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lunes, 9 de diciembre de 2013

Cómo compatibilizar la dieta paleolítica con las costumbres actuales



El otro día me llegaba a los oídos la historia de una chica y sus "amigos". Todo el grupo era paleo aunque ella hacía una versión más relajada. Entre otras cosas, consumía lácteos. Cuando reveló este "secreto" al resto de sus amigos, casi la apedrean. Desde entonces simplemente dice que su dieta consiste en evitar cereales, azúcar y alimentos procesados.

La historia anterior me hizo pensar en las etiquetas, en la manera de vivir este modo de alimentación y compaginarlo con el resto de nuestra rutina y la de las personas que nos rodean.

Antes de nada me gustaría comentar que la dieta paleolítica, aunque tiene unas bases que podemos considerar concretas, es personalizable. Para quien tolere los lácteos es perfectamente válido que los consuma. También es respetable cualquier otra modificación dentro de los objetivos, tolerancias, alergias e historial de cada persona.

Desde mi perspectiva, escribiendo, intento ser cuidadoso. Es por ello que me gusta dejar claro si algo es rígido o flexible, y que cada cual se adapte o bien juzgue para sí. Siempre que pueda, lo haré así, informando al máximo. Supongo que en cada uno de los artículos que escribo habrá varios errores, por mucho cuidado que tenga. Pueden ser estos de estilo, de lagunas por lo que desconozco o simplemente falta de información mía o de la comunidad (paleo, médica, científica...) en general. Contra estos últimos no hay nada que hacer, pero intento corregir los otros. Pretendo propagar esta información de modo que no resulte dogmático, sino mostrando un abanico lo más amplio posible y, a la vez, manteniendo toda la precisión que pueda. Entiendo que quien lo lee no tiene por qué disponer de conocimientos avanzados en la materia (ya que en ese caso estaría visitando un blog o web diferente, más complejo) y, desde mi humilde punto de vista, quiero despejar dudas e intentar crear un contenido didáctico. Sé que uso mucho la palabra "depende" y similares. Es voluntario. No se pueden crear pautas rígidas en algo tan amplio como la salud o la nutrición. Aunque inevitablemente nos comparamos, no somos iguales que la persona que tenemos al lado, sin importar incluso que sea de nuestra familia. No sólo tenemos un cuerpo distinto, sino otras metas y hasta puntos de vista distintos que nos pueden hacer variar el patrón que seguimos.

Espero que con todo lo anterior,quede claro que cada cual tiene derecho (dentro de unos límites razonables) a elegir cómo personalizar su plato, su nevera y su vida en general, sin dejar de ser paleo.

A pesar de esta larga introducción, toca hablar del tema principal: paleo y vida.

Si quieres que tus costumbres no sufran por seguir un estilo de vida paleolítico, lo primero que te aconsejo es que conozcas tus posibilidades. Esto implica valorar las responsabilidades, horarios, eventos, trabajo y demás que pueden aparecer en tu día a día o esporádicamente. Lo siguiente es superar o modificar aquellas que podamos y evaluar cuales de ellas son inevitables y cuales podemos cambiar aunque nos cuesten porque están en nuestra zona de confort. Un ejemplo es el de coger un sándwich para llevar de camino a casa porque sé que no tengo nada en la nevera. La solución paleo sería optar por unos frutos secos o simplemente hacer unos huevos en cuanto lleguemos. Con un pequeño cambio se consiguen muchas mejoras, sobre todo porque se vence la inercia, la costumbre.

Cuando tengas un compromiso social, también hay que tener cuidado. Dependiendo de su naturaleza, es mejor actuar de una forma o de otra. Si siempre sigues las normas, no pasa nada porque un día te las saltes. Si es una comida familiar o con amigos de confianza, es posible que no tengas problema en seguir una dieta paleo como de costumbre. Si no te sientes preparado/a porque lleves poco tiempo u otro motivo, quizás deberías intentar adaptarte a lo que se presente. O puede que recibas el bombardeo de preguntas y órdenes del tipo "¿cómo no vas a comer pan?", "¿desde cuando no tomas postre?", "pues esa forma de comer no es normal", "lo natural es hacer dieta mediterránea". Seguramente los que dicen lo de la dieta mediterránea son los primeros en tomar postres azucarados todos los días (lo cual no está en línea con esa dieta) pero no es cuestión de juzgar a nadie. Si ocurre el bombardeo anterior, lo mejor es dejarlo y no discutir durante la comida. Ni a ti ni a los demás les gusta que les amarguen la cena, así que déjalo para después y no discutas. Si a alguien le interesa lo que haces, lo preguntará. Si no le interesa, no intentes convencer.

Puede que juegues con los hidratos de carbono o incluso estés haciendo una versión paleo cetogénica. En este caso recuerda que saltártela un día implica que lo pagarás durante unos cuantos, según como funcione tu cuerpo. La adaptación al modo quema-grasa puede romperse fácilmente y es posible que cueste volver a ella, quizás no tanto como la primera vez, pero tampoco tiene por qué ser un camino de rosas. En ese caso, si tienes una comida o evento, valora si te vale más la pena evitarla, adaptarte, explicar tu situación, poner una excusa o plantear alternativas. Quizás puedas pedir un plato personalizado o llevar tu propia comida. Es una decisión delicada y depende de ti. Sea cual sea tu elección, no la tomes en el último momento, sino de antemano. Suena un poco fuerte pero es la realidad.

Si tienes algún tipo de enfermedad, trastorno o historia particular, mi consejo es que no te salgas de la paleodieta a no ser que sea total y absolutamente inevitable. He visto muchos testimonios de personas que tienen intolerancias, por ejemplo, y por probar "un poquito" un día acaban pasando varios días mal. Lo que ocurre muchas veces es que quien tiene este tipo de problemas se desintoxica de aquello que le sienta mal y al reintroducirlo su cuerpo no está preparado. De esta manera surge una reacción que puede manifestarse con uno o varios síntomas como vómitos, mareos, malestar o dolor abdominal. Esto no quiere decir que su cuerpo se haya debilitado de repente, sino que antes luchaba de forma frecuente contra un elemento dañino y estaba preparado aunque estresado de forma crónica. Al enfrentarse de nuevo a ese elemento, no está preparado y la respuesta es aguda. Aunque esta segunda respuesta es más dolorosa, es puntual; la primera, sin embargo, va haciendo daño a lo largo del tiempo y puede acabar por crear síntomas irreversibles, como la continua gota de agua cayendo sobre la roca.

Cuando algo "salga mal", lo mejor es volver a recuperarse cuanto antes, portándose bien sin demora. Nada de culpas ni remordimientos. Si no tienes síntomas, mejor, pero si los tienes no te tortures y hazlo lo mejor que puedas. Recuerda que estás invirtiendo en tu salud y que si habitualmente te sientes bien, con energía, fuerza y optimismo es porque te estás cuidando. Habrá quien necesite hacer trampa de vez cuando, lo cual es también perfectamente válido. Comer es también compartir con los demás.

