado para dar un paseo así que cuelgas y te vas. Cuando llegas a tu casa vuelves a comer porque notas que el hambre asoma nuevamente y de manera tímida, pero primero cantas Desátame en versión remix, haciendo "unch-unch" y tu vecina te oye gritando "¡pero desátame, coño! unch-unch - unch-unch-unch" Yo no tengo esos problemas porque mis vecinos piensan que digo "junchispummmm jamalajá nainoná unch-unch". Y mis compañeros de piso conocen a Marta Sánchez pero no a Mónica Naranjo. Un drama humano de la era de la electrónica. ¡Si al menos conociesen a Azul Y Negro!

Coñas a un lado, esto es un ejemplo un poco bruto de dos opciones muy recurridas a la hora de comer. Pero la cosa no es tan simple. En el caso 1 es probable que hayamos decidido tomar un refresco (incluido en el precio) que da aún más subidón-bajón y calorías vacías en forma de azúcar. Seguro que después nos hemos ido a por un café y a media tarde hemos cogido un pequeño paquete de galletas en la máquina del trabajo o bien un sándwich de camino a casa, o quizás nos hemos preparado un inocente mini bocadillo (para controlar) y luego nos hemos puesto a picar un poquito de todo. Suma todas esas pequeñas cosas. Súmalas todos los días. Súmalas en un mes y en un año. En el caso 2 seguramente no has vuelto a pensar en comer, no has tenido hambre más tarde y te has concentrado en tus labores y tus playbacks. Nadie dice que haya que renegar de los pequeños placeres de la vida, pero hay muchos mejores para elegir y la frecuencia es también la clave.

Y si pensamos en las cosas a largo plazo y en como nuestro comportamiento se va modificando vemos que todo es cuestión de patrones. Al abrazar una dieta paleolítica, la alimentación es más satisfactoria y es menos probable que tengamos ganas de picotear, de contar calorías, de que nos asalte la culpa o el deseo de autocontrol, al que siempre van a vencer nuestras hormonas y cerebro (de ahí que la obesidad no sea un problema de voluntad, como nos hacen creer, sino que la naturaleza es más poderosa y la necesidad de supervivencia nos enseñó así). También nos damos cuenta de la diferencia entre un bienestar continuo y otro que depende de subidas y bajadas, y optamos por el primero. Esto hace que se eliminen muchas interferencias en nuestro camino.

Una alimentación paleo incluso permite hacer días enteros de ayuno sin mayor problema, sin malestar ni preocupaciones. ¿Es día 31 y pensabas que el mes tenía 30? Y la cuenta del banco a cero. No pasa nada, ¡ayuno intermitente! Y lo mismo si estás de viaje y la comida del aeropuerto es cara o poco apetecible.

Al 99% de la gente le parece surrealista, pero hay muchísimas personas que comen poco cuando hacen paleo. Hace unas semanas, alguien preguntaba en un foro algo así como "¿soy raro o a alguien más le cuesta llegar a comer sus calorías?". Las respuestas no tardaron en aparecer. A partir de ahí una mujer contó que ella no llegaba a las 900 kCal (se supone, en términos generales, que la media serían unas 2000 kCal para una mujer). Decía que probaba varias maneras, pero que estaba llena y no era capaz de comer más. Y añadir grasa en forma de aceite o carne simplemente no ayudaba. Muchas personas se sentían identificadas aunque su caso era el más extremo. Esta persona se sentía bien, era más bien sedentaria y no tenía problemas excepto la cifra en cuestión. Mi punto de vista es que se estaba nutriendo, su cuerpo estaba funcionando bien y tenía muchas reservas con las que funcionar y las señales eran claras ya que su maquinaria no estaba viciada con azúcares o desregulaciones hormonales. Supongo que después de un tiempo su cuerpo le pediría subir las cantidades poco a poco. Y esto que parece un caso extremo o un trastorno alimenticio, no lo es, lo que pasa es que estamos más acostumbrados a contar calorías para no pasarnos porque vivimos en el mundo de la abundancia, de lo fácil y del exceso.

En mi caso me he dado cuenta algunos días de algo parecido. A veces me da la impresión de que he comido demasiado así que he revisado el ticket de la compra y estimado las calorías ¡y resulta que estaba comiendo muy poco! Por supuesto, el día siguiente o el anterior habría comido un poco más. Esto es lo natural, que haya fluctuaciones. Además de mi tendencia natural a ganar peso con extrema facilidad tengo una tolerancia muy alta al nivel de proteína que puedo consumir. Este macronutriente es autolimitante per se, todo lo cual me lleva a pensar que quizás debería incrementar su consumo y que no me vuelva a pasar lo de perder músculo de nuevo. Igual que la mujer de más arriba tenía su caso particular, el mío parece ser que necesito más proteína de la que creo, y eso que considero que mi ingesta es adecuada.

Todo este testamento de entrada está relacionada también con mis actuales circunstancias. Me encuentro en un momento en el que estoy trabajando mucho, aprendiendo mucho, durmiendo lo justo, con la cabeza muy ocupada y la agenda apretada... pero sin un duro que entre en la cuenta. En el mundo en el que me hallo es muy frecuente (y lamentablemente necesario) trabajar mucho sin cobrar, a modo de inversión profesional. Es por ello que últimamente estoy haciendo una versión que alguien llamó hace unos días en Facebook "paleo para pobres". Por suerte soy bastante ahorrador y no suelo tener muchos gastos, excepto alquiler, móvil y gimnasio/box, que son mis únicas facturas. Incluso voy a casi todas partes en bicicleta. Nunca me compro ropa porque creo que no la necesito ni me apetece. No suelo salir demasiado y me encantan las discotecas y bailar toda la noche, pero no me gustan las connotaciones que conllevan. Y siempre me ha gustado mucho la vida casera o simplemente disfrutar de un café con amigos. Todo esto significa que la buena alimentación manda en mi presupuesto justo después de los inevitables gastos fijos.

Pensando en la versión "paleo para pobres" me enfrento a esta opción o a la dieta convencional. Me gustaría resaltar dos ideas:
-Aunque no es lo óptimo, se puede comer paleo correctamente, eligiendo las fuentes de nuestro plato, sabiendo las calidades de la comida y sin dejarse llevar por los caprichos. El pescado enlatado en salmuera, por ejemplo, puede ser una opción. Lo mismo con las verduras de los mercados de granjeros o aquellas frutas no orgánicas a las que no se le come la piel por ser dura.
-Una alimentación artificial, barata y rápida puede parecer la solución ante un momento económico difícil pero no lo es. Está asociada con excesos en otras comidas, en gastos superfluos y en malestar y falta de nutrición. Esto redunda en problemas a corto y largo plazo, por no hablar de posibles indisposiciones. ¡No me gustaría tener que cancelar una entrevista de trabajo porque me ha sentado mal el Big Mac!

