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lunes, 24 de febrero de 2014

Cardio crónico


El ejercicio cardiovascular está considerado la imagen de la salud. Una persona que está corriendo, andando en bicicleta o saltando a la comba nos trae a la cabeza pensamientos positivos. Incluso suponemos que esa persona lleva una vida equilibrada, no tiene enfermedades o se alimenta correctamente. Al fin y al cabo quien tiene una buena costumbre probablemente tendrá muchas otras.

Consideramos la carrera, la bicicleta, el remo, el aerobic, zumba o aquagym como iconos de la buena forma física. Así que hoy toca hablar del cardio crónico, de hacer ejercicio aeróbico de forma compulsiva, simplemente porque sí, o porque nos han dicho que es lo mejor que podemos hacer con nuestro cuerpo, o porque pensamos (nos han vendido) que es el camino de la salud y un cuerpo envidiable.

¿Es esto cierto? ¿Realmente un corredor es una persona sana? Desde luego, tras una pequeña evaluación inicial, pensaremos que sí. Para hacer ejercicio es necesario un mínimo de salud. Pero al igual que ocurre con la alimentación o la medicina, el ejercicio no está exento de dogmas. Y tanto la alimentación como la medicina o el ejercicio deberían ser una parte natural de nuestro bienestar, y no unos procesos dictados por normas artificiales como "debes desayunar todos los días", "toma medicinas para bajar la fiebre" y "haz ejercicio aeróbico con frecuencia". 

Tenemos unos mecanismos para todo ello, aunque han dejado de estar regulados. El hambre existe para que sepas que tienes que comer, la fiebre existe para matar las bacterias que están felices a la temperatura corporal normal. En cuanto a las piernas... Bien, no las tenemos para hacer kilómetros de carreras, sino para movernos, entre otras cosas. No es normal salir a correr porque sí, como una obligación. Está bien hacerlo puntualmente, porque nos hace sentir bien o para salir un poco de la vida sedentaria que podamos llevar, pero nuestro diseño es para movernos frecuentemente a un ritmo lento.

Se nos ha enseñado que debemos hacer ejercicio cardiovascular para mejorar nuestro corazón y para quemar grasa. Con lo del corazón entraremos más adelante. Con respecto a la quema de grasa, las cosas no son tan sencillas. Cuando quemamos las calorías que tenemos almacenadas, una serie de sistemas regidos por nuestras hormonas nos darán la necesidad de comer nuevamente, sea a modo de hambre, ansiedad u otros. La única forma que tendríamos para luchar contra ello es nuestra fuerza de voluntad. Esto puede funcionar a corto plazo, pero finalmente acabaríamos desistiendo, por mucho empeño que pongamos. La naturaleza es más fuerte que el individuo y nuestro cerebro es muy potente, pero las hormonas ganarán la batalla.

En cuanto al tema del corazón, se supone que este tipo de ejercicios ligeros y prolongados son beneficiosos. ¿Hasta qué punto? ¿Por qué hay tantos casos de deportistas jóvenes que tienen una muerte repentina por problemas cardiacos? El corazón es un músculo, pero con particularidades. Una de ellas es que no percibe la fatiga de la misma manera. Cuando vamos al gimnasio a levantar pesas y llegamos al fallo muscular (la sensación de "no puedo hacer ni una repetición más"), probablemente al día siguiente tengamos agujetas. Además, esta extenuación provoca la llamada "supercompensación", que consiste en que durante el reposo (descanso y sueño) el músculo mejorará para adaptarse a ese esfuerzo en ocasiones posteriores. El corazón, sin embargo, puede supercompensarse (fortalecerse) de alguna manera pero ni ocurre fallo muscular (¡no puede permitírselo!) ni siente agujetas. Y así de fácil es que acabe por darse un problema en este órgano: no avisa de antemano.

No estoy diciendo que el ejercicio cardiovascular sea negativo, sino que es beneficioso cuando se realiza en su justa medida. Una cantidad mínima (en comparación a lo que nos han hecho creer) es saludable, pero un exceso es realmente perjudicial. Quienes suelen correr maratones tienen un aspecto poco saludable y son muy delgados, con poca masa muscular. Los velocistas, sin embargo, son todo lo contrario, y se asemejan más a la imagen real de un deportista o persona sana. Puede que no te guste el músculo y prefieras ver un cuerpo esquelético, pero el tejido muscular está generalmente relacionado con una buena salud. Una persona que no esté sana probablemente acabará perdiendo músculo, ya que este es "caro" de mantener para el cuerpo y si tiene otras carencias no se puede permitir mantenerlo.