Como conclusión me gustaría insistir en lo importante que es la personalización. A lo mejor sigues una dieta paleolítica estricta o a lo mejor te consideras más bien "primal". Quizás seas de los que comen ciertos "almidones seguros" como en The Perfect Health Diet. Es posible que no seas 100% perfecto/a con tus elecciones sino un 80% y que necesites hacer trampas en alguna ocasión. También puede darse el caso de que tengas tu propia versión, como la muchacha del ejemplo, que tomó la inteligente decisión de poner a su dieta la etiqueta de "simplemente evito cereales, azúcar y alimentos procesados". Y es que al final todo es cuestión de etiquetas y normas que probablemente deban ser más flexibles y reducirse a que comas comida de verdad y evites aquello que no le guste a tu cuerpo. En todo caso, toma decisiones inteligentes, quiere a tu cuerpo, adáptate, elige alimentos de la mayor calidad que puedas y no te olvides de disfrutar de todo ello ya que si no no tiene sentido.


Imagen: http://loquedicelacienciaparadelgazar.blogspot.co.uk/

lunes, 25 de noviembre de 2013

La dieta paleolítica, ¿es baja en hidratos de carbono?


El debate de los hidratos de carbono y la dieta paleolítica gana cada día más interés. Las posiciones al respecto pueden ser:
-Cero hidratos de carbono por no ser un nutriente esencial.
-Pocos hidratos de carbono suministrados sólamente por verduras y alguna fruta.
-Nivel medio de hidratos a base de tubérculos o almidones considerados seguros.
-Pocos carbos, con ocasionales incrementos (fines de semana, recargas de carbohidratos para deportistas).
-Consumo de frutas y almidones a discreción y/o postres en versión paleo.
-Variaciones o combinaciones de las opciones anteriores.

Como ves, todo suena bastante complicado. Según la opinión, experiencia o investigaciones de cada uno, puedes situarte a un lado u otro del espectro o bien recorrerlo a voluntad.

Por supuesto, la pregunta de si la paleodieta es alta o baja en hidratos de carbono no se puede cerrar con un simple "sí" o "no". Habría que matizarlo. Personalmente, sí que diría que es baja en carbohidratos si la comparamos con otras dietas estándar, pero me parece más correcto decir que esas otras dietas son altas en carbohidratos. ¿Desde cuando hemos tenido acceso a bebidas azucaradas? ¿Cuánta cantidad de azúcar, pan, pasta o arroz se comía hace tan sólo 4 generaciones? No sé tú, pero estoy cansado de oír que los campesinos de mi pueblo comían poco más que cerdo (con su grasa) y verduras, dejando las famosas empanadas gallegas para algo más ocasional.

Si observamos la lista superior, vemos que podemos "elegir" nuestro umbral de carbohidratos. Aunque este macronutriente no es esencial (al contrario que la grasa o la proteína, podemos vivir sin consumirlo), sí que nos puede aportar una serie de ventajas. Siempre digo que la dieta paleolítica es personalizable, que lo que importa es la historia de cada persona y sus necesidades y objetivos. Este es otro ejemplo en el que aplicarlo. Podemos destacar ciertas alternativas:
-Versión muy baja, para pérdida de peso, con un consumo de menos de 50g al día. Nos permitiría deshacernos rápidamente de grasa corporal no deseada. Paradógicamente, es necesario incrementar el consumo de grasa en la dieta para que esto funcione. Estaríamos ante una dieta cetogénica que podemos usar como recurso durante unos meses. El cuerpo está preparado para funcionar de esta manera y el hecho de que en el mundo actual nunca se haga, es motivo de un sinfín de enfermedades y desequilibrios. Debería ocurrir al menos de forma puntual. Para esta versión es importante consumir muy pocas frutas y elegir aquellas que tengan menos cantidad de azúcar. Esta opción puede ser válida también para regular el nivel de azúcar en sangre, para deshacernos de los antojos de dulces o para mejorar nuestra tolerancia a la insulina.
-Versión media, estándar, para mantenimiento de peso y lograr un estado de salud óptimo. Estamos hablando de un margen de unos 50g-150g de hidratos de carbono al día. Es algo casi automático si hacemos paleodieta, ya que es la cantidad que nos van a suministrar las frutas y verduras que consumamos sin preocuparnos de cuántas son o cuál es su cantidad de azúcar. Esto nos asegura, además, que tendremos una buena dosis de las vitaminas provenientes de fuentes vegetales (en la versión anterior también lo podemos lograr, fijándonos bien en qué consumimos).
-Versión alta en carbohidratos. Sería cuando el consumo es superior a 150g al día. En principio no es recomendable excepto si tenemos un desgaste físico muy elevado. De lo contrario nos va a llevar a una ganancia de peso automática ya que contar calorías funciona con la mente y con las matemáticas, pero el cuerpo y el instinto acaban superando a la fuerza de voluntad y es más importante mantener bajo el consumo de hidratos que el número de calorías si queremos perder peso. Un deportista, sin embargo, que vacíe sus depósitos de glucógeno muscular (la glucosa almacenada en los músculos) cada día, necesitará volver a llenarlos para poder rendir nuevamente al día siguiente. Esto ocurre porque el ejercicio intenso usa como principal fuente de energía el glucógeno muscular, pero únicamente aquel depositado en el músculo que se está utilizando. Es verdad que en el paleolítico no había que hacer estas cargas para rellenar los depósitos, pero conocer esto es una ventaja del mundo moderno. En el paleolítico no existía el deporte como algo en lo que lograr un alto rendimiento, sino como algo lúdico o social y no era normal tener varios días consecutivos de alta demanda de glucógeno muscular. Así, poco a poco, el glucógeno se reponía mediante otras vías o también mediante esta carga pero igualmente de manera progresiva, sin darse cuenta. Para consumir bastantes carbohidratos podemos incluir fuentes ricas como los plátanos, boniatos, chirivías o calabazas.

El desglose anterior correspondería, a grandes rasgos, a lo que deberíamos consumir de hidratos de carbono según nuestras necesidades. Habría que matizarlo mucho más y explicar algunos mecanismos, pero sería suficiente como aproximación válida. También hay que tener en cuenta que son consideraciones generales y no es lo mismo si pesas 50kg que 120kg. Si tienes alguna duda, déjala en los comentarios.

En el tema de los carbohidratos me gustaría comentar dos cosas más: el consumo de dulces paleolíticos y el valor de la fructosa.

Muchas personas aprovechan la paleodieta para consumir dulces o postres "permitidos" sin freno. Esto va en contra de los principios de la dieta. Está bien que comas de vez en cuando unos bombones de chocolate paleolíticos, pero no debe dejar de ser ocasional, ya que aunque los ingredientes sean naturales, tu cuerpo no está preparado para que lo bombardees con ello. 

La fructosa parece la hermanita buena del mundo de los carbohidratos, pero deberíamos tener cuidado con ella. Este azúcar se metaboliza en el hígado y cuando ya no puede almacenar más, la transforma en grasa directamente, promoviendo un hígado graso. Sí, incluso con la paleodieta esto puede ocurrir. No estamos preparados para cantidades muy elevadas de fructosa, así que hay que tener cuidado con la fruta. Puedes comer varias piezas al día sin problema, pero mejor si las puedes contar con los dedos de una mano.