Ser paleo no es comer sólo orgánico o comida que cuesta el doble de lo normal. Pero sí que es actuar en consecuencia y eliminar cosas que no necesitamos. Esto puede incluir, por ejemplo, dejar de usar productos químicos en el pelo. Por supuesto es una opción personal que cada uno ha de elegir. Yo lo practico desde hace meses y suelo lavar la cabeza una vez por semana, más o menos. La última vez que fui a cortar el pelo, el peluquero me dijo que tenía un pelo "estupendo" y es verdad que me quería tirar los trastos así que igual no tiene mucho valor su apreciación, pero si yo fuese peluquero no creo que me gustase alguien con el "pelaso" (lo siento, ¡"pelazo" me suena taaaaaan mal!) hecho una Carmen de Mairena, ¡digo!

Y lo mismo con el exceso de uso de la pasta de dientes (las bacterias simplemente no crecen en tu boca si no comes lo que no debes): "La saliva tiene todos los ingredientes que el esmalte dental necesita para estar bien." Excepto si comes basura, claro. En el paleolítico prácticamente no había caries y no era porque se muriesen jóvenes, precisamente.

Igual ocurre con el desodorante. Si no ingieres productos de los que tu cuerpo se quiere librar, no tendrás que excretarlos (o como alguien dijo hace poco, "less crap in, less crap out", "entra poca mierda, sale poca mierda") y alimentar con ello a las bacterias que causan el mal olor. Eso tampoco quita tener un bote de desodorante a mano por lo que pueda pasar, que vivimos en sociedad y además existen las urgencias.

Así podría seguir infinitamente, nombrando todas esas cosas que la vida moderna, el consumismo y el capitalismo nos han metido en nuestras casas y nosotros hemos aceptado "barco como animal acuático".

En conclusión: ¿Qué precio tiene tu salud, tu bienestar, tu felicidad y tranquilidad? Vivimos en un mundo donde las tentaciones están en todas partes, son accesibles y (en ciertos límites) están bien vistas socialmente. Personalmente prefiero seguir con lo mio y no tener que mirar para otro lado, evitando ver los muffins o brownies, cuando quedo a tomar un café en un Starbucks. Simplemente no los deseo; me sugieren lo mismo que una caja de cartón.

La dieta es parte de la vida igual que lo es el trabajo, la familia, amigos o tu música favorita. Te define, está contigo siempre (incluso cuando no está) y te da (o debería) muchas más satisfacciones que penas. Sí, ¡el trabajo también debería darte más satisfacciones que penas!

A Dios pongo por testiga que no escribiré hasta la próxima semana. Esta entrada me ha quedado más larga que un día sin pan, pero como los paleo no comemos pan, pues arte para el cuerpo, ¡oye! (mi cuerpo pide salsa -sin gluten, por favor-).

sábado, 3 de agosto de 2013

Opinión: "It Starts With Food"


Hace unos días me topé con un libro: It Starts With Food, escrito por Dallas y Melissa Hartwig. No es un libro nuevo ni tampoco es la primera vez que me aproximo a él. Por algún motivo siempre se me escabullía o quizás no le supe dar importancia y nunca llegamos a conectar.

Lamento no haberlo estrujado antes porque realmente tiene un montón de explicaciones útiles y sencillas. No se lía contando las cosas pero sí que da detalles suficientes como para poder entender el mensaje y aclarar ideas. Es muy útil sobre todo para pillar la idea del funcionamiento hormonal relacionado con la nutrición. Este libro puede ser útil como una introducción al mundo paleo o también para aquellos que quieran depurar su dieta, hacerla más concreta, real y además conociendo mejor por qué hay alimentos que son mejores que otros. Posteriormente se puede personalizar según las tolerancias personales.

Podríamos decir que propone una aproximación 100% paleo. Así como en otras obras podemos encontrar que se permiten ciertos lácteos o que la adherencia sobrepase el 80%, aquí se nos dice que hemos de cumplir sin excepción durante 30 días. ¿Recuerdas el protocolo autoinmune? Pues se trata de algo parecido (y también proponen un protocolo autoinmune similar dentro del plan). La idea principal es seguir el método "Whole 30", creado por los autores. Durante los 30 días propuestos hay que ser estricto y no disfrazar recetas (paleo pizza, paleo muffins, paleo insertar-receta-modificada). Se trata de aprender a comer, de nutrirse, de entender los efectos de cada comida en nuestro cuerpo. En el fondo es todo cuestión de lógica, de ciencia y de ser respetuosos con nuestro plato y nuestro organismo. Los menús que nos sugieren son muy sencillos, sin imponer un calendario y centrados en la combinación simple de ingredientes (algo que yo también defiendo).

Una vez que se termina el programa de 30 días, se pueden reintroducir alimentos e incluso hacer esas recetas trucadas que tienen ingredientes paleolíticos pero no dejan de ser imitaciones de platos convencionales.

He leído muchas opiniones aleatorias de gente que ha hecho el "Whole 30" y han sido siempre positivas. Algunos vuelven a iniciar el programa un tiempo después de haberlo acabado porque es fácil dejarse llevar y empobrecer la dieta poco a poco. Esta es la razón por la que decía que también puede venir bien a aquellos que ya sean paleo. A pesar de que It Starts With Food está orientado a un nivel de iniciación, nunca viene de más pulir costumbres.

Una de las cosas que tiene en particular este libro/programa es que hay toda una comunidad de personas que lo siguen. Es por ello que existen grupos de facebook, foros y también correos diarios que puedes recibir de parte de los autores (aunque estos correos no son gratuitos). Es una forma de ceñirse al plan, de ver las historias de los otros y sentirse parte de un grupo. Una de las condiciones de "Whole 30" es que si te saltas "un poquito" una de las normas tienes que volver a empezar desde el día 1. Las trampas no sirven y sentirse acompañado en el camino puede ser de gran ayuda.

¿No sabes si leerlo? Ante la duda, mi respuesta es "Sí, deberías". La única pega es que solamente está en inglés, como casi todo. Personalmente, tengo pensado hacer el plan. Será más adelante, cuando tenga algo de estabilidad laboral, ¡así que espero que no sea muy tarde! Tengo muchas ganas de hacerlo y en ese caso lo detallaré por aquí.