En cuanto a la duración del ejercicio, hacer 15 horas de cardio por semana (y esto es una media de "sólo" 3 horas diarias de lunes a viernes) es una auténtica barbaridad, y en absoluto recomendable. Para deportistas de élite, evidentemente, esta norma no aplica, ya que tienen otro tipo de vida, de cuidados, alimentación, reposo, controles... Tampoco será sano para ellos quizás, pero igualmente tienen distintas metas que la persona media.

El ejercicio, como muchas otras cosas de la vida, y sobre todo de nuestro cuerpo y nuestras costumbres, es beneficioso a modo de campana de Gauss. Un poco de ejercicio es bueno, y mejor a medida que más se aumente, hasta llegar a un punto óptimo. Una vez superado ese punto, empieza el declive y es perjudicial. Empiezan los síntomas del sobreentrenamiento, la fatiga, cansancio crónico, falta de concentración.

No, el ejercicio cardiovascular en exceso no es sano.

¿Entonces por qué nos sentimos bien después de 2 clases seguidas de spinning varias veces por semana? Si se supone que las sensaciones, hormonas y estados anímicos tienen una función, ¿cuál es en este caso? Bien, esto habría que analizarlo, como siempre, fuera del entorno del mundo actual. ¿Por qué ibas a correr como si no hubiese mañana mientras estabas en tu campamento? Únicamente por diversión (juegos) o un peligro real. En el primer caso, probablemente sería de corta duración. En el segundo caso, lo que ocurriría es que te pararías únicamente cuando tuvieses la certeza de que el peligro había terminado. Esto quiere decir "sigo vivo/a". ¿Entiendes por qué te hace sentir bien? Sí, porque tu vida sigue adelante. Enhorabuena. Ahora no hace falta que le des a entender a tu cuerpo y tu cerebro que cada día te persigue una manada de leones. Por favor.

Esas horas que te pasas corriendo para hacer una maratón, los kilómetros que recorres continuamente sobre una bicicleta, la cantidad de vueltas que haces dar cada día a la cinta de correr en el gimnasio... ¿Realmente te están haciendo bien? Sigue adelante si simplemente te hace feliz, pero deja de hacerlo si tu propósito es la salud. Porque si quieres que tu cuerpo esté en mejores condiciones, es mejor un entrenamiento integral, con un poco de cada y menos de una sola cosa: intenta trabajar tu fuerza, tu flexibilidad, resistencia, potencia... en lugar de poner todos los huevos en la misma cesta. Ahora tienes 20, 30 o 40 años quizás, pero cuando tengas muchos más, verás que ha merecido la pena. E incluso puede que lo notes en muy poco tiempo. 


Mi consejo, un clásico: relájate y disfruta.


Imagen: sfmnews.com

viernes, 13 de septiembre de 2013

Entender las etiquetas en la alimentación: los 100, las raciones y los semáforos

En la última entrada hacíamos un resumen acerca de las etiquetas, repasando lo que aparece en la cubierta y en la sección de ingredientes. Vamos a completar el resto fijándonos en las distintas formas de presentación de la información nutricional.

En estas tablas, según como se presenten, se suelen incluir los valores de hidratos de carbono, proteínas, grasa y sal. A veces vienen desglosados y por ello podemos leer que dentro de las grasas aparece "de las cuales, saturadas" y lo mismo con los azúcares y otros.


Valores por cada 100

Esta es la forma más habitual en España. En Reino Unido también se utiliza esta fórmula ya que es una normativa de la Unión Europea. En otros países se puede encontrar de otras maneras, siendo muy habitual la información por ración, que es un dato que el fabricante elige. En Europa también está permitido y hay muchos envases en España o Reino Unido que la incluyen.

Cuando hablamos de "cada 100" nos referimos a cada 100g o 100ml, dependiendo del estado físico. Cuando está expresado en gramos nos permite hacer un cálculo directo del porcentaje de ese nutriente en peso. Así, si leemos que contiene 21g de proteína, sabemos que el 21% del producto es ese nutriente. A veces se oye o lee, erróneamente, que ese porcentaje es de calorías. Si tenemos en cuenta que los hidratos y proteínas tienen 4kCal/g y las grasas 9kCal/g, vemos que no podemos aplicar una conversión directa a calorías. Podríamos pensar que si el producto anterior tiene 5g de grasa por cada 100g de producto, aporta un 5% de calorías de la grasa. Sin extenderme más en el tema de los cálculos, habría que aplicar una fórmula buscando la proporción de las calorías de cada nutriente con respecto a las calorías totales.

La presentación de valores por cada 100 tiene la ventaja de que permite comparar alimentos similares de forma directa, independientemente de su fabricante, ya que la referencia de 100g o 100ml aparece en todas las etiquetas. La desventaja es que las raciones suelen ser de cantidades muy diferentes según el alimento. No es lo mismo una ración de lechuga que una de aceite, ya que la segunda suele ser mucho menor y puede ser difícil hacerse a la idea de cuánto consumiremos realmente.