Para cerrar la entrada podríamos concluir que cualquier dieta que elimina la pasta, productos refinados, harinas... es automáticamente baja en hidratos de carbono. Aunque tiene más lógica pensar, como ya he dicho, que son estas otras dietas las que son altas en hidratos de carbono (en contra de la opinión médica general) y por otro lado un deportista paleo puede consumir una cantidad de este macronutriente que se aproxime a las recomendaciones estándar.

En la siguiente entrada hablaré de la opinión de diversos autores acerca de este tema.


Imagen: nutricion.pro

martes, 17 de septiembre de 2013

El precio de tu alimentación. ¿Es la paleodieta una ruina?

Confusiones
Hoy me acordaba de mi último tropezón mayúsculo. No en un acto de tortura, sino en un momento de reflexión. En ocasiones como esa, uno piensa en los costes (no sólo económicos) de la comida que no es comida.

He tenido un día muy movido y probablemente esta entrada quede un poco rara porque quiero contar muchas cosas y tengo poco tiempo, pero ahí vamos.

El día del tropezón me atacó mi atracción por los helados, quizás la única comida neolítica que a veces se me antoja (aunque igualmente ignoro). Así que fui de cabeza a un McDonald's a por un McFlurry de Crunchies y este va a servir de ejemplo. Es verdad que no se le debería llamar helado a "eso", lo sé.

Primero, me gustaría aclarar una cosa. Cada vez que se habla de obesidad, de comida basura o de mala alimentación, esta cadena americana se lleva todos los titulares. Mi posición al respecto es que es una empresa que, como cualquier otra, busca su beneficio, ya que está para hacer dinero. Por eso crea comida adictiva. Pero de ahí a echarle la culpa de todos los males, tampoco me parece justo. Tanta culpa tienen ellos como la tiene el chino que hay a la vuelta de la esquina o la señora del ultramarinos de toda la vida, aunque pensemos que sus cereales integrales o sándwiches de atún son más sanos que un Big Mac. No defiendo a McDonald's ni tengo acciones de la empresa. Simplemente me parece injusto que se lleven todos los ataques. Dejaron de usar grasa saturada para freír y bajaron las calorías de sus menús para seguir lo que mandaban las creencias populares. Igual que uno no va al cine, a esquiar o de vacaciones todos los días, tampoco debe frecuentar los sitios de comida rápida. Cada cosa tiene su tiempo. Evidentemente es mejor no ir nunca, pero en Londres hay cientos de estos establecimientos y jamás he visto a nadie coaccionando a los viandantes para que entrasen a consumir. Es nuestro libre albedrío el que nos permite elegir una comida u otra y visitar un restaurante o tienda en detrimento de otros. La educación proviene de casa, de un día a día, y no de un cartel de colores que vemos de repente en la carretera. Creo que queda claro mi punto de vista.

Siguiendo ahora con la historia y el ejemplo del macflagüer de cranchis, veamos su precio: £0,99. Al cambio, 1,19€. Es decir, que por poco más de 1 euro tienes un helado de un tamaño bastante mayor de lo habitual, que incluye en el nombre un producto de una marca ajena (e implica un sobrecoste), que te sirven en persona (genera una actividad por parte de un empleado) y te llevas un vaso de cartón con tapa y cuchara de plástico (aunque sea despreciable, estos utensilios también suponen un aumento del precio). No hablamos de un producto de calidad pero aún así, el precio es irrisorio. Lo que no es tan trivial es que probablemente cuando lo termines tendrás ganas de otro, o de un artículo distinto que has visto en los letreros o en la mesa de al lado.

Ahora, por otro lado, vamos a prepararnos una buena ensalada. Vamos a darlo todo y nos gastamos 3€ en verduras y otros 3€ en salmón ahumado. "¡Joder, 6 lereles pa una ensalada! ¡Si es que comer paleo es más caro que alojarse en el Ritz!". Sí, a primera vista cualquiera pensaría lo mismo, pero ¿es cierto? Desde una visión inmediata, está claro que la alimentación paleolítica es cara y a muchos les parece, además, complicada.

A menudo se comenta que ser paleo no es un sprint, sino una maratón. Esto significa que no se trata de hacer todo bien en un periodo corto, sino de ser coherentes de forma continua, más como la tortuga que como la liebre. Además, la prisa implica acabar exhaustos, estresados y con posterior necesidad de recuperación. La constancia es la clave.

Poniendo la constancia en el contexto de la alimentación, veamos cómo funciona un menú de McDonald's y la ensalada que comentábamos arriba. Si echas cuentas verás que el precio de ambos es similar, incluso si preparas un menú similar en tu casa, aunque algo claro que ahorrarás.

Caso 1: Big Mac con patatas (680 kCal en total) más refresco. "¡Uhm, qué bueno! Aaaaahhhhmmmmmm ahhhhhh uhhhhmmmmmmmm". Momento Homer Simpson. Felicidad. Y dos o tres horas más tarde estarás deseando comer algo más, tomar un café para que de energía o sentirás un bajón de ánimos o tendrás mal humor. Y pensarás en lo bien que te sentías con tu Big Mac y tus patatas y querrás ir a por otro. Lo peor de la historia no es sólo la adicción, sino que realmente no te has nutrido. Has masticado, ensalivado (lo justo) y tragado tu comida, pero excepto proteínas, le has aportado más bien poco a tu cuerpo. De hecho, algunos científicos empiezan a considerar la obesidad más como una carencia que una falta. Es una carencia nutricional. Esto se debe a que la obesidad suele estar ligada al consumo de comida poco nutritiva, y que provoca señales en el cuerpo que inducen a comer más. ¡Si es que tiene lógica! Pensamos que el coche no anda porque el tanque de gasolina está tan lleno que pesa demasiado, pero lo que ocurre es que esa gasolina estorba más que aporta y el coche no anda porque esa gasolina no sirve, así que ¡quiere más!

Caso 2: Ensalada de verduras variadas y salmón (seamos muy, muy generosos con el aceite y pongamos 600 kCal). Mientras comes, acostumbrado/a a los sabores reales, te das cuenta de la textura y sustancia que aporta cada elemento, la suavidad del salmón, un trozo crujiente de cebolla, la hoja húmeda de lechuga o el pimiento dulce en la boca. No es un momento de euforia, pero sí de placer. Terminas la ensalada, acabas de comer y ¿ahora? Ahora nada, ahora te levantas y haces tu vida normal. ¿Qué esperas, un postre azucarado que te reconforte? ¡No, porque no lo necesitas y el cuerpo no te lo pide! Te sientes bien, puedes seguir trabajando, caminando, limpiando los platos, "shining bright like a diamond", así que como es martes a mediodía haces un playback de Desátame en el cuarto de baño dándolo todo (nota importante: la semana pasada ví a una chica con los pelos de la Mó en los 90, aunque era media melena. Muy fuerte, amor a primera vista), te llama tu prima al móvil para contarte su vida pero le dices que has quedado para dar un paseo así que cuelgas y te vas. Cuando llegas a tu casa vuelves a comer porque notas que el hambre asoma nuevamente y de manera tímida, pero primero cantas Desátame en versión remix, haciendo "unch-unch" y tu vecina te oye gritando "¡pero desátame, coño! unch-unch - unch-unch-unch" Yo no tengo esos problemas porque mis vecinos piensan que digo "junchispummmm jamalajá nainoná unch-unch". Y mis compañeros de piso conocen a Marta Sánchez pero no a Mónica Naranjo. Un drama humano de la era de la electrónica. ¡Si al menos conociesen a Azul Y Negro!