Mañana contaré algunas cosillas más. Mientras tanto puedes pasarte por la página oficial: whole9life.com. Además estos chicos han tenido el detalle de preparar un PDF en español donde detallan su programa.






Imagen: whole9life.com

sábado, 20 de abril de 2013

Elegir una dieta



Trabajar en un restaurante te hace encontrarte con las dietas de otros. Probablemente la más habitual es la vegetariana, dentro de sus variedades.

Recibo a diario varios clientes de la India (en Londres hay muchísimos inmigrantes de este país). Son un claro ejemplo de este tipo de dieta. Tampoco suelen consumir huevo y muchos rechazan las setas. Supongo que no consumen setas porque no son estrictamente vegetales, sino que pertenecen a otro reino: el de los hongos. Dicho así, puede que a cualquiera le suene asqueroso, ¡pero hay que ver lo buenas que están! Además de ser vegetarianos, los indios también tienden a pedir platos muy picantes.

Recientemente he visto hasta 3 casos aislados de vegetarianos que consumen pollo. Como en el caso de los indios, me parece respetable su elección, pero nunca antes había oído algo semejante. Cuando vino el primer caso me pareció raro y simplemente pensé que sería alguien "especial". Después de 3, ya algo ocurre. Le di vueltas bastante tiempo y también pregunté a una amiga vegetariana que igualmente no encontró explicación. Dentro de las múltiples variedades de vegetarianismo, esta podría ser una más, desconocida por mí.

Hay otra clase de dieta que es la de "me pongo tó cerda pero con Coca-Cola Light" (o Diet Coke, ¡ea!). No puede ser que quites el azúcar de la Coca-Cola para pedir un extra de salsa de curry sólo porque es gratis. He de decir que ese extra es del tamaño de una taza de desayuno, ¡casi nada! Este sí que no es un caso aislado, sino bastante frecuente. A favor de su elección juega que el azúcar de las bebidas no se suele contar pero es realmente elevado. Tampoco quiero criticar la sustitución azúcar-edulcorante del refresco, simplemente sorprende esta combinación con la de la comida. Por supuesto sigo sin recomendar consumir edulcorantes, simplemente lo enfoco desde el punto de vista "estándar". Los vegetarianos que comen pollo siguen ganando el partido.

Volviendo a las nacionalidades, o más bien a la procedencia, me llaman bastante la atención los asiáticos. Al contrario que los europeos en general, los orientales tienden a moderarse en el consumo de comida, y da igual de donde provengan. No es solamente que pidan un único plato, sino que además paran de comer cuando ya están satisfechos. A menudo me pregunto si está motivado por algún tipo de condición genética o si es por su educación o su tradición.

Hasta ahora no me he encontrado a ningún paleo, aunque sí hubo una vez una pareja que me comentó que no consumía carbohidratos. Rechazaron el sushi con arroz por ese motivo y optaron por el tataki y sashimi, que son sin arroz. Quizás eran paleo, o hacían dieta Atkins, o la Dukan, o quién sabe. En todo caso, ser paleo no implica evitar los carbohidratos y hay muchas alternativas para cada persona, incluyendo quien consume arroz aún sin ser éste estrictamente paleolítico. También tuve hace poco un australiano que lucía con orgullo su camiseta de crossfit, que venía practicando desde hacía 6 meses. Esta disciplina es un tipo de entrenamiento que busca la mejora de todas las capacidades del deporte, no sólo fuerza o resistencia sino también agilidad o velocidad y está muy relacionada con la paleodieta, de forma que es habitual que alguien siga las dos corrientes simultáneamente. Esto es porque las considera, respectivamente, una forma natural de entrenar y una forma natural de comer.

Al final, en un restaurante, no es donde se ve la forma concreta en la que come una persona. Cuando comemos fuera, generalmente no forma parte de una rutina y, por tanto, tampoco se le puede considerar parte de la dieta. Lo que de verdad importa es lo que uno lleva en la cesta de la compra. Y eso sí que es llamativo. Viendo lo que circula por la cinta de la caja del supermercado nos podemos imaginar a la persona que está al final de esta, esperando a llenar sus bolsas. Y ya no hablo de paleodieta o de ninguna dieta en particular, sino que cuando vemos que la mayoría de los productos son precocinados, aperitivos o de baja calidad, podemos esperar que quien se los lleva no es modelo ni deportista. Conozco el caso de dos personas que son amigos íntimos y cuando vienen a mi restaurante piden exactamente el mismo plato con la misma modificación, pero sus cestas de la compra y sus costumbres no se parecen en nada. Ambos coinciden en su pedido como parte de la confianza que les une pero en su día a día uno hace deporte, elige bien su compra y es constante con sus comidas mientras que el otro sale de fiesta días alternos (nada en contra de ello), sólo compra productos precocinados y no se molesta en revisar la calidad de su cesta.

Por último, si alguien puede aclararme alguna de las dudas de arriba, agradezco su comentario.


miércoles, 17 de abril de 2013

La zona de confort y la superación de uno mismo


Hace poco veía una ilustración como la de arriba. No recuerdo donde, pero la llevo en la cabeza desde entonces. Estoy totalmente de acuerdo con ella, así que la he reconstruido para la ocasión.

La zona de confort es un conjunto de rutinas, situaciones, hábitos, personas, etc. que inundan nuestra vida diaria. Este espacio es en el que nos movemos con seguridad y conocemos más o menos bien. Para ser más claros, estamos hablando, por ejemplo, de nuestra familia, nuestros amigos más cercanos, el trabajo que llevamos haciendo mucho tiempo, el coche que solemos conducir, las comidas que consumimos habitualmente y los sitios que conocemos. Los adjetivos anteriores (cercano, habitual, conocido...) sugieren seguridad y delimitan esta zona. Ésta puede ser mayor o menor según la persona, su edad, sus costumbres, pero todos tenemos una. Es bueno que exista y forma parte de nosotros mismos, incluso de nuestra personalidad, y nos definen en cierto modo. Además permite que las cosas fluyan de modo natural y aportan coherencia a nuestras vidas (imagínate una persona sin costumbres, sin horarios, sin un carácter concreto, sin raíces, sin intereses).

