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miércoles, 26 de marzo de 2014

¿Qué puedo comer hoy?

¡Ya se me han vuelto a olvidar los Special K!

¡Ay, ay ay! Es la eterna pregunta: "No sé qué comer, no sé qué preparar, no sé cómo hacerlo... ¿Y tú, qué comes?" Yo no me complico.

Para mí, a pesar de que a veces publico recetas, la forma más fácil de elegir la comida es pensar en qué me apetece. Así que siempre tengo varias opciones en la nevera y la despensa, para combinar a voluntad.

Lo único que hay que hacer es combinar una o varias fuentes de proteína (carne, pescado, huevos, marisco) con alguna verdura y/o fruta y con alguna grasa (si la proteína es magra). En caso de que nuestros niveles de actividad sean elevados o bien porque así lo deseemos en algún momento, podemos añadir algún alimento rico en hidratos de carbono, como alguna fruta, boniato, batata, chirivía...

Algo sencillo y socorrido es coger una ensalada o unas verduras, una pechuga de pollo (proteína) que va a la plancha y regar todo con un buen chorro de aceite de oliva (grasa).

Lo mejor es tener en la cocina unos cuantos víveres de cada grupo anteriormente mencionado, y nada que debamos evitar. Además, nuestra lista de la compra debería dejar de ser del tipo "2 pechugas de pollo, 1 docena de huevos, 1 lechuga" y ser más del tipo "2 raciones de carne, ensalada para 2 días".

Cuando vayas a preparar algo, elige al menos un alimento de cada uno de estos, verás qué fácil:
-Proteína: pollo, pavo, hígado, sardinas, ternera, salmón.
-Verdura: brécol, remolacha, coliflor, espinaca, puerro, tomate.
-Fruta: uvas, plátanos, arándanos, moras, fresas, melón.
-Grasa: aceite de coco, aceite de oliva, grasa de ternera, grasa de pato.

Esta es una pequeña lista muy, muy básica, deja que vaya creciendo de forma natural y no te preocupes más por tus opciones, ya que acertarás seguro.

A esta lista puedes añadir frutos secos, aunque personalmente los tengo en casa solo para llevar al trabajo porque me resultan tan adictivos que los evito en la medida de lo posible.

Deja de complicarte con platos complicados, a no ser que disfrutes realmente cocinando. A mí me gusta hacerlo, pero soy lento y un poco desastre, así que esto me funciona mucho mejor. También intento recordar comer marisco e hígado al menos una vez por semana y pescado azul por lo menos dos veces.

En resumen, coge varias cosas y prepáralas. No es necesario que hagas cada cosa por un lado. Si haces un salmón con puerros, tomate, berenjena y cebolla, corta y saltea las verduras, haz el salmón en otra sartén y luego júntalo todo. Y si es una ensalada, aún más fácil porque te evitas un proceso de cocción.


Imagen: www.mundochica.com

sábado, 1 de marzo de 2014

Productos básicos por muy poco dinero


Ya sabemos la fama que tiene la dieta paleolítica de ser cara aunque no es realmente cierto. He discutido esto con anterioridad.

La comida de verdad tiene un precio superior por varias razones, entre las que podemos destacar:
-No suele estar subvencionada (como los cereales).
-No contiene productos que alarguen su vida útil (cualquier excedente se tiene que descartar).
-Exige una producción más cuidadosa (encarece el resultado final).

Aún así, cuando el presupuesto aprieta, podemos construir nuestro menú alrededor de opciones que pueden ser más económicas. No serán las más óptimas, pero sí mucho mejores que seguir una dieta estándar aunque sea con productos de primera calidad. Después de mi reciente y largo cambio laboral, he aprendido unos pequeños trucos para seleccionar ciertos alimentos. En momentos así, es importante dar prioridad a la economía, porque tenemos 2 opciones: alimentos de calidad óptima y dejar de comer medio mes (esto se pasa de ayuno intermitente) o bien reducir ligeramente la calidad y poder alimentarnos todos los días (vale, excepto algunos si es que ayunamos...).