Coñas a un lado, esto es un ejemplo un poco bruto de dos opciones muy recurridas a la hora de comer. Pero la cosa no es tan simple. En el caso 1 es probable que hayamos decidido tomar un refresco (incluido en el precio) que da aún más subidón-bajón y calorías vacías en forma de azúcar. Seguro que después nos hemos ido a por un café y a media tarde hemos cogido un pequeño paquete de galletas en la máquina del trabajo o bien un sándwich de camino a casa, o quizás nos hemos preparado un inocente mini bocadillo (para controlar) y luego nos hemos puesto a picar un poquito de todo. Suma todas esas pequeñas cosas. Súmalas todos los días. Súmalas en un mes y en un año. En el caso 2 seguramente no has vuelto a pensar en comer, no has tenido hambre más tarde y te has concentrado en tus labores y tus playbacks. Nadie dice que haya que renegar de los pequeños placeres de la vida, pero hay muchos mejores para elegir y la frecuencia es también la clave.

Y si pensamos en las cosas a largo plazo y en como nuestro comportamiento se va modificando vemos que todo es cuestión de patrones. Al abrazar una dieta paleolítica, la alimentación es más satisfactoria y es menos probable que tengamos ganas de picotear, de contar calorías, de que nos asalte la culpa o el deseo de autocontrol, al que siempre van a vencer nuestras hormonas y cerebro (de ahí que la obesidad no sea un problema de voluntad, como nos hacen creer, sino que la naturaleza es más poderosa y la necesidad de supervivencia nos enseñó así). También nos damos cuenta de la diferencia entre un bienestar continuo y otro que depende de subidas y bajadas, y optamos por el primero. Esto hace que se eliminen muchas interferencias en nuestro camino.

Una alimentación paleo incluso permite hacer días enteros de ayuno sin mayor problema, sin malestar ni preocupaciones. ¿Es día 31 y pensabas que el mes tenía 30? Y la cuenta del banco a cero. No pasa nada, ¡ayuno intermitente! Y lo mismo si estás de viaje y la comida del aeropuerto es cara o poco apetecible.

Al 99% de la gente le parece surrealista, pero hay muchísimas personas que comen poco cuando hacen paleo. Hace unas semanas, alguien preguntaba en un foro algo así como "¿soy raro o a alguien más le cuesta llegar a comer sus calorías?". Las respuestas no tardaron en aparecer. A partir de ahí una mujer contó que ella no llegaba a las 900 kCal (se supone, en términos generales, que la media serían unas 2000 kCal para una mujer). Decía que probaba varias maneras, pero que estaba llena y no era capaz de comer más. Y añadir grasa en forma de aceite o carne simplemente no ayudaba. Muchas personas se sentían identificadas aunque su caso era el más extremo. Esta persona se sentía bien, era más bien sedentaria y no tenía problemas excepto la cifra en cuestión. Mi punto de vista es que se estaba nutriendo, su cuerpo estaba funcionando bien y tenía muchas reservas con las que funcionar y las señales eran claras ya que su maquinaria no estaba viciada con azúcares o desregulaciones hormonales. Supongo que después de un tiempo su cuerpo le pediría subir las cantidades poco a poco. Y esto que parece un caso extremo o un trastorno alimenticio, no lo es, lo que pasa es que estamos más acostumbrados a contar calorías para no pasarnos porque vivimos en el mundo de la abundancia, de lo fácil y del exceso.

En mi caso me he dado cuenta algunos días de algo parecido. A veces me da la impresión de que he comido demasiado así que he revisado el ticket de la compra y estimado las calorías ¡y resulta que estaba comiendo muy poco! Por supuesto, el día siguiente o el anterior habría comido un poco más. Esto es lo natural, que haya fluctuaciones. Además de mi tendencia natural a ganar peso con extrema facilidad tengo una tolerancia muy alta al nivel de proteína que puedo consumir. Este macronutriente es autolimitante per se, todo lo cual me lleva a pensar que quizás debería incrementar su consumo y que no me vuelva a pasar lo de perder músculo de nuevo. Igual que la mujer de más arriba tenía su caso particular, el mío parece ser que necesito más proteína de la que creo, y eso que considero que mi ingesta es adecuada.

Todo este testamento de entrada está relacionada también con mis actuales circunstancias. Me encuentro en un momento en el que estoy trabajando mucho, aprendiendo mucho, durmiendo lo justo, con la cabeza muy ocupada y la agenda apretada... pero sin un duro que entre en la cuenta. En el mundo en el que me hallo es muy frecuente (y lamentablemente necesario) trabajar mucho sin cobrar, a modo de inversión profesional. Es por ello que últimamente estoy haciendo una versión que alguien llamó hace unos días en Facebook "paleo para pobres". Por suerte soy bastante ahorrador y no suelo tener muchos gastos, excepto alquiler, móvil y gimnasio/box, que son mis únicas facturas. Incluso voy a casi todas partes en bicicleta. Nunca me compro ropa porque creo que no la necesito ni me apetece. No suelo salir demasiado y me encantan las discotecas y bailar toda la noche, pero no me gustan las connotaciones que conllevan. Y siempre me ha gustado mucho la vida casera o simplemente disfrutar de un café con amigos. Todo esto significa que la buena alimentación manda en mi presupuesto justo después de los inevitables gastos fijos.

Pensando en la versión "paleo para pobres" me enfrento a esta opción o a la dieta convencional. Me gustaría resaltar dos ideas:
-Aunque no es lo óptimo, se puede comer paleo correctamente, eligiendo las fuentes de nuestro plato, sabiendo las calidades de la comida y sin dejarse llevar por los caprichos. El pescado enlatado en salmuera, por ejemplo, puede ser una opción. Lo mismo con las verduras de los mercados de granjeros o aquellas frutas no orgánicas a las que no se le come la piel por ser dura.
-Una alimentación artificial, barata y rápida puede parecer la solución ante un momento económico difícil pero no lo es. Está asociada con excesos en otras comidas, en gastos superfluos y en malestar y falta de nutrición. Esto redunda en problemas a corto y largo plazo, por no hablar de posibles indisposiciones. ¡No me gustaría tener que cancelar una entrevista de trabajo porque me ha sentado mal el Big Mac!

