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viernes, 21 de junio de 2013

Limpiador dental de salvia y menta


El otro día robé una idea de una colección de mi madre y ya la he probado. Se trata de un polvo que sirve para la limpieza dental. Sólo lleva 3 ingredientes: sal, menta y salvia. La receta original dice que se usen 12g de hojas de menta y otros tantos de salvia frescas más 25g de sal marina gruesa. No encontré salvia en el supermercado y tampoco quería esperar más, así que lo hice sin demora... y sin salvia. También lo hice, como siempre, a ojo. No he medido las cantidades, pero he hecho un cálculo aproximado. Es una receta es tradicional y la teoría dice que la sal es un abrasivo natural, la menta le da sabor y aroma, y la salvia es antiséptica. Esto quiere decir que mi mezcla no matará bichitos pero cuando consiga el ingrediente que falta se lo añadiré a la mezcla.

Una vez que leas los pasos pensarás que es más conveniente usar sal fina pero no es así, ya que el propio grano de la sal ayudará a moler las hojas. Necesitamos, además, un mortero, un colador, un recipiente hermético y una bandeja apta para el horno. Vamos a ver cómo hacerlo.

1. Precalienta el horno a 150º.
2. Lava bien las hojas y luego sécalas.

3. Pica las hojas en trocitos pequeños.

4. Extiende las hojas sobre una bandeja para el horno y cúbrelas con la sal.
5. Déjalas en el horno durante 20 minutos. Al sacarlas verás que la sal se quedará un poco amarilla por el contacto con la planta.
6. Machacar el resultado con un mortero. Es mejor hacerlo por tandas para conseguir que quede muy fino.
7. Colar la molienda y si quedan granos gruesos se vuelven a triturar.
8. Guardar en un recipiente hermético para que no se humedezca.

En resumen: hojas lavadas, secas y cortadas, con la sal por encima, 20 minutos a 150º y luego pasadas por el mortero y coladas. El resultado es totalmente satisfactorio. Se obtiene un polvo fino que incluso resulta bonito. La sensación en la boca es muy agradable, aunque es algo raro escupir de color verdoso cuando lo que estamos haciendo es limpiarnos. Perdón por lo gráfico de la descripción, pero me parecía necesario.

Para hacerlo no he usado la planta de menta que me compré el otro día y puse la foto en Facebook. Esa me la guardo para otra ocasión, que quiero ver si puedo mantenerla viva y, si no lo consigo, también la usaré antes de que sea demasiado tarde.

Lo más recomendable es que lo hayamos preparado con ingredientes orgánicos y así será de gran calidad y tampoco nos va a costar una fortuna. 

Ahora estoy experimentando también con el champú "no poo", más bien "sin champú", que es únicamente bicarbonato disuelto en agua. Después de usarlo hay que echar una solución de vinagre de manzana también en agua, para devolver la ligera acidez natural de la piel. Hasta ahora no es más que eso, un experimento, pero me gusta pensar que los productos de higiene se pueden simplificar y hacer mas naturales y agradables. Incluso nos acaban haciendo recuperar el equilibrio propio de las zonas donde los usemos, ya que la ausencia de químicos respeta más a nuestro cuerpo. Hace unos días que empecé con ello pero si quieres saber más, consulta esta entrada de ayer mismo en Eva Muerde La Manzana. Ella lleva haciéndolo mucho tiempo ¡y tiene el pelo largo!

miércoles, 6 de marzo de 2013

¿Esto es orgánico?

Bajo el sugerente título de "Se venden huevos de gallinas no estresadas", la edición digital de El País contaba, hace tan solo dos días, la realidad del panorama de la producción de productos orgánicos y ecológicos.

En Alemania se descubrieron 150 granjas que comercializaban como biológicos huevos que no lo eran. Para poner el sello de "orgánico" es necesario pasar una serie de estrictos controles y los inspectores se presentan anualmente y también de forma aleatoria. En España, hasta la fecha, no ha habido grandes deficiencias. En todo caso, lo de Alemania no quiere decir que las condiciones hayan sido nefastas, pero sí que no cumplían con los requisitos para considerar el producto como orgánico.

La Unión Europea prevé hacer cambios en el reglamento al respecto de estas certificaciones para simplificarlo y armonizar los controles. En cada país puede haber variaciones. Actualmente estos controles los llevan a cabo organismos certificadores privados.

Recordemos que los productos orgánicos no tienen por qué ser más nutritivos, pero sí más naturales, con muchos menos productos químicos (únicamente los imprescindibles). Falsear la identificación de productos convencionales vendiéndolos como orgánicos implica pagar un precio mayor por algo que no lo merece. La producción orgánica implica que las cantidades obtenidas sean ligeramente inferiores a la convencional y también por este motivo el coste es mayor.

jueves, 31 de enero de 2013

Variantes de la dieta paleolítica

Dentro del mundo paleo hay muchas opiniones, vertientes y personalizaciones individuales. Estamos hablando de una aproximación a una dieta óptima, y de ahí que esto ocurra. Cada cuerpo es diferente pero también lo es cada forma de pensar y cada persona con sus circunstancias. A ello se le suma que en cada libro, página, podcast u otra fuente, sus autores tienen un determinado punto de vista. Algunos son totalmente estrictos con los lácteos y otros no tanto y lo mismo ocurre con ciertas variantes de verduras, por ejemplo, que algunos rechazan incluir dentro de su alimentación por considerarse de reciente introducción para el consumo humano. Es por ello que me gustaría explicar un poco algunas de estas aproximaciones.