Veamos, pues, una lista de alimentos que nos pueden salvar en épocas de vacas flacas:

-Sardinas: una fuente muy rica de ácidos grasos omega-3, imprescindibles. Tu cuerpo no puede fabricarlos así que es necesario ingerirlos, y las fuentes vegetales no son una buena opción. Cocinarlas en casa puede ser incómodo y además dejan demasiado olor, pero las sardinas enlatadas servirán. Elígelas envasadas solo con agua o si no en aceite de oliva. Si puede ser, que este aceite sea virgen extra. Este producto no solo es económico, sino que dura mucho tiempo en la despensa, así que las puedes tener también a modo de comodín. Vigila que no tengan ningún ingrediente añadido. Esta conserva podemos considerarla natural puesto que no lleva productos químicos, sino que el pescado aguanta intacto debido a que se ha cocinado en su justa medida y también esterilizado. En Londres puedes encontrar latas de 80-90g de sardina en salmuera ("brine") o en agua por aproximadamente £0.60.

-Espinacas: muy ricas en vitamina C y otros nutrientes. Una pequeña cantidad en peso da para preparar una gran ensalada. Ya que la parte comestible es una hoja, está potencialmente expuesta a pesticidas. Por ello es mejor comprarla orgánica o, mejor, a algún granjero de confianza, que nos la dejará a mejor precio. En Londres visita mercados de granjeros, donde podrás ver el producto, preguntar (siempre están dispuestos a responder y son honestos) y comparar. Hay muchos a lo largo de la ciudad, dependiendo del día y la zona. Consúltalos en la web http://www.lfm.org.uk

-Frutas: intenta evitar aquellas que sean especialmente dulces o poco nutritivas en comparación con sus calorías (como la manzana o la pera). Así evitarás la tentación de seguir comiendo dulce y podrás, por tanto, echar el freno. Opta mejor por pomelos y limones, que vienen muy bien en invierno y además tienen una piel gruesa que impiden que los productos químicos pasen al interior. Prácticamente todas las frutas del bosque son también muy recomendables porque ser muy nutritivas a la par que bajas en azúcar. En este caso es mejor que las elijas orgánicas, por razones similares al caso de las espinacas.

-Pechuga de pollo: la carne magra como esta viene prácticamente libre de toxinas, puesto que estas se almacenan en el tejido adiposo (la grasa del animal). Sabemos que la grasa es buena, es nuestra amiga, la queremos y la necesitamos, pero debe venir sin residuos. Hormonas y medicamentos dados a los animales se quedan en las células grasas que precisamente la pechuga de pollo no tiene. Así podremos optar por una aceptable y rica fuente de proteína aunque provenga de aves convencionales. En Londres el kilo de pechuga de pollo puede andar por las £7-£12. El mismo criterio es válido para el pavo, con un precio también similar. Además de lo comentado con respecto a la grasa, las otras partes del pollo no resultan tan económicas aun pareciéndolo a simple vista. Prueba a deshuesar alas y zancos y pesa la carne, verás que no sale a cuenta.

-Aceite de oliva: un clásico. No te la juegues y elige el virgen extra. Aunque sea un poco más caro, dura mucho, así que merece la pena. En Londres te recomiendo el de marca blanca de Sainsbury's, que es bastante económico y viene en botella de cristal oscuro, protegiéndolo de los rayos solares y evitando así que se estropee. Además es importado de España y dejamos un par de duros para la producción nacional.

-Aceite de coco: hace tiempo dejé de cocinar con aceite de coco virgen extra porque uno de mis compañeros de piso no soportaba el olor (ya, yo tampoco entiendo que a alguien no le guste que toda la casa huela a coco). Tras eso, empecé a usar una versión refinada, de la marca KTC. Según mis investigaciones, no hay de qué preocuparse. Se llama "Pure Coconut Oil" y no huele al calentarse. El aceite de coco funciona para un montón de recetas y es lo mejor a la hora de freír o hacer algo a la plancha debido a su termoestabilidad. Recuerda que a temperatura ambiente suele ser sólido y de color blanco. Puedes encontrar botes de 500ml (mejor si son de cristal que de plástico) por bastante menos de £3 en los ultramarinos asiáticos u "off-licence", por ejemplo en Brixton o Elephant & Castle. En España no lo tengo muy claro, supongo que lo ideal sería hacerlo por internet.