Fuera de la zona de confort hay todo un mundo de posibilidades. Si esta zona es más o menos concreta, todo lo que hay fuera de ella es infinito, inimaginable, inexplorado. Ahora cambiamos las palabras relacionadas con la seguridad por otras que empiezan por in-. En el gráfico aparece como el lugar en el que ocurre la magia. Esto es así porque representa un mundo nuevo por conocer, un paso que dar. No debemos tener miedo de avanzar hacia allí porque es muy probable que nos lleve a un mejor yo. E, incluso si fracasamos, podremos aprender algo en el proceso.

Para salir de nuestro espacio rutinario es necesario ser conscientes de su existencia y del punto al que llega. Podemos dejarnos llevar por un consejo que alguien nos da, seguirlo y hacer un pequeño cambio. Podemos probar algo nuevo que simplemente se nos ocurre. Podemos atrevernos a intentar algo que llevamos tiempo dándole vueltas. Podemos ir al trabajo por otro camino, aunque sea más largo, sólo por ver qué pasa. Podemos cambiar nuestra manera de vestir. Podemos visitar sitios que no habíamos pensado. Y, si nos atrevemos, podemos incluso cambiar de trabajo, irnos a vivir a otro país (¿algún voluntario/a?), experimentar otra religión, practicar deportes de riesgo. ¿Quién sabe? Hay de todo ahí donde ocurre la magia. Pero además no es necesario "hacer" para cruzar el umbral, sino que puede lograrse "deshaciendo". Deshacer puede ser dejar el trabajo que hacemos, no repetir una rutina habitual, ignorar consejos que no lo son, saber negarse a algo o incluso aceptar cuando debemos abandonar una tarea.

Al final, salir de la zona de confort es una forma de mejorar, de crecer, de madurar. Si no logramos salir de ella, no podemos tampoco madurar. Muchas veces las circunstancias nos empujan, en ocasiones de forma positiva y en otras de forma negativa. Lo bueno, en todo caso, es que una vez que salgamos, hemos ganado ese terreno para nosotros mismos, de manera que este recinto se agranda. Es también una forma de aprendizaje y nos permite afianzar nuestra seguridad. Si a esta expansión le añadimos una serie de ciclos ensayo-error, estamos acercándonos a la maestría en algo. Un ejemplo claro es el de aprender a tocar un instrumento. Antes de empezar, no sabemos ni como asirlo porque no está dentro de nuestro espacio conocido. Poco a poco aprendemos las nociones básicas, sus posibilidades, cómo mejorar, etc. hasta llegar al virtuosismo o incluso más allá, si cabe. Todo este proceso va expandiendo nuestra zona de confort, haciéndola llegar al lugar donde ocurre la magia. Y es un proceso continuo. La primera nota que toquemos será magia; la primera frase musical terminada, magia; la primera canción terminada, magia; el primer concierto, magia.

¿Qué tiene que ver esto con la dieta paleolítica? Pues todo, aunque no lo parezca. Puede que no resulte tan idílico como el ejemplo recién dado, pero no por ello deja de ser mágico. Recordemos que la dieta paleolítica es un también un conjunto y, por tanto, implica mejoras en varios ámbitos. Desde el momento en que la conocemos podemos dar varios pasos que nos hacen salir de nuestra zona de confort. Uno de los primeros podría ser dejar de comprar pasta, por ejemplo. Suena muy difícil eso de decirle adiós a los paquetes de Gallo, pero cuando uno lo hace, luego mira atrás y no es para tanto, ya que la satisfacción es mayor que el sacrificio. Otro paso puede ser librarse del pan, o readaptar la nevera y la despensa con nuevos alimentos, hablar con nuestra familia del cambio que queremos tomar, empezar a hacer algún deporte, descartar aquello que sea nocivo... Así la magia llega poco a poco, y las bonitas sorpresas son parte de un día a día que incluye mejor estado de ánimo, más energía y mejor salud. ¡Tachán!

lunes, 8 de abril de 2013

Cazadores y recolectoras

Hace unos días charlaba con una amiga que me dijo que cuando preparaba la comida para ella y su novio, acababa por hacer mucha carne para él y mucha ensalada para ella. Se preguntaba por qué era así. Decía que lo hacía según como a cada uno de ellos le apetecía. Ambos estábamos de acuerdo en que suele ser frecuente que los hombres sean mayores comedores de carne que las mujeres.

Ya le dije a ella que, evolutivamente, tenía lógica. La explicación inicial es sencilla: los hombres cazaban y las mujeres recolectaban. Por ello los hombres tenían acceso más rápido a la carne y las mujeres a las frutas y verduras. Esto habría hecho que los hombres hayan evolucionado sobre una alimentación más carnívora y las mujeres, más vegetal.

Después de la conversación estuve dándole vueltas -¡por supuesto!-. Si pensamos en la composición corporal, los hombres tienen mayor masa muscular que las mujeres. Esto puede ser también debido a la proporción de macronutrientes de estos alimentos. La carne, al ser rica en proteína, favorece la creación y mantenimiento del músculo (ojo, que su consumo es una condición necesaria pero no suficiente). Lo que se come, se cría. El mayor consumo de frutas y verduras en las mujeres habría sido una útil rutina para lograr un embarazo sano y una lactancia correcta, gracias a la gran concentración de micronutrientes.

Otra de las diferencias entre hombres y mujeres, esta vez a nivel hormonal, es la testosterona. En ellos esta hormona se produce en mayor cantidad. No sólo es necesario consumir grasa para sintetizarla sino que lo opuesto también funciona. Esto es que la testosterona facilita el uso y quema de grasa. En ellas, la grasa es más importante que se almacene (una mujer con muy bajo porcentaje de grasa corporal no menstrua). Las pequeñas cantidades de azúcar podrían provocar pequeñas subidas de insulina que favorecerían, a su vez, este controlado y beneficioso almacenamiento graso.

Con esto no quiero decir que los hombres sólo hayan comido carne y las mujeres sólo verdura, sino que la balanza se inclina un poco hacia esos lados y puede que, por lo tanto, ello haya marcado ligeramente la evolución biológica de la especie.

Los datos expuestos en esta entrada son más bien conclusiones mías. No las he leído en ningún sitio así que es posible que no sean ciertas, a pesar de que desde mi punto de vista parecen totalmente lógicas y por eso las comparto.

jueves, 28 de marzo de 2013

Ahora, tú



Ayer publicaba una entrada para aclarar algunas ideas. Esto me ha hecho pensar en como, a veces, puede que esté asumiendo que hay cierta información que vas a saber de antemano. Este error lo cometo debido a lo familiarizado que estoy con algunas de las cosas sobre las que a veces escribo y que me parecen tan naturales que me olvido de que quien está al otro lado puede que no sepa lo que es una vitamina o el metabolismo. Ciertamente yo no conozco sus complejidades, pero espero poder aportar unas nociones básicas.