Primero, vamos a fijarnos en quien se le considera el principal propulsor de la dieta, Loren Cordain. Su libro The Paleo Diet sentó, probablemente, las bases mayormente aceptadas. No fue el primero, pero quizás el más famoso. Prácticamente todas sus instrucciones se consideran válidas actualmente y además ha aportado una gran cantidad de recursos al mundo paleolítico a modo de referencias que nombra en su en su obra. Recientemente lanzó The Paleo Answer, donde modifica algunos de los parámetros previamente dados, basándose en estudios recientes. Entre esos cambios podemos encontrar que acepta el consumo de mantequilla por no contener elementos que suelen producir respuestas negativas en algunas personas. Otros, como Mark Sisson, no se autoconsideran paleo como tal porque sigue sus principios pero se permite relarjse de vez en cuando para disfrutar ciertos placeres neolíticos puntualmente. Se autodenomina "primitivo" y así ha publicado The Primal Blueprint.

A continuación, veamos algunos puntos variables que proponen algunos autores o seguidores:
-Lácteos. Censurados para quien padezca intolerancia a la lactosa, algunos seguidores de la paleo dieta los consumen. Entre los que sí lo hacen, suelen limitarse a productos con cantidades bajas de lactosa y, a veces, de proteína, como es el caso de la mantequilla o la nata. Las fuentes de lácteos deberían ser orgánicas, de animales alimentados con hierba y sin procesamiento posterior (ni homogenización, ni pasteurización, ni desnatado). Así, entre otras cosas, se garantiza que la leche contendrá lactasa, que es la enzima que no producen aquellos a quienes la lactosa perjudica. Para que la leche esté en condiciones óptimas deberá ser extraída directamente de la vaca, sin que entre en contacto con agentes externos que puedan contaminarla. Sólo he probado esta leche una vez en mi vida, comprada en el mercado de Borough, en Londres. He de decir que estaba sorprendentemente buena, densa, con cuerpo.
-Orgánico. Se recomienda que todo lo posible se adquiera en forma orgánica, puesto que es más natural. Aquí entra en juego, sobre todo, la disponibilidad de los productos y el presupuesto de cada uno. Las reses alimentadas con hierba entrarían en una valoración similar.
-Cetosis. Hay quien considera que la dieta paleolítica es cetogénica (que origina cetosis) y hay quien opina lo contrario. También hay quien prefiere elegir hacerla de una o de otra manera. En realidad esto sería lo correcto, eliminando la etiqueta de si lo es o no. Como este concepto es bastante avanzado, lo explicaré más adelante. Consiste básicamente en que el cuerpo genera una serie de residuos derivados de la quema de grasas. Estos se pueden utilizar de forma similar al azúcar. Algunos autores consideran que este estado de cetosis es el estado natural de nuestro cuerpo y que no hallarse en él es la excepción, aunque en nuestros días es la regla.
-Almidón. No se le considera dañino para la mayoría de las personas, pero si innecesario. Además los alimentos ricos en almidón suelen ser bajos en micronutrientes. Pueden ser útiles para deportistas que necesitan tener repletos los depósitos de glucógeno de sus músculos. En The Paleo Diet for Athletes, Loren Cordain sugiere que se consuman después de entrenar, aunque siempre de fuentes paleolíticas, como el boniato, pero no patatas.
-Crudo. Hay seguidores de una versión de la paleodieta con los alimentos en crudo. Se sabe que el cocinado de alimentos tiene muchos milenios de antigüedad y hacerlo no supone un problema. Algunos se digieren mejor pero otros pierden micronutrientes. La opinión más generalizada es la de cocinar, ya que una pequeña pérdida de nutricional, en una dieta rica, no es problemática. Además evita infecciones y añade sabor a los platos. También es más sencillo comer socialmente de esta manera.
-Café. Hay quien lo rechaza, sobre todo por ser una fuente de cafeína, pero también porque su proceso de elaboración no suele ser limpio. Desde luego no se recomienda cuando se usa para notar los efectos de la cafeína, ya que se está consumiendo a modo de droga. Sería más como algo recreativo, sin pasarse de una o dos tazas al día y sin crear adicción. Ciertamente, al igual que el té, no es paleolítico, pero muchos consideran que no es dañino. El té, en general, sí que se acepta, aunque se recomienda el té verde por tener menos cafeína. Cualquier tipo de infusión herbal o frutal es perfectamente válida.