Evidentemente esta lista no es exhaustiva, sino unas pocas ideas que pueden componer el fondo de armario de tu cocina durante una temporada y un recordatorio de que es importante que nuestra comida sea todo lo nutritiva que podamos conseguir.


Un último consejo para cuando estés pelado/a: evita los caprichos. Tampoco es plan de que te tortures y si sabes que puedes parar con uno, adelante. Pero si eres como yo, probablemente un desliz te llevará a otro. En mi caso son los frutos secos.



Imagen: www.cuatro.com

lunes, 20 de enero de 2014

Fuentes vegetales de omega-3. ¿Son mejores que las animales?


Cuando oímos "vegetal" automáticamente asociamos esta palabra a "salud". Pues primeramente vamos a hacer una pequeña aclaración, ya que a veces se usa como sinónimo de "verduras", cosa que no es cierta. Si bien todas las verduras son vegetales, lo contrario no aplica. Según la RAE, "vegetal" (en su 2ª acepción, la más cercana a este caso) significa "perteneciente o relativo a las plantas" o bien, como sustantivo, es un "ser orgánico que crece y vive, pero no muda de lugar por impulso voluntario" (esta es la 3ª acepción). Lo que ocurre es que en inglés no existe la palabra "verdura", así que se dice "vegetal". Es un caso de interferencia lingüística y false friend al que ya nos hemos acostumbrado pero no deja de ser una incorrección. Todo esto para aclarar que hablaré de vegetales pero no de verduras específicamente.


La importancia del omega-3 reside en múltiples factores. Forma parte de muchos tejidos es nuestro cuerpo, participa en reacciones metabólicas, es antiinflamatorio... Pero su valor reside es que es esencial. Esto no significa simplemente que sea importante, sino más bien imprescindible. El cuerpo humano no puede fabricar omega-3, así que debe ingerirlo. Lo mismo ocurre con la vitamina C o con algunos aminoácidos. Si no ingerimos omega-3 inevitablemente tendremos problemas de salud.

Junto con el omega-3 tenemos a su amigo-enemigo omega-6. La familia de ácidos grasos omega-6 son también esenciales, imprescindibles, imposibles de sintetizar por los humanos. El omega-6 es pro-inflamatorio y compite con el omega-3. Una relación sana entre ambas grasas es de 1:1 o 2:1 de consumo omega-6:omega-3. La dieta occidental está en una proporciones locas que van de 10:1 hasta 30:1. ¿Nos extraña que haya tantos problemas de inflamaciones y enfermedades en general?


Hace unos días me encontraba con este producto en Mercadona:

Como me gustan los frutos secos y me resultaba apetecible, decidí llevarlo, no sin antes consultar la correcta lista de ingredientes. Ahí descubrí además que contenía un análisis nutricional más detallado de lo habitual, en el que se incluía la información de los ácidos grasos insaturados para ilustrar que efectivamente tenía altas cantidades de omega-3. Me sentí sorprendido gratamente al encontrarme con este dato aunque los valores mostrados no diferían demasiado de lo que esperaba leer: los números cuadraban.

Entre las fuentes vegetales de omega-3 podemos destacar muchos frutos secos, como la mezcla anterior. Destacan, por ejemplo, las nueces. En su composición por cada 100g contienen 9g de omega-3. Esto es una cifra realmente elevada (cosa buena). Por otro lado contienen también 38g de omega-6 (cosa no tan buena). Los números arrojan un resultado de 4,22:1 de proporción omega-6:omega:3. Y las nueces son, sin embargo, una de las mejores fuentes de estos ácidos grasos.