Valores por ración

Fuente: kelloggs.es

El problema que presenta la información por cada 100g o 100ml se pretende subsanar indicando la cantidad de nutrientes por ración. Así, el fabricante elige un tamaño para la ración y nos indica la proporción de nutrientes en base a ella.

Parece una forma más acertada de acercarse al consumidor, pero tiene inconvenientes. El primero es que no es posible comparar entre marcas o gamas. Un distribuidor de aceite de oliva puede decidir que la ración son 15ml y otro 21ml e incluso el mismo fabricante puede decidir el tamaño de una ración para el aceite virgen extra normal y otro para el enriquecido, por poner un ejemplo. El segundo inconveniente es que la ración puede ser engañosa. Es frecuente en las cajas de cereales que aparezca que la ración son 30g (como en la foto superior) pero aquellas personas que los consumen suelen hacerlo en cantidades mayores. Al fin y al cabo se les dice que coman cereales para tener energía de sus carbohidratos. Aunque 25g fuesen carbohidratos, tendrían 100kCal de energía procedente de este nutriente, lo cual carece de sentido. En la etiqueta mostrada más arriba el valor es ligeramente superior debido a las calorías aportadas por grasa y proteína.


Semáforo nutricional

Fuente: bbc.co.uk

Es un sistema ampliamente implantado en Reino Unido, aunque en España no. Se basa en la presentación de valores por ración pero aparece en el frontal del producto. Se trata de asignar un color del semáforo según la cantidad de un nutriente por ración. Así, si la cantidad de grasas es elevada, se le asigna un color rojo; si es moderada, ámbar, y si es reducida o nula, verde. Lo mismo para la cantidad de grasa saturada en concreto y también para otros nutrientes como azúcar o sal.

La idea de este gráfico es buena. Pretende que el consumidor sepa de antemano si algo es sano o no para su salud. Sin embargo resulta también engañoso. El jamón serrano llevaría asociado el rojo para la grasa y sal; el aceite de oliva virgen extra, para la grasa, y el mango, ámbar para el azúcar. ¿Significa esto que son productos poco saludables? No. El mensaje que se quiere transmitir es el de moderación, pero no podemos equiparar la grasa de la margarina con la del aceite antes mencionado. El rojo implicaría que sea algo a consumir una o dos veces por semana, pero no cabe duda de que una o dos raciones incluso diarias de este aceite pueden ser saludables según el contexto.

La Unión Europea trató de implantar este sistema como obligatorio, siendo la presión de los lobbies alimentarios lo que hizo que no saliera adelante. Aunque no soy muy amigo de la industria alimentaria, sí que la apoyo en este caso. Lo que hay que hacer, en realidad, es más simple, aunque no lo parece porque son unos cuantos pasos, pero lógicos:
1. Dejar de comer alimentos procesados. A pesar de todo lo explicado en estas entradas, la realidad es que no deberíamos necesitar las etiquetas porque todo lo que comamos sea natural, y creado con respeto.
2. Tener criterio. Por mucho que aparezca en verde todo el semáforo, no es buena idea optar por algo artificialmente bajo en grasa, cargado de edulcorantes y sin sal pero con infinito glutamato monosódico.
3. Informarse. Ver qué es lo que tu cuerpo necesita realmente, saber de dónde procede aquello que está en la estantería del supermercado, indagar en los supuestos beneficios de una afirmación publicitaria... Tenemos las herramientas y, si la duda acecha, mejor se queda en esa estantería.
4. No generalizar. Que algo sea rico en grasa no implica que sea sano o no. Incluso en productos similares, esto puede diferir. La grasa de una ternera de cría intensiva es perjudicial; la de una ternera que ha pastado al aire libre, más que recomendable.
5. Elegir comida frente a productos. Algo que viene en una caja no suele ser comida, sino un producto. Aunque puntualmente podamos darnos un capricho, nuestra cesta de la compra debería estar limpia de aquello que no sea comida. Personalmente prefiero una cesta totalmente limpia y que esos caprichos sean en un entorno social, como una cena entre amigos, donde no nos preocuparemos del tipo de aceite usado o si la salsa del pollo lleva gluten. Y en casa, a cumplir. Elijamos lo que la naturaleza nos da, no aquello que el hombre ha transformado porque cree que es más sabio que ella.


Para finalizar esta información sobre las etiquetas me gustaría comentar dos cosas más.

La primera es con respecto a las calorías. Tendemos a pensar que aquello bajo en calorías es más sano e incluso lo decimos: "coge ese, mejor, que tiene menos calorías". Esto es un engaño, iniciado por la creencia errónea de la simplificación "calorías almacenadas = calorías ingeridas - calorías gastadas". Esta creencia se ha perpetuado y existe de manera natural en nuestro día a día. Odiamos a las calorías. Sin embargo tenemos que tener en cuenta que no todas las calorías son iguales ni todas las fuentes de alimento son malas. Entre el blanco y el negro hay infinitos grises, también en nutrición. Y recordemos que necesitamos calorías para vivir.