Ser paleo no es comer sólo orgánico o comida que cuesta el doble de lo normal. Pero sí que es actuar en consecuencia y eliminar cosas que no necesitamos. Esto puede incluir, por ejemplo, dejar de usar productos químicos en el pelo. Por supuesto es una opción personal que cada uno ha de elegir. Yo lo practico desde hace meses y suelo lavar la cabeza una vez por semana, más o menos. La última vez que fui a cortar el pelo, el peluquero me dijo que tenía un pelo "estupendo" y es verdad que me quería tirar los trastos así que igual no tiene mucho valor su apreciación, pero si yo fuese peluquero no creo que me gustase alguien con el "pelaso" (lo siento, ¡"pelazo" me suena taaaaaan mal!) hecho una Carmen de Mairena, ¡digo!

Y lo mismo con el exceso de uso de la pasta de dientes (las bacterias simplemente no crecen en tu boca si no comes lo que no debes): "La saliva tiene todos los ingredientes que el esmalte dental necesita para estar bien." Excepto si comes basura, claro. En el paleolítico prácticamente no había caries y no era porque se muriesen jóvenes, precisamente.

Igual ocurre con el desodorante. Si no ingieres productos de los que tu cuerpo se quiere librar, no tendrás que excretarlos (o como alguien dijo hace poco, "less crap in, less crap out", "entra poca mierda, sale poca mierda") y alimentar con ello a las bacterias que causan el mal olor. Eso tampoco quita tener un bote de desodorante a mano por lo que pueda pasar, que vivimos en sociedad y además existen las urgencias.

Así podría seguir infinitamente, nombrando todas esas cosas que la vida moderna, el consumismo y el capitalismo nos han metido en nuestras casas y nosotros hemos aceptado "barco como animal acuático".

En conclusión: ¿Qué precio tiene tu salud, tu bienestar, tu felicidad y tranquilidad? Vivimos en un mundo donde las tentaciones están en todas partes, son accesibles y (en ciertos límites) están bien vistas socialmente. Personalmente prefiero seguir con lo mio y no tener que mirar para otro lado, evitando ver los muffins o brownies, cuando quedo a tomar un café en un Starbucks. Simplemente no los deseo; me sugieren lo mismo que una caja de cartón.

La dieta es parte de la vida igual que lo es el trabajo, la familia, amigos o tu música favorita. Te define, está contigo siempre (incluso cuando no está) y te da (o debería) muchas más satisfacciones que penas. Sí, ¡el trabajo también debería darte más satisfacciones que penas!

A Dios pongo por testiga que no escribiré hasta la próxima semana. Esta entrada me ha quedado más larga que un día sin pan, pero como los paleo no comemos pan, pues arte para el cuerpo, ¡oye! (mi cuerpo pide salsa -sin gluten, por favor-).

sábado, 3 de agosto de 2013

Opinión: "It Starts With Food"


Hace unos días me topé con un libro: It Starts With Food, escrito por Dallas y Melissa Hartwig. No es un libro nuevo ni tampoco es la primera vez que me aproximo a él. Por algún motivo siempre se me escabullía o quizás no le supe dar importancia y nunca llegamos a conectar.

Lamento no haberlo estrujado antes porque realmente tiene un montón de explicaciones útiles y sencillas. No se lía contando las cosas pero sí que da detalles suficientes como para poder entender el mensaje y aclarar ideas. Es muy útil sobre todo para pillar la idea del funcionamiento hormonal relacionado con la nutrición. Este libro puede ser útil como una introducción al mundo paleo o también para aquellos que quieran depurar su dieta, hacerla más concreta, real y además conociendo mejor por qué hay alimentos que son mejores que otros. Posteriormente se puede personalizar según las tolerancias personales.

Podríamos decir que propone una aproximación 100% paleo. Así como en otras obras podemos encontrar que se permiten ciertos lácteos o que la adherencia sobrepase el 80%, aquí se nos dice que hemos de cumplir sin excepción durante 30 días. ¿Recuerdas el protocolo autoinmune? Pues se trata de algo parecido (y también proponen un protocolo autoinmune similar dentro del plan). La idea principal es seguir el método "Whole 30", creado por los autores. Durante los 30 días propuestos hay que ser estricto y no disfrazar recetas (paleo pizza, paleo muffins, paleo insertar-receta-modificada). Se trata de aprender a comer, de nutrirse, de entender los efectos de cada comida en nuestro cuerpo. En el fondo es todo cuestión de lógica, de ciencia y de ser respetuosos con nuestro plato y nuestro organismo. Los menús que nos sugieren son muy sencillos, sin imponer un calendario y centrados en la combinación simple de ingredientes (algo que yo también defiendo).

Una vez que se termina el programa de 30 días, se pueden reintroducir alimentos e incluso hacer esas recetas trucadas que tienen ingredientes paleolíticos pero no dejan de ser imitaciones de platos convencionales.

He leído muchas opiniones aleatorias de gente que ha hecho el "Whole 30" y han sido siempre positivas. Algunos vuelven a iniciar el programa un tiempo después de haberlo acabado porque es fácil dejarse llevar y empobrecer la dieta poco a poco. Esta es la razón por la que decía que también puede venir bien a aquellos que ya sean paleo. A pesar de que It Starts With Food está orientado a un nivel de iniciación, nunca viene de más pulir costumbres.

Una de las cosas que tiene en particular este libro/programa es que hay toda una comunidad de personas que lo siguen. Es por ello que existen grupos de facebook, foros y también correos diarios que puedes recibir de parte de los autores (aunque estos correos no son gratuitos). Es una forma de ceñirse al plan, de ver las historias de los otros y sentirse parte de un grupo. Una de las condiciones de "Whole 30" es que si te saltas "un poquito" una de las normas tienes que volver a empezar desde el día 1. Las trampas no sirven y sentirse acompañado en el camino puede ser de gran ayuda.

¿No sabes si leerlo? Ante la duda, mi respuesta es "Sí, deberías". La única pega es que solamente está en inglés, como casi todo. Personalmente, tengo pensado hacer el plan. Será más adelante, cuando tenga algo de estabilidad laboral, ¡así que espero que no sea muy tarde! Tengo muchas ganas de hacerlo y en ese caso lo detallaré por aquí.

Mañana contaré algunas cosillas más. Mientras tanto puedes pasarte por la página oficial: whole9life.com. Además estos chicos han tenido el detalle de preparar un PDF en español donde detallan su programa.






Imagen: whole9life.com

jueves, 27 de junio de 2013

Protocolo Autoinmune. Pautas adicionales.


Ayer veíamos cómo modificar una dieta paleolítica básica para mejorar las respuestas autoinmunes del organismo. Hoy veremos cómo completarlo con el resto de comportamientos a cambiar para que este proceso sea efectivo. Estas son las recomendaciones:
-Duerme entre 8 y 10 horas al día. Si no descansas lo suficiente no puedes esperar que tu cuerpo se repare o mejore con lo que los resultados no serían óptimos. Si estás haciendo esos cambios en tu dieta, haz que valgan la pena: ¡duerme!
-Evita la cafeína. Aunque va implícito en la eliminación del café, la cafeína puede estar presente en tés o como ingrediente de diversos alimentos. Es importante no consumirla ya que induce estrés.
-Evitar el estrés. Como acabo de decir, no es conveniente en esta situación. Por ello tampoco debemos hacer ejercicio muy intenso, puesto que eleva el cortisol (la hormona del estrés, precisamente).
-No tomar antiinflamatorios no esteroideos. En cristiano esto se refiere a aspirinas, ibuprofeno, corticoesteroides, etc.
-Cambiarse a opciones de higiene corporal y de limpieza que no resulten agresivas. Es mejor usar bicarbonato, jabón de nueces, etc. y desterrar, por ejemplo, la lejía.
-La píldora. Si estás tomándola quizás sea un buen momento para pensar si la podrías dejar. Valora tus opciones, habla con tu médico y recuerda que sólo la deberías tomar si es realmente necesario, ya que estás metiendo en tu cuerpo algo que a fin de cuentas no es natural.