Los frutos secos son famosos en la paleo dieta precisamente por su alto contenido en omega-6. Son prácticamente la única fuente rica en este ácido graso y por eso se recomienda limitar su consumo. Bueno, por eso y también porque en el paleolítico no venían pelados y envasados de forma que pudieses tragarte medio kilo al día (como yo en Navidades, uffffff). Si nos fijamos en la composición por cada 100g de almendras veremos que el contenido de omega-3 es prácticamente inexistente y contienen 12g de omega-6. Si bien 12g es una cifra mucho menor que los 38g de las nueces, al no haber omega-3 en la ecuación su resultado es mucho más desequilibrado.

Esto no quiere decir que haya que olvidarse de los frutos secos, sino que deben consumirse con moderación. El omega-6 es también esencial, como ya he dicho.

Las fuentes vegetales de omega-3 tienen otra particularidad derivada de la naturaleza de estos ácidos grasos. Dentro de los omega-3 hay distintos tipos, siendo los EPA y DHA los que el cuerpo utilizará en última instancia. Fuentes ricas de estos son los pescados grasos o azules, como pueden ser el salmón, sardina o caballa. Las fuentes vegetales ricas en omega-3 presentan sobre todo el tipo ALA, que es por el que destaca el aceite de lino (de consumo habitual entre vegetarianos por este motivo). Las diferencias entre ellos son a nivel químico, teniendo el ALA 18 carbonos; el EPA, 20 y el DHA, 22. Cuando ingerimos ALA, el organismo tiene que "elongarlo" para convertir la molécula a su forma útil. Este proceso tiene varios pasos que no son directos y van convirtiendo el ALA en ácidos grasos más largos hasta obtener el EPA o DHA. Los ácidos grasos se convierten según el siguiente orden: ALA - SDA - ETA - EPA - DPA - DHA. El gran problema de todo ello es que es un proceso muy ineficiente y la tasa de conversión de ALA en EPA y DHA está entre el 5% y el 20% (para el DHA no es superior siquiera al 9%) y en ocasiones no llega ni al 1%. Esto significa que de los 9g de omega-3 de las nueces (que es ALA en su totalidad) aprovecharíamos menos de 2g en el mejor de los casos. Y eso hablando de un alimento altamente rico en omega-3. Es un proceso con bajo rendimiento y que deja radicales libres a su paso. ¿Entiendes por qué las vacas comen hierba y nosotros comemos vacas?

En el ejemplo de arriba, nuestra "fuente natural de omega-3", tenemos 2,3g de omega-3 por cada 100 de producto, siendo estos ALA. También tenemos 18,8g de omega-6. La proporción es de 8,17:1 que resulta en una eficiencia de 40,87:1 en el caso ideal (considerando que la conversión es sumamente óptima, del 20%). Esta cifra se aleja totalmente de lo que buscamos. La etiqueta no miente en su afirmación de "fuente natural" pero debemos ser conscientes de que no es todo tan bonito.

A pesar de que casos como estos hacen pensar en lo complejo que parece elegir nuestros alimentos, no lo es tanto. ¿Por qué? Pues porque si estamos desprovistos de todo conocimiento pero aplicamos la lógica, nos daremos cuenta de que los frutos secos no deben ser un elemento de consumo habitual (y no me cansaré de repetirlo jamás) aunque tampoco debamos eliminarlos al completo si no tenemos alergias/intolerancias/enfermedades (ni seguimos el protocolo autoinmune para enfermedades de este tipo). Esta lógica es la que nombraba anteriormente: en el paleolítico había que recolectar y abrir estos frutos para consumirlos y no estaban envasados ni disponibles todo el año, así que consumirlos en exceso era virtualmente imposible.

Que no te engañen, ni el aceite de lino ni los frutos secos son fuentes ricas de omega-3. Lo mejor son los pescados azules y las carnes de pasto. ¿Que harás cuando veas un producto como el anterior? Valora si merece la pena y en qué circunstancias lo vas a consumir.

Por favor, coman sus omegas treses, pero con "un poquito de por favor" y sin conservantes, como dice la etiqueta.