Por eso quiero llamar tu atención y, si hay algo que no te queda claro, aunque parezca absurdo, pregunta. A lo mejor es como pensabas, o no. Puede que haya otra persona que tenga la misma duda y no se haya atrevido a consultarlo. Igual has buscado la información en internet y no te queda claro. O quizás quieras sugerir algún contenido para futuras entradas.

Lo bueno de la comunicación en internet es que sea bidireccional, y no como un libro que sólo lees y ahí se acaba. No pretendo crear un foro de opinión, pero sí recordar que hay varias vías para que te expreses y, sobre todo, me des un empujón para darle coherencia a este conglomerado de entradas bajo el título de Paleolítico en Londres. Las vías en cuestión son:
-Comentarios al final de las entradas: puedes usar esta para dudas generales o bien escribir en aquella que esté relacionada. Recuerda que puedes dejar el comentario de forma totalmente anónima.
-Página de Facebook. Puedes escribir en el muro o bien enviar mensajes privados.

También se agradece cualquier opinión o crítica, positiva o negativa, así como sugerencias. Gracias por leer.

domingo, 24 de marzo de 2013

Salvados por los lobbies

¿Has visto el último programa de Salvados? Su título: "El Lobby Feroz". Está disponible en la web de La Sexta, gracias a la cual suelo verlo cada semana. Aunque hace años que casi no consumo televisión, cada vez que veo este programa me gusta más. En ocasiones parece que no va ser muy interesante, pero luego resulta estar muy bien hecho y aporta información muy útil, superando las expectativas.

Un programa de entrevistas políticas o económicas no pinta mucho en este blog. Este es un caso distinto, muy concreto. En "El Lobby Feroz" nos explican cómo estos grupos de presión ejercen un poder a diversas escalas. Esto me hizo reflexionar sobre la cantidad de mentiras que nos estamos tragando cada día, incluso desde entidades que supuestamente velan por nuestro interés y seguridad. Concretamente me he acordado de las ya famosas recomendaciones dietéticas de la pirámide alimentaria que tan en contra va de la alimentación evolutiva o paleolítica.

El juego de política y lobbies es más complicado de lo que cabría esperar, pero muy sencillo en esencia. Ambos están relacionados como distintas formas de poder. La regla básica de este juego se guía por estudios que los grupos de presión ofrecen a los políticos argumentando los beneficios de sus productos, sean estos a modo de salud o de ahorro. Un ejemplo sería que una gran empresa presente un estudio en el que se "demuestre" que con su purificador de aire urbano (es ficticio) la salud de un 1% de la población pueda empeorar ligeramente pero incremente la esperanza de vida de otro 10% y ahorre costes en operaciones de las vías respiratorias como efecto colateral. Esto podría implicar que estos purificadores de aire pasasen a ser obligatorios en todas las ciudades de cierto criterio demográfico. Ya digo que es sencillo y complicado a la vez; espero que se entienda la idea.

Es por todo ello que seguramente se nos insista tanto en consumir cereales (por poner otro ejemplo): hay muchas personas que se benefician de la cadena y esta es además muy larga y compleja como para poder romperla. Hay demasiados implicados, demasiados conflictos de interés, demasiada información contradictoria o sesgada.

Una segunda conclusión de haber visto el programa es lo complicado que resulta legislar. Es verdad que nunca llueve a gusto de todos. Además de las preferencias de cada uno, cada grupo o individuo tiene su propia historia, sus propios intereses y sus propias necesidades. Si no has visto el programa, te animo a que lo hagas. Es más, te recomiendo que lo veas todas las semanas. En estos momentos me imagino que se estará emitiendo ya un nuevo episodio. Yo no podré verlo mientras no lo suban a la web. Estaré esperando.

miércoles, 13 de marzo de 2013

Nuevo análisis de la dieta paleolítica

En el blog Directo Al Paladar, de Weblogs SL, nos presentan un nuevo análisis de la dieta paleolítica. La editora que lo firma suele hacer frecuentes evaluaciones de dietas de las cuales he leído muchas publicadas en Vitónica. Siempre es muy estricta con la evaluación de los parámetros y he llegado a pensar que, al igual que la mayoría de los nutricionistas, calificará cualquier dieta como negativa, milagro o desequilibrada si se sale de la dieta mediterránea. Entiendo que esa es la referencia actual que tenemos dentro de los parámetros médicos pero creo que está claro que no es un punto de vista que vaya a defender.

Sorprendentemente, en esta ocasión, la evaluación ha sido positiva. La editora sigue sin recomendar la paleodieta pero se basa únicamente en que puede ser difícil llevarla a cabo en el mundo moderno sobre todo por razones sociales y la disponibilidad de alimentos que tenemos actualmente. De alguna forma da a entender que sí que sería bueno seguirla pero hay que ser muy constante. Mi opinión es que, después de que te acostumbras, no es difícil seguirla en tu día a día y además es flexible, natural e intuitiva.

El artículo al que hago referencia es muy recomendable y además está muy bien escrito. Puedes leerlo en: http://www.directoalpaladar.com/salud/la-paleodieta-es-una-dieta-milagro

viernes, 8 de marzo de 2013

Cetosis (I): El éxito de las dietas

Hay unas dietas que funcionan aunque no han recibido aprobación médica. Entre las más conocidas están la de Atkins o la Dukan. Generalmente, en este tipo de dietas, se cuestiona su contenido nutricional. Proponen una pérdida de peso rápida tras una adaptación de unos días. Posteriormente, a medida que se acerca al peso ideal, la pérdida es más lenta. Si se mantienen a largo plazo, no se tiene por qué recuperar el peso perdido. Eso sí, para que sean efectivas, no se debe hacer trampa, ya que esto detendría el proceso. La razón de todo ello es un proceso metabólico llamado cetosis, que les da a estas dietas la etiqueta de "cetogénicas" y que en breve veremos. En cuanto a lo sanas que son estas dietas o no, mi opinión es la siguiente: aunque ciertamente son desequilibradas, es menos conveniente una dieta desestructurada que además hace ganar peso. Creo que es así de sencillo. Lo óptimo, por supuesto, es comer al estilo primitivo, en línea con nuestra evolución.