La segunda idea está directamente relacionada con la anterior y es un ejemplo de cómo reaccionamos ante esta creencia. En una ocasión se hizo un experimento donde se ofreció a distintas personas un bol con M&M's y se les dijo que podían comer hasta que no quisieran más. A algunos se les ofrecían tal cual y a otros se les dijo que eran una variedad light y se pintaron de otros colores, más claros. A los que se le ofreció la segunda variedad acabaron comiendo la mitad más que los de la estándar. Honestamente he de decir que si me pillasen en mis horas bajas no les iban a llegar las muestras ni para empezar. Mi adicción al azúcar es fácil de desencadenar y me hace olvidar los frenos. Aún así, el experimento es representativo de cómo nos dejamos engañar por una etiqueta.

Conclusión final: entender una etiqueta puede ser complejo, pero es necesario. Lo mejor, sin embargo, es poder evitarlas. Esto se consigue optando por comida real, como la naturaleza la proporciona.

martes, 10 de septiembre de 2013

Entender las etiquetas en la alimentación: propaganda y composición



¿Lees las etiquetas cuando vas a la compra? Deberías hacerlo, aunque la información que contienen es de lo más complicado. Si necesitas un poco de ayuda, sigue leyendo.

En una etiqueta de producto hay varios tipos de información así que veamos con qué nos podemos encontrar.


Cubierta

Lo que vemos directamente de un alimento es su portada, a modo de cartel de venta. Es lo que nos resume su contenido, nos da un título. Puede ser del tipo "ensalada mixta" o simplemente llevar el nombre comercial si se trata de un producto elaborado. Además nos encontramos con otro tipo de informaciones. Es aquí donde debemos empezar a desconfiar. Afirmaciones como "natural", "sano" o "ayuda a reducir el colesterol" pueden (y generalmente así es) significar respectivamente "en algún momento estuvo en la naturaleza", "la sabiduría convencional lo considera sano porque contiene algún nutriente que es bueno para ti" o "incluye algún componente que en algún estudio demostró que reducía el colesterol o bien no incluye colesterol en sí mismo". Si analizamos más en profundidad tenemos que "natural" puede incluir el colorante rojo que se extrae de los fluidos de la cochinilla en un laboratorio. También "sano" puede referirse a cereales integrales cargados de azúcar y otros aditivos porque se compara con los refinados, considerados menos sanos. Y si vemos que dice que "ayuda a reducir el colesterol" puede referirse a que no afecta en absoluto a sus niveles o bien que se lo han eliminado. Siguiendo con este ejemplo podemos anunciar claras de huevo bajas en colesterol, ya que se encuentra únicamente en la yema. Me llama la atención una marca de margarina que asegura que regula el colesterol. No estoy poniéndolo en duda pero personalmente no comería margarina para regular el colesterol. Esta marca añade esteroles vegetales, aceite de maíz y soja (entre otros), sorbato potásico, vitaminas sintéticas y más. Pero ayuda a regular el colesterol.

Esto significa que no debemos fiarnos de lo primero que leemos. Cuando una información nos parece negativa es mejor no coger ese producto, pero si nos parece positiva debemos hacernos preguntas. Ante la duda, descartar. Y es mejor no fiarse de esta palabrería que casi siempre busca la forma de evitar la ley para poder decir lo que el fabricante desee. En la foto de la entrada se indica que ese postre de soja es saludable. Permíteme que lo dude.

También me sorprenden algunas marcas que anuncian que su producto contiene 2 de las 5 raciones diarias de fruta y verdura. Señores, las raciones de fruta y verdura se deben comer de la fruta y verdura, no de un zumo exprimido, concentrado, con azúcares añadidos, conservantes y colorantes. ¿Queda claro? Fruta y verdura, como la naturaleza nos la da.


Ingredientes

Casi nadie mira los ingredientes de lo que compra y esto es sorprendente. Incluso quien los lee no saca beneficio de hacerlo o ni los entiende.

Lo primero que debemos saber es que los ingredientes se listan por cantidad. Es decir, que el ingrediente que prime en la composición será el primero y, posteriormente, los demás por orden decreciente. Por ejemplo, en una confitura de melocotón encontramos, entre otros: melocotón, azúcar y ácido cítrico. Esto supone que la mayor parte es melocotón, pero que también lleva azúcar y lo que menos contiene es ácido cítrico. A veces ocurre que el azúcar es el primer ingrediente. ¡Esto es una auténtica locura!