¿Quieres saber más?:
- Ciencia sobre las grasas: saturadas y poliinsaturadas (omega-3 y omega-6)
- Cuidado con los suplementos de omega-3

miércoles, 16 de octubre de 2013

La importancia del sabor de los alimentos, su papel actual y cómo actuar



El gusto, así como el resto de los sentidos, es una herramienta de supervivencia.

Los sabores salados suelen estar relacionados con las proteínas y nos gustan debido a que la proteína es esencial para nuestra vida. Si consumes poca proteína es posible que tengas mayor apetencia por alimentos salados.

El dulce, asociado a los hidratos de carbono, se encuentra presente de forma natural sobre todo en frutas. El sabor dulce es el resultado de un acuerdo evolutivo que significa que algo es seguro para comer. No es que las plantas sean tan buenas que han decidido regalarnos ese sabor por nada, simplemente que aportando éste sabor hace que los animales cojamos los frutos y de esta manera las semillas caigan a la tierra y puedan reproducirse. Incluso si nos tragamos las semillas, ya que no se digieren, las depositamos en la tierra abonadas. Supongo que no hace falta ser más gráfico para explicarlo.

Los frutos o plantas amargas, por el contrario, suelen vincularse con toxicidad. El gusto por el café amargo es algo que podemos desarrollar con el tiempo; de forma natural nos produce rechazo.


¿Cómo hemos cambiado el sabor?

Más arriba explicaba muy brevemente ciertos tipos de sabores. Esto es más complejo e incluye varios factores adicionales, como lo sencillo que es desarrollar adicción al dulce o comer por motivos emocionales (me siento decaído/a, es una fiesta, etc.).

Conscientemente o no, todos sabemos que la sobreestimulación de los sentidos es satisfactoria. Nos gustan las películas con efectos especiales, la música bien producida y los olores intensos. Todo con mesura, por supuesto, y el gusto no es menos. No estamos comiendo a todas horas pero cuando lo hacemos queremos que deje huella en nuestras papilas gustativas.

También la industria alimentaria sabe esto. E, incluso aunque no lo supiera, las pruebas de sabor que hacen con grupos de voluntarios les van a llevar a esa conclusión. De esta manera se acaba incrementando la cantidad de sal, azúcar, glutamato monosódico u otros potenciadores de sabor. Fíjate en los ingredientes de casi cualquier cosa y verás de lo que hablo. Las cantidades de azúcar y sal presentes en muchos productos son realmente elevadas. Y ello a pesar de la alarma social que generan y que intenta reducir su uso. Si algo no tiene mucho sabor es suficiente con añadir sal o azúcar. Lo sabes porque lo has hecho muchísimas veces. Son ingredientes muy baratos y que no presentan riesgos a corto plazo. O eso parece.


¿Cuáles son las consecuencias?

Debido a la manipulación de los sabores, nuestro sentido del gusto no es ya una herramienta, sino una apología del hedonismo. Queremos una satisfacción rápida y a corto plazo. Esto me recuerda, precisamente, a la adicción al dulce, puesto que está estrechamente relacionado.

No digo que mejorar el sabor sea algo negativo, pero hay que contenerse y no caer en una espiral que nos lleve a pedir más y más.

En la actualidad es cierto que ya no necesitamos estos sensores como ayuda para saber qué comer. Si fuese así, estaríamos perdidos, debido a lo atrofiados que los tenemos. Ahora nos basta con observar bien, valorar el olor de un alimento y ver su fecha de caducidad. Esto es gracias a que tenemos una especie de base de datos propia en la que almacenamos qué productos son comestibles y cuales no. Así lo hemos aprendido desde pequeños. Pero imagínate que te sueltan en la selva. Tendrías que valerte, entre otros, de tu gusto para saber qué comer y qué no.


¿Cómo usamos nuestro gusto en la actualidad?

Debido a la desnaturalización de este sentido, ya no lo podemos considerar como algo útil, sino únicamente como una fuente de placer (y puede seguir siéndolo, pero no es necesario esta presión que ejercemos sobre él).