La cetosis se puede explicar de forma compleja, científica, o bien simplificada. Vamos a optar por esta última aunque no sea del todo precisa. Si no has leído el artículo anterior acerca de la insulina, te recomiendo que lo visites ahora.

Cuando privamos al cuerpo total o casi totalmente de hidratos de carbono (azúcar), empieza a consumir las reservas de glucógeno (de nuevo, azúcar) almacenadas en los músculos y el hígado, aunque en el primer caso sólo se puede utilizar en el músculo implicado. Si no se reponen estas reservas y el nivel de insulina no se eleva, progresivamente el cuerpo pasa a un estado metabólico diferente, conocido como cetosis. Este estado también se produce cuando ayunamos durante un tiempo prolongado, ya que no ingeriremos azúcar. El proceso suele tardar unos 3 días en desencadenarse del todo, aunque esta activación puede prolongarse dependiendo del estado del metabolismo, de la actividad, de la cantidad de carbohidratos que consumamos, de la cantidad de reservas, etc. Durante esta fase, en la que el cuerpo aún no ha llegado a entrar en cetosis pero tampoco tiene azúcar suficiente, es posible tener la visión ligeramente borrosa, no pensar con claridad o sentirse un poco débil. Afortunadamente, esto cambia completamente una vez adaptados.

El nombre "cetosis" viene de "cetonas" o "cuerpos cetónicos", que son el resultado de la combustión de grasa en el organismo. Estas cetonas son una fuente de energía válida para prácticamente cualquier órgano.

Si lo pensamos, puede que el hombre paleolítico no viviese siempre en un estado de cetosis, pero sí es probable que fuese algo frecuente, ya que no tenía disponibles alimentos altos en azúcar. La excepción son las frutas y la miel, en general. La miel era infrecuente encontrarla y las frutas eran mucho menos dulces que hoy en día (debido a la selección que se ha hecho tras generaciones). Los periodos de hambruna también provocaban este estado.

Si bien la cetosis puede ser más bien un mecanismo de supervivencia, antagonista del almacenamiento de grasa, hoy en día es algo que tenemos completamente olvidado. Prácticamente nadie opta por hacer una dieta cetogénica, excepto aquellos que siguen algunas del tipo de las enumeradas arriba o bien deportistas en fase de definición, y estos últimos, no siempre.

Pronto explicaremos las ventajas de este estado.

Segunda parte, aquí.
Tercera parte, aquí.

jueves, 14 de febrero de 2013

¿Y tú?

¿Has iniciado tu paleodieta particular? ¿Cómo te encuentras? ¿Qué sientes? ¿Qué es lo que más te gusta? ¿Y lo que menos? ¿Tienes preguntas? ¿Alguna complicación?

Probablemente sólo lleves unos días y es probable que te hayas sentido mal o que aún lo estés. Es lo que llaman "gripe de los carbohidratos" y es una especie de síndrome de abstinencia. No debería durar más de una semana, pero vale la pena. Se suele recomendar un total de 30 días de paleo 100% para ver los buenos efectos en algunas personas. Acabarás por ver que funcionas mejor y que incluso tu cerebro no necesitará de un aporte constante de azúcar para trabajar.

Si estás pensando en desistir, en dar marcha atrás... NO LO HAGAS. No es el momento. Estás acercándote a una mejor salud, a un mejor cuerpo, aun mejor rendimiento, a un mejor yo.

Si quieres añadir algo, adelante. Dejemos esta entrada para explicar como nos sentimos. ¿Te parece? Así que voy a empezar yo, para romper el hielo: generalmente me encuentro muy bien siendo paleolítico. A veces me siento un poco raro porque muchas personas tienen preguntas y creen que como de una manera determinada porque quiero adelgazar. No es el caso. Tampoco es una dieta temporal, sino un estilo de vida sin fecha de finalización. Al principio estas preguntas me imponían, me sentía atacado e incluso avergonzado, a veces. Al explicarle a mi círculo más cercano las cosas, he ganado confianza en mí mismo. Todos ellos me respetan (¡eso creo!) y me siento bien hablando de este tema con mis amigos y mi familia, aunque no compartan mi dieta. Cuando me siento a la mesa con más personas ya no me preocupa, simplemente como aquello que me puede sentar bien y respeto a los demás con sus elecciones de la misma manera que ellos lo hacen con las mías. No me noto desplazado y no siento deseos de atacar la comida "prohibida". En las ocasiones en que me salgo de la senda correcta (a veces pasa), no importa, simplemente reanudo mis hábitos en cuanto puedo. Comer como un hombre de las cavernas me satisface, me libera de las ataduras horarias, me produce bienestar. Además, el saber que lo hago por salud, pero no por imposición, me libera mentalmente y me satisface aún más.

¿Y tú?