Por último, aunque sea de nutrición, es también un comportamiento: las calorías ingeridas. No intentes hacer una restricción calórica durante este proceso ya que es contraproducente. Tu cuerpo necesita energía para mejorar así que no lo prives de ello y asegúrate de que la dieta es completa ya que con tanta restricción es fácil pensar que todo consiste en eliminar.

Espero que te hayan resultado útiles estos consejos y si tienes alguna duda, adelante, escribe a paleondres@gmail.com, o deja un comentario más abajo o en la página de Facebook.


Imagen: sassyceliac.com

miércoles, 26 de junio de 2013

Protocolo Autoinmune. Pautas de nutrición.



Tras la vuelta, nuevo propósito paleo: protocolo autoinmune. Aunque ya conté por encima como llevarlo a cabo, ahora que me he animado a hacerlo, es buen momento para profundizar un poco más. Por si te lo has perdido te recuerdo que sirve para mejorar ante enfermedades autoinmunes.

La información está recogida de varias fuentes. Según la que consultes puede haber algunas variaciones pero he intentado hacer un compendio bastante restrictivo, pensando que esta será la opción más válida. La idea consiste en eliminar aquellos alimentos que pueden causarnos algún tipo de problema y, posteriormente, reintroducirlos paulatinamente y ver si se presenta algún síntoma. Es una especie de puesta a cero. Primero restablecemos el sistema digestivo e inmunológico (de ahí el nombre), haciendo que este último se olvide de luchar contra elementos perjudiciales que nos llegan por medio de la comida. Al volver a consumirlos, tras este periodo de olvido (tanto a nivel mental como físico), habrá una reacción negativa más fuerte ante aquello que nos hace daño y que quizás ni siquiera sabíamos. Este paso dependerá de cada persona y por ello habrá quien se de cuenta de que no deberá volver a consumir ciertas cosas y otras las reincorporará sin problema. Vamos a ver qué es lo que tenemos que eliminar:
-Cereales y pseudocereales: todo aquello que se parezca a un cereal no se debe consumir. Esto incluye pan, pasta o quinoa. Es importante evitarlos al 100% porque su efecto es realmente potente.
-Legumbres.
-Leche y lácteos: ni siquiera está permitida la mantequilla (a veces considerada como simple grasa animal).
-Huevos.
-Frutos secos, semillas y derivados: ni estos ni sus aceites son aceptables. Además tampoco podemos consumir café o cacao (provienen de semillas). Recuerda que muchas especias son derivadas de semillas.
-Solanáceas: las que se consumen en España son las patatas, berenjenas, tomates y pimientos (todas las variedades, incluyendo los de Padrón o las guindillas). Sus derivados tampoco están permitidos e incluyen la cayena en polvo, el pimentón, el chile o las ñoras.
-Elevadas cantidades de fruta y verdura ricas en fibra insoluble: al consumirlas se puede dañar el intestino así que se recomienda reducir su ingesta y optar por otras variedades.
-Gluten: lo podemos incluir en la primera categoría (la de los cereales) pero como cada vez se encuentra en más alimentos es mejor tomar precauciones.
-Levaduras: aunque algunas fuentes recomiendan comida fermentada, otras dicen que es mejor evitarla debido a que las levaduras pueden interferir haciendo que las defensas la confundan con gluten. Esto es más complejo pero como idea final es aceptable. 
-Alcohol: no hay ninguna bebida alcohólica permitida, aunque se permiten pequeñas cantidades de vinagre de vino o sidra que, siendo derivados, no contienen alcohol.
-Fructosa en cantidades superiores a 20g/día: está bien consumir alguna fruta pero no es bueno pasar de una o dos piezas porque su metabolismo y absorción pueden interferir.
-Edulcorantes no nutritivos: ni siquiera se permite la stevia. Aunque no aporten calorías, sí que roban nutrientes del organismo, así que se deben evitar. Con más razón si aportan calorías, ya que serían vacías (esto es redundante con lo de "no nutritivos").
-Conservantes, espesantes, emulgentes y otros aditivos: todo aquello que sea "raro" debe evitarse también. Como siempre, lo que hay que comer es comida de verdad y nada más.

Habrás visto que algunos alimentos no son paleolíticos pero aún así es necesario hacer especial énfasis en ello, sobre todo para despejar dudas. También es importante acordarse de leer muy, muy bien las etiquetas de los productos y en caso de que nos preguntemos si algo está permitido o no, mejor pensar que no lo está, puesto que este protocolo es muy sensible.

Recordemos que la eliminación ha de ser total y absoluta. De lo contrario estaremos dando dosis de recuerdo al sistema inmune, que permanecerá alerta y entonces el proceso no servirá para nada, siendo preciso volver a empezar. Esta eliminación se recomienda hacer durante 30 días aunque en casos graves puede ser necesario hacerlo un par de meses o incluso 6. Si es realmente grave es posible que haya que seguirlo durante 2 años, por ejemplo en caso de ser celíaco y tener problemas derivados de ello.

A la hora de preparar los alimentos es también imprescindible cocinar bien y a fuego lento (la digestión será mejor). Se recomienda consumir caldo de hueso con frecuencia, debido a que es muy rico en nutrientes e incidir, por eso mismo, en alimentos nutricionalmente densos (por ejemplo hígado, si no tienes contraindicaciones médicas al respecto), es decir, que aporten cuantos más nutrientes al día, mejor. También es bueno consumir cantidades generosas de omega-3 (sobre todo en forma de pescado azul) y asegurarse las dosis de vitamina D (en verano es suficiente con pasar un buen rato diario en la calle cuando la luz es buena). En cuanto a las verduras (que no sean ricas en fibra insoluble, recuerda) es bueno incrementar su ingesta centrándose en elegir una amplia variedad tanto de tipos como formas y colores, garantizándonos distintos nutrientes.

¿Estás dudando si hacerla o no? Yo lo estoy haciendo a pesar de no tener ninguna enfermedad, pero la puesta a cero sugerida me parece muy interesante y tampoco es muy difícil de seguir. Llevo ya más de una semana y no noto nada raro, ni siento presiones, ni me agobio a la hora de elegir lo que como así que me está resultando de lo más llevadero.

Mañana comentaré el resto de recomendaciones, aquellas que no están directamente relacionadas con la nutrición. No te preocupes: será una entrada más corta.