Usamos nuestro gusto para valorar un alimento. Esto no parece negativo, pero si nos fijamos más detenidamente, nos damos cuenta de que este "pirateo" de nuestro sistema nos lleva a emitir ciertos juicios cuestionables. Si has visto alguna vez MasterChef, te darás cuenta de que lo más importante es el sabor, sabor, ¡sabor! Estamos de acuerdo, pero sin pasarse. El juego que desarrollamos con las recetas nos lleva a que muchas veces se comprometa la calidad para priorizar las sensaciones gustativas.

No sólo MasterChef promueve esto, sino todos y cada uno de nosotros. Valoramos la calidad de un alimento según su sabor. Así, elegimos los productos de marca blanca si nos gusta como saben y, si no, optamos por la marca estándar ya que la primera no es buena (y nótese que decimos que "es", no "está"; estamos asumiendo que es un criterio de calidad, no de sabor). Un filete a la plancha cambia totalmente de sabor si le añadimos sal. Así, diríamos que el salado está más bueno y le atribuiríamos una calidad superior, ¿verdad?

En un restaurante ocurre lo mismo. Si un plato tiene un sabor suave, generalmente no nos parecerá tan apetecible, y pensaremos que tiene poca calidad o no se han esmerado en hacerlo. Imagínate el típico comentario de "comí en aquel sitio y está fatal, la comida no sabía a nada". Este comentario va a ser siempre independiente de la calidad real de sus productos. Cierto es que las fuentes naturales tienden a ser más sabrosas, pero esto no lo detectan los paladares que sufren el exceso de los potenciadores de sabor.

Lo que más me sorprende es la creación de productos como los caramelos. Un caramelo no es más que azúcar con sabor. ¡Un producto que es únicamente un potenciador del sabor en sí mismo! Aunque sean caprichos para darse puntualmente, no deja de ser llamativo y el más claro ejemplo de cómo abusamos de este sentido.

Hemos llegado a un punto en el que el gusto no tiene función de herramienta. Ya solamente podemos fiarnos (y no siempre) de que nos va a ayudar para evaluar fuentes naturales no procesadas. De esta forma sabremos que un trozo de carne con buen sabor será un bocado sano, pero no podemos confiar de la misma manera en algo que ha sido previamente tratado.


¿Se puede retroceder?

Sí, como en el caso de la adicción al azúcar, podemos recalibrar nuestro gusto para volver a apreciar alimentos carentes de sobreestimulantes del sabor. Es cuestión de reducirlos completamente o bien hacerlo de manera progresiva. Personalmente, recomiendo lo primero. Después de una semana seremos capaces de apreciar los sabores mucho mejor. Y también nos daremos cuenta de que, efectivamente, los productos envasados que comemos tienen más aditivos de los que deberían.

Esta sobreestimulación que estamos viviendo es muy similar a lo que nos ocurre en la vista con la luz intensa. Si estás en una habitación con mucha luz y luego vas a otra en penumbra, te parecerá que la segunda está totalmente a oscuras. Poco a poco te acostumbrarás e incluso considerarás normal la cantidad de luz que allí hay. Lo mismo nos está ocurriendo con los sabores. Vivimos con un exceso de "iluminación" en nuestras papilas gustativas y necesitamos mantenerla para poder seguir percibiendo esos "colores", esos sabores. Deberíamos pasar a un estado más saludable de penumbra, que no cargue tanto nuestros sensores y, al final, nos haga más felices.

Si yo puedo, tú puedes. Mi gusto, así como mi olfato, nunca han sido muy buenos. Sin embargo, al desengancharme de la espiral de abuso de sabores, aunque siga sin ser buen catador puedo notar los sabores con mayor facilidad. Esta es una forma de reducir, además, el uso de productos envasados que incluyen muchos otros aditivos que no son en absoluto buenos para nuestra salud.

martes, 17 de septiembre de 2013

El precio de tu alimentación. ¿Es la paleodieta una ruina?