miércoles, 13 de febrero de 2013

Vacía tu baño

Ahora que ya sabemos cómo empezar, hemos hecho la compralimpiado la despensa, toca dar un repaso al baño. A continuación enumeraré una serie de artículos de los que te puedes librar una vez que se te hayan terminado, o no volver a comprarlos, o reducir su uso, simplemente por hacer que tu cuerpo funcione mejor. Seguramente te sorprenderá:
-Desodorante. Probablemente lo necesites menos. Al tener menos toxinas, tu organismo estará limpio por dentro y eso se notará en su olor. No estoy diciendo que tengas que dejar de usarlo (vivimos en sociedad, ¡por Dios!), pero es probable que puedas reducir su uso. Como apunte personal, yo uso uno de la cadena Lush. Es más natural y casi no huele. Es un poco caro, pero dura una eternidad y además no estropea la ropa, como los demás. Creo que hay 3 variedades aunque las cambian de vez en cuando. Solía comprarlo en la C/Fuencarral de Madrid, pero ahora voy a una tienda que tienen en Londres, en Regent St, cerca de Piccadilly Circus.
-Reductores / anticelulíticos. Creo que estos productos, con una dieta acorde, sí funcionan. Pero también creo que no los vas a necesitar porque tu piel estará en mejores condiciones, elástica, firme. Puede que sean útiles como ayuda adicional.
-Protector solar. Nuevamente, no seré yo quien ordene que no te protejas del sol. Simplemente quiero añadir que una dieta alta en verduras te proporcionará una serie de nutrientes que mejorarán la protección natural de tu piel.
-Medicinas: antibióticos, antiinflamatorios, protectores de estómago, digestivos... En el siglo XXI es tal el abuso de estos productos que no podemos vivir sin ellos. ¿Cuantas pastillas has tomado en el último año? ¿Crees que esto es normal/sano/natural? Siguiendo la dieta paleolítica es altamente posible que tu consumo de medicamentos se reduzca considerablemente. Al eliminar cereales y gluten ya estamos haciendo un gran favor a nuestro sistema inmune. Lo mismo con otros alimentos que puedan resultar perjudiciales. Recordemos que la dieta paleolítica es antiinflamatoria por naturaleza. Cuando se te caduquen esas medicinas o las termines, ¡no compres más!
-Papel higiénico. Bien, puede ser anecdótico, pero como ya dije anteriormente, gastamos demasiado de este producto. A no ser que hayas padecido de estreñimiento, necesitarás menos de ahora en adelante.
-Cremas hidratantes y protectores labiales. Una dieta alta en grasa y rica en nutrientes permite que la piel permanezca hidratada, acorde con sus características naturales. Damos por hecho que la crema hidratante es necesaria para tener una piel sana. Si fuese así, la traeríamos de serie, digo yo.
-Pañuelos de papel. Menos resfriados = mejor respiración = nariz despejada. Fácil.
-Suavizante para el pelo. Úsalo si lo consideras, pero el pelo es el reflejo de la dieta (excepto casos particulares). Si tu dieta es correcta, tu pelo lo manifestará así. Todas esas vitaminas y nosequés que le añaden a los champús y demás productos, deberían aportarse a través de la alimentación, mejor que de un bote.
-Maquillaje. Una piel con menos imperfecciones, hidratada y con buen aspecto es una piel que necesita menos maquillaje. Déjalo para ocasiones especiales. Esto te proveerá de ventajas adicionales: al maquillarte con menos frecuencia, tu piel mejorará aún más; te ahorrarás un dinerito; te sentirás mejor contigo; te ahorrará tiempo.
-Jabón. He leído recientemente que algunos geles y jabones incluyen trigo en su composición. Me parece una locura. Mejor evitarlos en la medida de lo posible. Usa aquellos que sean lo más naturales. Cada vez que nos lavamos, eliminamos bacterias que necesitamos. Esto puede provocar problemas dérmicos. No te laves de forma compulsiva, sobre todo las manos, pero sí hazlo cuando sea necesario y no utilices mil productos.

Por último, hay dos productos que es probable que tengas que usar con más frecuencia: cuchillas y cortaúñas. Muchas personas han detectado que, tras iniciarse en la paleodieta, su pelo y sus uñas crecen más deprisa. Esto no es sino un síntoma de que todo funciona correctamente en tu casa particular, aquella que no precisa de hipotecas pero sí de cuidado permanente, y en la que el césped del jardín crece con salud.

martes, 29 de enero de 2013

Diets are sad. ¿Really?


El otro día veía este anuncio que cuelgo arriba. Decía algo así como que ahora que ha empezado el año, no te mates para adelgazar haciendo burradas. Instaba a comer 3 veces al día, ni mucho, ni poco. No estoy en desacuerdo con esa idea, pero escribo en esta ocasión porque el anuncio en sí me parece muy significativo.

Ese muñeco de pan de jengibre, con el inmenso agujero en el estómago, da penita de verlo al pobrecico. Realmente representa cómo se siente uno cuando hace dieta. Y por dieta no me refiero a su 3ª acepción según la RAE (conjunto de sustancias que regularmente se ingieren como alimento) sino a lo que entendemos por "estar a dieta", lo cual acaba siendo diametralmente opuesto (coloquialmente, privación completa de comer, 2ª acepción de la RAE). Cuando se sigue una dieta así, es frecuente sentir esa sensación de vacío en el estómago, estar pensando en cuando será la siguiente hora de comer y en ocasiones pegarse atracones motivados por la ansiedad que genera. Y sí, como dice el anuncio, las dietas son tristes. Estas dietas nos hacen sentir deprimidos, sin fuerza, sin ganas. Y muchas veces ni siquiera dan resultado porque no se baja de peso o porque se recupera más adelante.

Por suerte, la dieta paleolítica es una dieta según la 3ª acepción de la Real Academia Española. Y, por suerte también, es una dieta que no nos deja con hambre, no nos deja tristes, es satisfactoria y promueve felicidad porque nos hace sentir mejor no sólo durante 5 minutos sino de forma permanente. Además no genera hambre y su alto aporte nutritivo nos da vitalidad. No es una dieta de usar y tirar, sino que es una elección de por vida, puesto que es la forma natural de comer. Y esta elección no es para adelgazar, sino que es para estar sano, alineado con la naturaleza.

Sí, recuerdo cuando las dietas eran tristes. Por eso cuando he visto este cartel se mezclaron en mí la ternura y la satisfacción. Me hizo recordar que sigo el camino correcto eligiendo una dieta completa, sana y que me favorece en todos los sentidos. Gracias, Mother Nature (she's a single woman, too).

lunes, 28 de enero de 2013

Tonight we are young

Nos hemos resignado a que a partir de los veintipocos años empiezan los achaques y el declive de la juventud. A partir de los 25 años salen las primeras arrugas y antes de los 30 es casi obligatorio tener una barriga cervecera. Lo que antes se quemaba por sí solo, ahora es un cinturón de grasa alrededor del ombligo. Pero aún nos queda el doble por vivir de lo que todavía ha transcurrido. ¿Estamos dispuestos a aceptar este declive? ¿Es realmente sano? Fijémonos en los animales. En el caso de un gato, ¿se empieza a hacer viejo a los 5 años? Y estamos hablando de un animal doméstico, que no tiene los peligros o el desgaste de la vida salvaje. Sin embargo consideramos que nuestra especie, esa que tenemos por superior, se puede permitir esta cuesta abajo. No es una fase de mantenimiento, sino de caída.

Es verdad que todos los hábitos influyen. Dormir mal, fumar o pasarse muchas horas frente al televisor o el ordenador, son males comunes que pueden agravar cualquier causa. Sin embargo, si repasamos nuestra dieta, vemos que la alimentación tampoco suele ser correcta. El no dar al cuerpo lo que necesita es también una forma de hacerlo envejecer. Así, termina por cansarse de sacar el máximo rendimiento a lo que le aportamos y empieza este proceso. Mientras somos jóvenes el cuerpo hace todo lo posible por crecer y es más difícil que algo le siente mal. Está más preparado y es más eficiente a nivel metabólico-hormonal. Durante la pubertad todos hemos abusado de la comida basura y a casi nadie le ha causado problemas. Lamentablemente, como hemos dicho, esto acaba pasando factura a largo plazo. Imaginemos una casa que limpiamos todos los días pero también la ensuciamos. Si el ritmo de la primera acción es ligeramente inferior al de la segunda, acabaremos viviendo algún día en un vertedero. ¿Quieres que tu cuerpo se convierta en eso? En la naturaleza las cosas no dependen tanto de las matemáticas; lo importante es quedarse con la idea.