Imagen: thepaleomom.com

sábado, 8 de junio de 2013

Enfermedades autoinmunes con paleodieta. Cómo tratarlas: protocolo autoinmune (II)


Ayer hacía una pequeña introducción al protocolo autoinmune, así que hoy vamos a seguir con ello. Este protocolo sirve para tratar este tipo de enfermedades, como pueden ser la celiaquía, ciertos tipos de hepatitis, la esclerosis múltiple, la psoriasis o la fibromialgia.

La dieta paleolítica no es un procedimiento estándar, sino que como sabemos es adaptable a cada individuo. Promueve el consumo de aquello que nos beneficia y descarta lo que no es bueno para cada persona. Hoy en día estamos cegados por unas reglas de alimentación alejadas del instinto, de forma que este acaba anulado. En una alimentación natural, el individuo reconoce lo que le favorece y lo que no. En la sociedad actual se nos educa para comer según la norma y si un niño rechaza un alimento se le fuerza a su consumo. Por otro lado consumimos productos adictivos, como aquellos que tienen un alto contenido en azúcar. Todo ello produce la desnaturalización de la dieta.

Dentro de esa mencionada adaptabilidad de la dieta paleolítica, cabe destacar el protocolo autoinmune. Simplificando, se trata de eliminar esos alimentos que podrían (o quizás no, según la persona) causar algún problema. Así se dejan de consumir productos que suelen ser problemáticos. Estos incluyen gluten (por supuesto, y sin excepción), alcohol (puede potenciar el síndrome de intestino permeable), antiinflamatorios, químicos de droguería y perfumería, huevos, frutos secos, semillas (también café, cacao, pipas y especias basadas en semillas), solanáceas (como patatas, tomates, pimientos y derivados, incluyendo pimentón) y cualquier posible contaminación cruzada con los elementos anteriores (como coger un trozo de pan -que incluye gluten- para otra persona y luego prepararnos una ensalada para nosotros mismos sin lavar las manos). Es importante evitar totalmente estos productos para que no le estemos aplicando este recuerdo a nuestro sistema inmune. Al eliminar ciertos alimentos también se recomienda incrementar otros para no desequilibrar los requerimientos del cuerpo. Este protocolo se debe seguir durante unos 30 días y reintroducir progresivamente los elementos eliminados.

Para más información sobre el protocolo autoinmune puedes consultar la web de Paleo Mom, que también explica el síndrome del intestino permeable, o el libro Practical Paleo. Lamentablemente ambas fuentes están en inglés.

En muchas ocasiones he dicho que no he detectado aún ningún alimento que mi cuerpo no pueda procesar bien. Desde hace un tiempo vivo con un consumo de azúcar virtualmente nulo y gracias a ello mi sensación de hambre es más fiable y tarda más en aparecer, y no tengo caprichos/adicciones. Pero he pensado en hacer el protocolo autoinmune en algún momento, por dar un paso más en la dieta paleolítica, por probarlo, por ver cómo me hace sentir y porque si tuviese algún trastorno latente no detectado, podría curarse automáticamente. Nunca se sabe.


Si tienes algún tipo de enfermedad autoinmune te animo a que busques más información y pruebes durante 30 días el protocolo. O si padeces algún tipo de trastorno crónico también te puede ayudar. Incluso puede que tengas una enfermedad que es autoinmune pero no sabes que lo es. Estoy harto de leer en grupos y foros los resultados positivos que muchas personas han logrado gracias a ello. Algunos han podido volver a comer los alimentos eliminados aunque en cantidades menores. Otras personas han tenido que olvidarse de ellos para siempre pero les vale la pena. Si necesitas alguna información adicional no dudes en dejar un comentario o escribe a paleondres@gmail.com


Imagen: blog.womenshealth.northwestern.edu

viernes, 7 de junio de 2013

Enfermedades autoinmunes con paleodieta. Cómo tratarlas: protocolo autoinmune (I)


Alzheimer, lupus, asma, artritis reumatoide o diabetes tipo 1 son enfermedades cada vez más frecuentes. Podemos pensar que antes estaban infradiagnosticadas pero aún así sabemos que tienen una incidencia muy alta. Todas ellas son enfermedades autoinmunes, pero hay muchas más. Cualquier inflamación crónica o problema de digestión suele estar relacionado también con una condición autoinmune. Esto quiere decir, en resumen, que el cuerpo se ataca a sí mismo mediante su propio sistema inmune porque identifica algún tipo de célula o tejido como dañino, ajeno, perjudicial...

Estas situaciones de respuesta autoinmune pueden estar provocadas por múltiples razones. El aparato digestivo es el mayor componente del sistema inmune. Además de que  una respuesta autoinmune es obviamente dañina para el cuerpo, también provoca que los ataques que debieran ir dirigidos a un ente perjudicial dispongan de menos herramientas a su disposición. Cualquier infección se vuelve más difícil de combatir, desde un trivial virus estomacal a una gripe porque las defensas están ocupadas en otra tarea, y de forma crónica.

El síndrome del intestino permeable, más frecuente cada vez, es también un gran culpable de que las enfermedades autoinmunes se manifiesten. Este síndrome ocurre al permitir que ciertas sustancias se filtren a la sangre a través del tejido intestinal, de forma que empieza una reacción de ataque a esos elementos ajenos, que no deberían estar ahí. Si no se hace nada, esto se repite día tras día, una comida tras otra, a lo largo de los años, hasta que la situación es ya insostenible.

Sin deseos de crear demagogia barata o sustituir el consejo médico, es cierto que hay ciertos alimentos que se nos dice que son sanos y, sin embargo, son los que desencadenan, provocan o refuerzan esta respuesta autoinmune. Al consumir estos alimentos se manifiesta una alergia, intolerancia, enfermedad o inflamación que estaba en estado latente o no desarrollado aún. Frecuentemente, al dejar de consumir estos alimentos, se recupera el estado saludable del organismo y la enfermedad vuelve a estar latente o se anula, dejando de manifestarse.

Mañana contaré un poco más al respecto.


sábado, 4 de mayo de 2013

Las reglas de Grok



Me encanta Mark Sisson. Me gustan sus principios, su estilo de vida, me gusta cómo habla y su actitud positiva. A sus 60 años es un gran ejemplo de equilibrio. Igualmente me declaro entusiasta de su libro The Primal Blueprint, que en algunos meses saldrá en español. Está estructurado sobre 10 normas básicas que definen la conducta paleolítica (o "primitiva", como él dice) que podemos aplicar en nuestra vida. A lo largo de los capítulos compara a Grok, un personaje tipo del paleolítico, con Korg, que es su antítesis moderna y arquetipo del individuo del siglo XXI.

Las reglas de Grok, o primitivas, se pueden consultar también en su blog Mark's Daily Apple. Hoy vamos a ver estas reglas y en lo sucesivo las comentaré con un poco de detalle y explicaré cómo las sigo y mi punto de vista al respecto. Estas son las 10 reglas:
7. Juega.