En ocasiones creemos saber la composición de algo y no nos paramos a leer. Hay productos que compramos con frecuencia y no nos damos cuenta si cambian su composición, así que es recomendable consultar los ingredientes igualmente. De la misma manera, algunos productos pueden parecer muy simples pero no lo son. Un día, con prisa, podemos llevar un pollo asado para calentar al llegar a casa, asumiendo que es pollo y nada más. Al fijarnos podríamos descubrir que incluye aceites vegetales de lo menos recomendables, todo tipo de conservantes, potenciadores de sabor, E-xxx, azúcar (¡sí, azúcar en el pollo!) y quién sabe qué más.


Quizás creas que algunos ejemplos puestos aquí son exageraciones. Te aseguro que no. Te sorprendería saber todo lo que puedes encontrarte si lees las etiquetas. Y te animo a que cojas productos aleatorios y te fijes en la cantidad de ingredientes que contienen, en cuantos de ellos no conoces y cuantos se suponen que ni siquiera son necesarios.

Queda mucho por contar de las etiquetas. Será en breve.



Imagen: es.openfoodfacts.org

martes, 9 de julio de 2013

Dentro de la industria alimentaria: Food Unwrapped


He descubierto un programa británico que se emite en Channel 4 y se llama Food Unwrapped, algo así como "comida al desnudo" o, literalmente, "comida desempaquetada". Y trata precisamente de desvelar algunas dudas acerca de cómo se procesa la comida que llega a la estantería del supermercado. Cada programa arranca con los presentadores llamando al centro de atención al cliente y preguntando algo acerca de un producto para ver qué respuesta les dan. Generalmente, es una mera suposición que no es cierta. No se trata de preguntas con trampa, sino de cosas que nos podríamos preguntar en algún momento; como "¿de que está hecho realmente el surimi?", "¿es dañino el moho del pan pero no el del queso?", "¿cuál es la diferencia entre zumo puro y zumo exprimido?", "¿por qué el pan de los sandwiches preparados se mantiene seco a pesar de tener una rodaja de tomate al lado?".