Esta noche me voy de fiesta. Sí, a golpe de lunes. Es la fiesta de la empresa, en una discoteca de Londres. Bebidas y comida gratis. Como suelo decir, habrá que darlo todo. La comida que habrá no será de dudosa calidad, sino directamente lo peor (perritos calientes, básicamente). La bebida, depende de cada uno lo que elija entre las opciones del club. Supongo que, como es habitual en mí, no beberé nada de alcohol. O sí. Quién sabe. Como suelo ser un chico bueno el 99% del tiempo, nos sé que pasará hoy, pero tampoco me preocupa. Lo que sí sé es que me lo voy a pasar en grande in the mix. También hay que vivir los momentos neolíticos. Tonight we are young.

sábado, 26 de enero de 2013

Reflexiones sobre el mundo moderno

Visitando un foro leo el comentario de una persona que empezó a hacer paleodieta para perder peso. Se sorprendió de que dejó de tener ataques de asma que venía padeciendo desde que tenía 7 años.

La redacción de entradas de este blog me genera muchos pensamientos y le doy vueltas a un montón de cosas continuamente. El caso anterior, junto con otros, me hace recordar cómo nos hemos alejado de lo que deberíamos ser. Al disponer de herramientas para todo (desde zapatos para caminar a ordenadores para múltiples tareas) y poseer la inteligencia que nos caracteriza y ha permitido crear esas herramientas, parece que simplemente nos creemos superiores. Nos olvidamos de que biológicamente seguimos siendo animales. ¿Cuántas personas habrá en situaciones similares al caso anterior, atadas a una enfermedad etiquetada como crónica? Dudo que los animales hagan como nosotros y soy más de la idea de que rechazarán cualquier comida que no le vaya a sentar bien. Ellos están sintonizados con la naturaleza. Su cerebro, su cuerpo y el ecosistema en el que viven, son distintas partes de un todo. En el hombre, el cerebro ha pasado a ser el que dicta las órdenes de lo que desea, independientemente de lo que realmente necesita. El cuerpo, depende de cada individuo: algo inútil, algo con lo que triunfar, algo que mejorar, algo que detesta, algo que no entiende, etc. Y el ecosistema ha pasado a ser un conjunto de cubículos (casa, trabajo, bar, gimnasio, tienda) que se comunican entre ellos a través de otros cubículos (coche, metro, autobús).

En cuanto a la alimentación como tal, hemos creado alimentos gracias a esa inteligencia superior. Ahora tenemos alimentos que son más nutritivos y sanos que nunca. ¿Seguro? Nadie duda de que ciertos procedimientos que permitan conservar los alimentos son un gran avance. Entre ellos podemos citar la congelación o la deshidratación. En general, se pueden considerar fiables. Pero otros procesos como la hidrogenación de las grasas (crear grasas trans), "enriquecer" productos, eliminar grasa, refinarlo todo... ¿Acaso la naturaleza no es lo bastante sabia como para crear alimentos de una calidad suficiente? Nos estamos acercando demasiado a ser Dios. Independientemente del debate de si la leche debe ser consumida o no, este producto es un gran ejemplo de ello. Ya dije anteriormente que al eliminar la grasa se elimina también la absorción de otros nutrientes de la leche. Pero parece que a nadie le importa. Eso sí, por si acaso, le añadimos más nutrientes... que no se absorberán. ¿Círculo vicioso? Lamentablemente, esto es algo sobre lo que no hay debate. Todo médico o científico del campo de la nutrición sabe de sobra que sin grasa hay micronutrientes que no van a ningún lado porque son liposolubles (se disuelven en grasa, pero no en agua). Es exactamente el caso de intentar mezclar el agua con el aceite.

Relacionado con todo lo anterior hay otro caso más sangrante. Insisto en que no quiero reabrir el debate de la leche pero vuelvo a decir que es un caso ilustrativo. Nos dicen que debemos consumir leche. Se nos cuenta que la necesitamos. ¿Por qué? Porque como somos inteligentes, podemos obtenerla. El resto de los animales, como no son inteligentes, no saben cómo conseguirla, así que viven sin ella. Ahora sí que empiezo a pensar que estamos locos. Quizás se deba a que somos demasiado inteligentes y ya nos hemos pasado de la raya.

Es verdad, basamos las recomendaciones dietéticas en una supuesta lógica que no es tal. Decimos que tenemos que consumir más de la mitad de las calorías de hidratos de carbono simplemente porque ofrecen energía rápida. La lógica es que así tenemos energía siempre disponible. El problema es cuando esa energía se almacena alrededor del ombligo a lo largo de los años y deja de ser energía rápida a ser un almacén permanente. ¿Es esto lo bastante gráfico? Pues hay infinidad de ejemplos sobre esas supuestas recomendaciones "lógicas". La mejor es la de que si comes grasa acumularás grasa... por eso le quitamos la grasa a la leche, otra vez. Por supuesto que es lógico pensar que la grasa acumulada procede de la grasa ingerida pero la realidad es bien distinta. Sé que no es la primera vez que toco este tema ni será la última y prometo una explicación satisfactoria a todo ello.

Por último, hay algo que me parece especialmente sangrante. En toda esta desvinculación con lo natural, nos encontramos con los adorables bebés gorditos. ¡Son tan monos! A todos nos parecen una preciosidad. Pero un bebé gordo no es un bebé sano, no. Ni sano ni natural. ¿Cuantos cachorros de perro amamantados por su madre has visto gordos? Ya no perros adultos, porque les damos una dieta que tampoco es natural para ellos. No, no y no. Un bebé gordo es un potencial niño con problemas, un adolescente que padecerá mofas y un adulto con varias afecciones. Para rematar, se insiste en que se les alimente con unos polvos que vienen en un bote y que es mejor eso que darles el pecho. Si la madre así lo elige o si las circunstancias lo sugieren, un biberón puede ser válido, pero es indudable que la leche materna es insuperable en la práctica totalidad de los casos. Estamos cambiando las piezas que traía de fábrica nuestro coche y estamos acabando por "tunearlo" salvajemente.

Seamos más paleolíticos. Solo un poquito. O al menos más coherentes.