No me cansaré de recomendar The Primal Blueprint y espero que sí salga pronto en español. Es una obra muy práctica y, de alguna forma, "permisiva", ya que sigue la famosa regla del 80/20. Se trata de porcentajes y se refiere a que hagas todo lo mejor posible el 80% del tiempo y te permitas un desliz el 20% restante. Es cierto que hoy en día con todo lo que nos rodea (comida, bebida, tecnología, transporte, etc.) es casi imposible cumplir al 100%. Además debemos añadir el componente social de nuestras vidas. La regla del 80/20 nos libera de ese estrés y hace que una vida paleolítica sea posible en el mundo moderno. Mark también propone (que no obliga) la cetosis inducida en caso de que consideres que te puede beneficiar. Sin embargo recomienda no quedarse en este estado metabólico, sino únicamente alcanzarlo en caso de que la pérdida de peso sea una auténtica prioridad.

¡Gracias por todo, Mark!


jueves, 31 de enero de 2013

Variantes de la dieta paleolítica

Dentro del mundo paleo hay muchas opiniones, vertientes y personalizaciones individuales. Estamos hablando de una aproximación a una dieta óptima, y de ahí que esto ocurra. Cada cuerpo es diferente pero también lo es cada forma de pensar y cada persona con sus circunstancias. A ello se le suma que en cada libro, página, podcast u otra fuente, sus autores tienen un determinado punto de vista. Algunos son totalmente estrictos con los lácteos y otros no tanto y lo mismo ocurre con ciertas variantes de verduras, por ejemplo, que algunos rechazan incluir dentro de su alimentación por considerarse de reciente introducción para el consumo humano. Es por ello que me gustaría explicar un poco algunas de estas aproximaciones.

Primero, vamos a fijarnos en quien se le considera el principal propulsor de la dieta, Loren Cordain. Su libro The Paleo Diet sentó, probablemente, las bases mayormente aceptadas. No fue el primero, pero quizás el más famoso. Prácticamente todas sus instrucciones se consideran válidas actualmente y además ha aportado una gran cantidad de recursos al mundo paleolítico a modo de referencias que nombra en su en su obra. Recientemente lanzó The Paleo Answer, donde modifica algunos de los parámetros previamente dados, basándose en estudios recientes. Entre esos cambios podemos encontrar que acepta el consumo de mantequilla por no contener elementos que suelen producir respuestas negativas en algunas personas. Otros, como Mark Sisson, no se autoconsideran paleo como tal porque sigue sus principios pero se permite relarjse de vez en cuando para disfrutar ciertos placeres neolíticos puntualmente. Se autodenomina "primitivo" y así ha publicado The Primal Blueprint.

A continuación, veamos algunos puntos variables que proponen algunos autores o seguidores:
-Lácteos. Censurados para quien padezca intolerancia a la lactosa, algunos seguidores de la paleo dieta los consumen. Entre los que sí lo hacen, suelen limitarse a productos con cantidades bajas de lactosa y, a veces, de proteína, como es el caso de la mantequilla o la nata. Las fuentes de lácteos deberían ser orgánicas, de animales alimentados con hierba y sin procesamiento posterior (ni homogenización, ni pasteurización, ni desnatado). Así, entre otras cosas, se garantiza que la leche contendrá lactasa, que es la enzima que no producen aquellos a quienes la lactosa perjudica. Para que la leche esté en condiciones óptimas deberá ser extraída directamente de la vaca, sin que entre en contacto con agentes externos que puedan contaminarla. Sólo he probado esta leche una vez en mi vida, comprada en el mercado de Borough, en Londres. He de decir que estaba sorprendentemente buena, densa, con cuerpo.
-Orgánico. Se recomienda que todo lo posible se adquiera en forma orgánica, puesto que es más natural. Aquí entra en juego, sobre todo, la disponibilidad de los productos y el presupuesto de cada uno. Las reses alimentadas con hierba entrarían en una valoración similar.
-Cetosis. Hay quien considera que la dieta paleolítica es cetogénica (que origina cetosis) y hay quien opina lo contrario. También hay quien prefiere elegir hacerla de una o de otra manera. En realidad esto sería lo correcto, eliminando la etiqueta de si lo es o no. Como este concepto es bastante avanzado, lo explicaré más adelante. Consiste básicamente en que el cuerpo genera una serie de residuos derivados de la quema de grasas. Estos se pueden utilizar de forma similar al azúcar. Algunos autores consideran que este estado de cetosis es el estado natural de nuestro cuerpo y que no hallarse en él es la excepción, aunque en nuestros días es la regla.
-Almidón. No se le considera dañino para la mayoría de las personas, pero si innecesario. Además los alimentos ricos en almidón suelen ser bajos en micronutrientes. Pueden ser útiles para deportistas que necesitan tener repletos los depósitos de glucógeno de sus músculos. En The Paleo Diet for Athletes, Loren Cordain sugiere que se consuman después de entrenar, aunque siempre de fuentes paleolíticas, como el boniato, pero no patatas.
-Crudo. Hay seguidores de una versión de la paleodieta con los alimentos en crudo. Se sabe que el cocinado de alimentos tiene muchos milenios de antigüedad y hacerlo no supone un problema. Algunos se digieren mejor pero otros pierden micronutrientes. La opinión más generalizada es la de cocinar, ya que una pequeña pérdida de nutricional, en una dieta rica, no es problemática. Además evita infecciones y añade sabor a los platos. También es más sencillo comer socialmente de esta manera.
-Café. Hay quien lo rechaza, sobre todo por ser una fuente de cafeína, pero también porque su proceso de elaboración no suele ser limpio. Desde luego no se recomienda cuando se usa para notar los efectos de la cafeína, ya que se está consumiendo a modo de droga. Sería más como algo recreativo, sin pasarse de una o dos tazas al día y sin crear adicción. Ciertamente, al igual que el té, no es paleolítico, pero muchos consideran que no es dañino. El té, en general, sí que se acepta, aunque se recomienda el té verde por tener menos cafeína. Cualquier tipo de infusión herbal o frutal es perfectamente válida.

En cuanto a otros parámetros, ya fuera de la dieta, hay quien la complementa eligiendo, por ejemplo, productos libres de BPA (componente que se usa para endurecer ciertos plásticos y se considera altamente tóxico). Otras personas no usan jabones químicos, aunque generalmente es por razones de alergia. También hay quien filtra siempre el agua que consume. Como vemos hay algunas elecciones de la vida diaria que van más allá de la dieta. Algunas incluso entran en el terreno ético.

Por último, comento la regla del 80%, de Mark Sisson, con la que estoy muy de acuerdo. Básicamente dice que la perfección puede acabar contigo y es mejor hacerlo bien el 80% de modo que de vez en cuando nos permitamos empañar un poco un impoluto comportamiento. Y es que si comes bien toda la semana y el domingo te comes una pizza neolítica en lugar de una paleolítica, no pasa nada. Cada cual debe conocerse. En mi caso, que tolero bien los lácteos pero no los consumo y, a la vez, me encanta el helado, de vez en cuando cae alguno. Así mi cuerpo no se olvida de cómo se procesan y yo le doy las gracias por ser tan eficiente a la vez que disfruto de ese placer. Un toma y daca de los de toda la vida, oigausté.