Hay algunos productos que en España no conocemos pero la mayoría de los que tratan en los programas son comunes a ambos países. Recordemos que estamos hablando del Reino Unido y puede que muchas cosas no sean aplicables a España, pero debido a la gran regulación impuesta por la Unión Europea, muchas normas aplican al conjunto de sus integrantes. Algunas de las cosas que nos enseña:
-El queso en lonchas que se pone en las hamburguesas contiene tan solo un 10% de queso. El resto son aditivos como aquello llamado genéricamente "aceite vegetal" (que generalmente es de soja o colza, pero queda mejor decir "vegetal", que suena a "sano").
-Los kebab, a pesar de que en la fábrica que visitaron el proceso era más o menos correcto (excepto porque una pequeña cantidad es de productos como harinas y otros aditivos), no fue así en los análisis. Cogieron kebab de distintos restaurantes y los analizaron. La mayoría tenían carne de distintos animales mezclados. Todas las carnes eran consideradas de consumo habitual en el Reino Unido, como ternera, pollo o cerdo. Un momento... ¿cerdo? Sí, para el británico medio, el cerdo no supone un problema, pero se supone que es comida creada por musulmanes y aunque se pueda llegar a entender que tenga "un poquito" de ternera, no cabe en la cabeza que lleve cerdo. No se hallaron restos de caballo o burro en ninguna muestra. En todo caso, el doner kebab debería ser de cordero.
-El caldo de carne (tipo "Avecrem"), no contenía proteína alguna, aunque se supone que estaba hecho de eso, de carne.
-Para conservar las manzanas durante meses sin que se estropeen, se guardan en cámaras en las que se elimina el oxígeno, desplazándolo mediante nitrógeno. En ausencia de oxígeno las manzanas no se oxidan y, por tanto, no siguen madurando. Para sacarlas a la venta las hay que dejar ventilando un rato y luego se sigue con el proceso normal. Todo esto no resulta escandaloso, pero sí que es para cuestionarse hasta que punto deberíamos consumir aquello que está fuera de temporada. Lo que tenemos cada estación es lo que deberíamos comer ya que así hemos evolucionado, no ya como individuos, sino como ecosistema. Por ejemplo tenemos naranjas en invierno y son altas en vitamina C y nos ayudan con las defensas ante los meses de frío. Es un resumen burdo pero sirve para entender la idea.
-La mayonesa baja en grasa lleva goma xantana y goma guar. Sin entrar en detalles, no comas lo que no sabes qué es, ¡hombre ya! Y vamos a añadir ahora un "NO ME JODAS". ¿Por qué? Pues porque decir "mayonesa baja en grasa" es casi como decir "aceite bajo en grasa". El mayor volumen de la mayonesa es huevo y aceite, es decir, algo bastante graso con algo que es grasa en sí. Por lo tanto no tiene sentido una mayonesa baja en grasa. Si no quieres grasa, no comas mayonesa, porque estarás cambiando grasa por química pura y dura. And ya body doesn't like tha, bitch!
-Teniendo vino "inglés" y vino "británico", este último se produce realmente a través de un concentrado de mosto importado de España. El concentrado no es más que una reducción del mosto para hacerlo más fuerte. Posteriormente se añade agua y azúcar y se fermenta. Como curiosidad nos comentan que una botella que vale £2.50 (un Don Simón, vaya), en realidad es casi todo impuestos, siendo £0.09 el valor real del vino. ¿Un litro de vino por 10 céntimos? Como se diría en mi tierra "¡ha de ser bo de carallo!", y en castellano estándar es un hermoso "¡será bueno de cojones!". Nótese la ironía. Con el tema del vino inglés/británico/español, resulta que la legislación actual permite estas cosas. Mire usté, a mí legísleme bien que aunque no beba vino esto es de juzgado de guardia.
-Las aceitunas... ¡Ay las aceitunas, qué drama! Esto se grabó en España y nos enseñan que las meten en una solución de sosa cáustica. Oiga, me parece muy bien que luego las limpien o hagan lo que quieran pero... ¿en serio? ¿sosa? Por cierto, aproveche usted, querido/a lector/a para ver los maravillosos ingredientes que contienen las aceitunas. Una vez me fijé y flipé. No encontré una sola marca que no llevase cosas raras. En cuanto a las aceitunas en sí nos cuentan que las negras (que son iguales que las verdes pero maduras) se someten a un proceso de oxidación artificial para que queden tan negras como esperamos verlas, ya que de por sí son menos oscuras. Como anécdota, en cuanto a lo de la sosa, el muchacho español habla en inglés con la muchacha británica pero se refiere a este químico con el nombre sin traducir, con lo que ella le pregunta que WTF es "sosa" que ella no lo pilla. Y el hombre en plan "pos... sosa... ¡es sosa! Hija, de toa la vida de Dios, endevé, sosarrrr, ¡ea!". Nena, vente con el Collins bajo el brazo, chiquilla, que soy yo y te digo que es soseition en menos que canta un chicken. Menos mal que el narrador lo explica luego.
-Mi favorito fue el de los anacardos. Todo empieza con la llamada a atención al cliente: "¿por qué en el supermercado no hay anacardos con cáscara?". Esto me intrigaba especialmente porque hay algunas fuentes paleo que admiten el consumo de anacardos y otras que no, mientras que hay otras que directamente los ignoran (ni los admiten ni los censuran). Hace tiempo vi en un foro que no se deberían comer porque están dentro de una fruta extremadamente amarga y si los debiésemos comer la naturaleza no lo habría puesto ahí. Tiene sentido, pero alguna vez los he comido porque seguía con la duda y me encantan. Creo que ya no los volveré a comer más. Los anacardos aparecen en la naturaleza dentro de una protección que no es que sea amarga, sino directamente tóxica por un aceite que tiene. Es tal esta toxicidad que es necesario quemar la cáscara para que esta se abra y además pierda el aceite. Además incluso es corrosivo con las manos y se ve que los operarios llevan guantes para tratarlos pero algunos acaban con las manos hechas una pena. Tras esto sí que pienso que si la naturaleza quisiera que los comiésemos nos habría facilitado un poquito las cosas.

Si te interesa todo esto, también en su momento Salvados hizo un programa acerca del procesado de la comida y fue bastante esclarecedor. 

Al final, resulta que de todo lo que nos muestran tampoco es para echarse las manos a la cabeza (aunque personalmente no comería ese "queso" o esa "mayonesa"), que todo está bastante controlado y se supone que es seguro. Pero sólo se supone. Todo es un engranaje y la comida pasa por tantos procesos (limpiado, calentado, enfriado, encerado, acidificación, alcalinización...) que muy poca esencia se mantiene.

Después de haber visto todo esto me alegro aún más de seguir una alimentación paleolítica, en la que lo real prima sobre la ficción de creer que estamos alimentándonos. Lamentablemente no se puede escapar de todos los engaños a los que nos somete la industria pero la información es poder y, al final, es capacidad de elección. Elegir productos con el menor procesado posible nos acercará más a la comida de verdad y nos alejará de la química innecesaria y los engaños.


Imagen: Channel 4

sábado, 13 de abril de 2013

Balance energético y cardio crónico



Las calorías son una unidad de energía. Una caloría es la cantidad de energía que se necesita para incrementar 1ºC 1g de agua pura, a 1 atmósfera de presión y pasando de 14,5ºC a 15,5ºC. Cuando hablamos de ellas en términos de nutrición, solemos referirnos a 1kCal (kilocaloría), con lo que la definición anterior sería para 1kg de agua. Teniendo en cuenta que un valor habitual para una dieta son 2000kCal (caso genérico para una mujer adulta), vemos que las necesidades energéticas diarias son más bien elevadas.