En cuanto a otros parámetros, ya fuera de la dieta, hay quien la complementa eligiendo, por ejemplo, productos libres de BPA (componente que se usa para endurecer ciertos plásticos y se considera altamente tóxico). Otras personas no usan jabones químicos, aunque generalmente es por razones de alergia. También hay quien filtra siempre el agua que consume. Como vemos hay algunas elecciones de la vida diaria que van más allá de la dieta. Algunas incluso entran en el terreno ético.

Por último, comento la regla del 80%, de Mark Sisson, con la que estoy muy de acuerdo. Básicamente dice que la perfección puede acabar contigo y es mejor hacerlo bien el 80% de modo que de vez en cuando nos permitamos empañar un poco un impoluto comportamiento. Y es que si comes bien toda la semana y el domingo te comes una pizza neolítica en lugar de una paleolítica, no pasa nada. Cada cual debe conocerse. En mi caso, que tolero bien los lácteos pero no los consumo y, a la vez, me encanta el helado, de vez en cuando cae alguno. Así mi cuerpo no se olvida de cómo se procesan y yo le doy las gracias por ser tan eficiente a la vez que disfruto de ese placer. Un toma y daca de los de toda la vida, oigausté.

domingo, 27 de enero de 2013

Lo convencional

En los círculos paleolíticos se suele hablar de lo "convencional" contrapuesto a lo que suelen ser las opciones consideradas correctas. Vamos a ver 3 casos y el porqué de cada uno:

-Sabiduría convencional. También llamada "creencias populares". Tenemos muchísimas creencias y gran parte de ellas son erróneas pero las aceptamos porque las hemos oído siempre. Por ejemplo, véase esta entrada anterior. Otros ejemplos de la sabiduría convencional dicen que hay que hay que abrigarse en invierno para no enfermarse. Quien me conozca sabe bien que casi nunca me abrigo y, sin embargo, es raro que me resfríe. Al abrigarnos damos calor a nuestro cuerpo impidiendo que el suyo propio se escape pero, a su vez, damos calor a los virus y bacterias que están más felices cuanto más próximos a los 36ºC se hallen. Por cierto, mi abuela, en Galicia, anda en invierno con un jersey fino y los hombros descubiertos. Tampoco se enferma nunca. Al vivir con la calefacción a todo trapo e ir de casa al trabajo sin pisar la calle en invierno, estamos yendo contra natura. El invierno también hay que vivirlo. Incluso hay beneficios por usar agua fría. En verano, lo mismo. Aire acondicionado y sombra, sombra, abanicos y más aire acondicionado. Es una locura. Nadie quiere estar expuesto al sol de mediodía en verano, pero recordemos por ejemplo el caso de la vitamina D. La sabiduría convencional también nos dice que comer grasa hace que almacenemos grasa y unas cuantas cosas más.

-Cultivo o cría convencionales. Es el opuesto de lo orgánico. Si bien lo orgánico debería ser lo habitual y, por tanto, lo convencional, no es así. Orgánico no es más que plantar cebollas o tomates sin más, o criar animales como la naturaleza predispone. Sin pesticidas, sin química, sin antibióticos, etc. Aunque existe la excepción de que se pueden utilizar pequeñas dosis en casos justificados, como que un ternero tenga una infección, por ejemplo. Cada vez que pienso en "orgánico" me viene a la mente lo absurdo del término. "Orgánico" es la excepción, pero debería ser la regla. Hemos corrompido todo. La dieta paleolítica apuesta por el consumo de productos orgánicos en la medida de lo posible, aunque todos sabemos que son más difíciles de encontrar y más caros.

-Medicina convencional. Se podría considerar parte de la sabiduría convencional, pero merece un apartado propio. La medicina convencional actual suele intentar ocultar síntomas antes que prevenir. Un ejemplo es el uso de antiinflamatorios. La inflamación puntual es necesaria y recomendable. Es una respuesta del cuerpo ante un estado transitorio que tiene que solucionarse. Es como reparar un coche. Considero que el gran problema no es de los médicos, sino de los pacientes, que pretendemos entrar en la consulta para solucionarlo todo sin esfuerzo. Si tenemos una infección de garganta nos tomamos unos antibióticos y santas pascuas. Es cierto que a veces puede ser necesario según la gravedad y las circunstancias de cada uno, pero el abuso se ha dado desde hace mucho tiempo. La medicina convencional, además, suele obviar que muchos de los problemas de salud son derivados de la dieta. Pueden ser carencias de vitaminas, escaso o excesivo aporte calórico, poca variedad, etc. La dependencia de los medicamentos en detrimento de un correcto consumo de alimentos nos está convirtiendo en sujetos débiles, incapaces.

Como vemos, lo convencional nos está alejando de lo natural, de lo que somos. Podríamos incluir una categoría de comida convencional, en la que englobaríamos todos los alimentos procesados que se han convertido en habituales. Mira tu despensa y tu nevera. ¿Cuántos paquetes de más de 5 ingredientes encuentras?