No importa que nos refiramos a que las calorías se quemen o se ingieran, puesto que la medida es la misma. La diferencia entre uno y otro caso es que unas son negativas con respecto a las otras. Si consideramos las calorías que almacenamos en el cuerpo, serían positivas (sumarían) las ingeridas y negativas las que gastemos.

El balance energético, por su parte, se trata de equilibrar el gasto y la ingesta de calorías. En términos generales, un balance energético negativo implica perder peso y si es positivo lleva a una ganancia. Otros factores serán los que determinarán qué tipo de tejido se ganará o perderá. Se suele recomendar que la diferencia entre el consumo ideal y el que se tome como objetivo (el que ayude a ganar o perder) esté entre las 300 o 500kCal. En una entrada anterior hablaba de que en su momento probé estos cálculos y expliqué como sí que funcionan aunque no son necesarios en una dieta paleo. Cuando hablamos de equilibrio energético o balance energético neutro, nos estamos refiriendo a ingerir y quemar la misma cantidad de calorías.

En una dieta convencional de pérdida de peso se recomienda, obviamente, ingerir una cantidad de calorías más baja que la que mantenga el equilibrio de energía. Así se logra una pérdida de peso constante. Esto debe ir acompañado de ejercicio moderado. Al conjugar estos dos factores es donde las dietas convencionales son incoherentes. Estos consejos van ligados a un consumo de hidratos de carbono de asimilación lenta para mantener los niveles de energía estables. Esto, traducido al castellano raso, quiere decir que comas cereales integrales para que no te desmayes. La teoría es que los cereales integrales te van a dar energía para poder hacer ejercicio. Pero si quieres perder peso, realmente no debes obtener energía extra, sino que debes quemarla. Al seguir el consejo de comer cereales integrales estás consumiendo calorías vacías, que no aportan casi micronutrientes.

Hablemos de números: una persona de unos 70kg, corriendo a ritmo moderado, puede quemar unas 200kCal, más o menos. 4 rebanadas de pan de molde integral contienen 240kCal. Aunque se logre un equilibrio estamos provocando un pequeño estrés sobre nuestro cuerpo que provocará una ligera predisposición puntual al almacenamiento de grasa. Es verdad que quemaremos una pequeña cantidad de grasa, pero es absurdo limpiar la casa con productos que ensucien.

La supuesta forma de pasar la ecuación a un punto favorable, según las instrucciones del mundo convencional y moderno, consistiría en aumentar la diferencia quemar/ingerir. Esto suele acabar llevando a reducir las calorías y puede acabar provocando deficiencias no sólo de estas, sino también de proteínas, grasa (que es muy necesario consumirla si queremos perderla), vitaminas o minerales. Ocurra esta reducción de la ingesta o no, podemos aún así acabar por entrar en un círculo de cardio crónico. Esto significa realizar ejercicio cardiovascular a niveles extremos, agotando nuestras fuerzas y creando un estrés mayor a nivel metabólico/hormonal. Si nos gusta correr en una cinta y disfrutamos con ello, es sano seguir haciéndolo, pero no lo es cuando el placer se convierte en suplicio, sufrimiento y mal humor, aunque después nos encontremos bien. Pedalear maldiciendo la propia situación puede resultar una terapia en un momento puntual, pero no debe ser una costumbre a practicar varias veces por semana.

Al final, la mejor forma de perder grasa, es un estado de cetosis. No lo quiero recomendar directamente porque entiendo que es difícil de alcanzar y exige mentalizarse (aunque no sufrir) para poder mantenerla. Si optamos por hacer ejercicio cardiovascular para perder peso, claro que es una buena opción, aunque hemos de tener claro que no debe ser estresante ni crónico y, sobre todo, hemos de disfrutar con ello, igual que con cualquier actividad que podamos elegir (ocio, trabajo, salidas, aficiones). Si nos privamos del disfrute a la hora de practicar ejercicio es mejor no hacerlo. En cuanto a la forma de recargarnos para poder afrontar esta actividad física lo ideal es respetar las normas de siempre: come fuentes de calidad que no solo aporten macronutrientes sino también micronutrientes y aléjate de las calorías vacías, insisto. Y recuerda que, aunque parezca contraproducente, es necesario comer grasa para quemar grasa.

miércoles, 6 de marzo de 2013

¿Esto es orgánico?

Bajo el sugerente título de "Se venden huevos de gallinas no estresadas", la edición digital de El País contaba, hace tan solo dos días, la realidad del panorama de la producción de productos orgánicos y ecológicos.

En Alemania se descubrieron 150 granjas que comercializaban como biológicos huevos que no lo eran. Para poner el sello de "orgánico" es necesario pasar una serie de estrictos controles y los inspectores se presentan anualmente y también de forma aleatoria. En España, hasta la fecha, no ha habido grandes deficiencias. En todo caso, lo de Alemania no quiere decir que las condiciones hayan sido nefastas, pero sí que no cumplían con los requisitos para considerar el producto como orgánico.

La Unión Europea prevé hacer cambios en el reglamento al respecto de estas certificaciones para simplificarlo y armonizar los controles. En cada país puede haber variaciones. Actualmente estos controles los llevan a cabo organismos certificadores privados.

Recordemos que los productos orgánicos no tienen por qué ser más nutritivos, pero sí más naturales, con muchos menos productos químicos (únicamente los imprescindibles). Falsear la identificación de productos convencionales vendiéndolos como orgánicos implica pagar un precio mayor por algo que no lo merece. La producción orgánica implica que las cantidades obtenidas sean ligeramente inferiores a la convencional y también por este motivo el coste es mayor.

domingo, 27 de enero de 2013

Lo convencional

En los círculos paleolíticos se suele hablar de lo "convencional" contrapuesto a lo que suelen ser las opciones consideradas correctas. Vamos a ver 3 casos y el porqué de cada uno:

-Sabiduría convencional. También llamada "creencias populares". Tenemos muchísimas creencias y gran parte de ellas son erróneas pero las aceptamos porque las hemos oído siempre. Por ejemplo, véase esta entrada anterior. Otros ejemplos de la sabiduría convencional dicen que hay que hay que abrigarse en invierno para no enfermarse. Quien me conozca sabe bien que casi nunca me abrigo y, sin embargo, es raro que me resfríe. Al abrigarnos damos calor a nuestro cuerpo impidiendo que el suyo propio se escape pero, a su vez, damos calor a los virus y bacterias que están más felices cuanto más próximos a los 36ºC se hallen. Por cierto, mi abuela, en Galicia, anda en invierno con un jersey fino y los hombros descubiertos. Tampoco se enferma nunca. Al vivir con la calefacción a todo trapo e ir de casa al trabajo sin pisar la calle en invierno, estamos yendo contra natura. El invierno también hay que vivirlo. Incluso hay beneficios por usar agua fría. En verano, lo mismo. Aire acondicionado y sombra, sombra, abanicos y más aire acondicionado. Es una locura. Nadie quiere estar expuesto al sol de mediodía en verano, pero recordemos por ejemplo el caso de la vitamina D. La sabiduría convencional también nos dice que comer grasa hace que almacenemos grasa y unas cuantas cosas más.

-Cultivo o cría convencionales. Es el opuesto de lo orgánico. Si bien lo orgánico debería ser lo habitual y, por tanto, lo convencional, no es así. Orgánico no es más que plantar cebollas o tomates sin más, o criar animales como la naturaleza predispone. Sin pesticidas, sin química, sin antibióticos, etc. Aunque existe la excepción de que se pueden utilizar pequeñas dosis en casos justificados, como que un ternero tenga una infección, por ejemplo. Cada vez que pienso en "orgánico" me viene a la mente lo absurdo del término. "Orgánico" es la excepción, pero debería ser la regla. Hemos corrompido todo. La dieta paleolítica apuesta por el consumo de productos orgánicos en la medida de lo posible, aunque todos sabemos que son más difíciles de encontrar y más caros.

-Medicina convencional. Se podría considerar parte de la sabiduría convencional, pero merece un apartado propio. La medicina convencional actual suele intentar ocultar síntomas antes que prevenir. Un ejemplo es el uso de antiinflamatorios. La inflamación puntual es necesaria y recomendable. Es una respuesta del cuerpo ante un estado transitorio que tiene que solucionarse. Es como reparar un coche. Considero que el gran problema no es de los médicos, sino de los pacientes, que pretendemos entrar en la consulta para solucionarlo todo sin esfuerzo. Si tenemos una infección de garganta nos tomamos unos antibióticos y santas pascuas. Es cierto que a veces puede ser necesario según la gravedad y las circunstancias de cada uno, pero el abuso se ha dado desde hace mucho tiempo. La medicina convencional, además, suele obviar que muchos de los problemas de salud son derivados de la dieta. Pueden ser carencias de vitaminas, escaso o excesivo aporte calórico, poca variedad, etc. La dependencia de los medicamentos en detrimento de un correcto consumo de alimentos nos está convirtiendo en sujetos débiles, incapaces.

Como vemos, lo convencional nos está alejando de lo natural, de lo que somos. Podríamos incluir una categoría de comida convencional, en la que englobaríamos todos los alimentos procesados que se han convertido en habituales. Mira tu despensa y tu nevera. ¿Cuántos paquetes de más de 5 ingredientes encuentras?