Confusiones
Hoy me acordaba de mi último tropezón mayúsculo. No en un acto de tortura, sino en un momento de reflexión. En ocasiones como esa, uno piensa en los costes (no sólo económicos) de la comida que no es comida.

He tenido un día muy movido y probablemente esta entrada quede un poco rara porque quiero contar muchas cosas y tengo poco tiempo, pero ahí vamos.

El día del tropezón me atacó mi atracción por los helados, quizás la única comida neolítica que a veces se me antoja (aunque igualmente ignoro). Así que fui de cabeza a un McDonald's a por un McFlurry de Crunchies y este va a servir de ejemplo. Es verdad que no se le debería llamar helado a "eso", lo sé.

Primero, me gustaría aclarar una cosa. Cada vez que se habla de obesidad, de comida basura o de mala alimentación, esta cadena americana se lleva todos los titulares. Mi posición al respecto es que es una empresa que, como cualquier otra, busca su beneficio, ya que está para hacer dinero. Por eso crea comida adictiva. Pero de ahí a echarle la culpa de todos los males, tampoco me parece justo. Tanta culpa tienen ellos como la tiene el chino que hay a la vuelta de la esquina o la señora del ultramarinos de toda la vida, aunque pensemos que sus cereales integrales o sándwiches de atún son más sanos que un Big Mac. No defiendo a McDonald's ni tengo acciones de la empresa. Simplemente me parece injusto que se lleven todos los ataques. Dejaron de usar grasa saturada para freír y bajaron las calorías de sus menús para seguir lo que mandaban las creencias populares. Igual que uno no va al cine, a esquiar o de vacaciones todos los días, tampoco debe frecuentar los sitios de comida rápida. Cada cosa tiene su tiempo. Evidentemente es mejor no ir nunca, pero en Londres hay cientos de estos establecimientos y jamás he visto a nadie coaccionando a los viandantes para que entrasen a consumir. Es nuestro libre albedrío el que nos permite elegir una comida u otra y visitar un restaurante o tienda en detrimento de otros. La educación proviene de casa, de un día a día, y no de un cartel de colores que vemos de repente en la carretera. Creo que queda claro mi punto de vista.

Siguiendo ahora con la historia y el ejemplo del macflagüer de cranchis, veamos su precio: £0,99. Al cambio, 1,19€. Es decir, que por poco más de 1 euro tienes un helado de un tamaño bastante mayor de lo habitual, que incluye en el nombre un producto de una marca ajena (e implica un sobrecoste), que te sirven en persona (genera una actividad por parte de un empleado) y te llevas un vaso de cartón con tapa y cuchara de plástico (aunque sea despreciable, estos utensilios también suponen un aumento del precio). No hablamos de un producto de calidad pero aún así, el precio es irrisorio. Lo que no es tan trivial es que probablemente cuando lo termines tendrás ganas de otro, o de un artículo distinto que has visto en los letreros o en la mesa de al lado.

Ahora, por otro lado, vamos a prepararnos una buena ensalada. Vamos a darlo todo y nos gastamos 3€ en verduras y otros 3€ en salmón ahumado. "¡Joder, 6 lereles pa una ensalada! ¡Si es que comer paleo es más caro que alojarse en el Ritz!". Sí, a primera vista cualquiera pensaría lo mismo, pero ¿es cierto? Desde una visión inmediata, está claro que la alimentación paleolítica es cara y a muchos les parece, además, complicada.

A menudo se comenta que ser paleo no es un sprint, sino una maratón. Esto significa que no se trata de hacer todo bien en un periodo corto, sino de ser coherentes de forma continua, más como la tortuga que como la liebre. Además, la prisa implica acabar exhaustos, estresados y con posterior necesidad de recuperación. La constancia es la clave.

Poniendo la constancia en el contexto de la alimentación, veamos cómo funciona un menú de McDonald's y la ensalada que comentábamos arriba. Si echas cuentas verás que el precio de ambos es similar, incluso si preparas un menú similar en tu casa, aunque algo claro que ahorrarás.

Caso 1: Big Mac con patatas (680 kCal en total) más refresco. "¡Uhm, qué bueno! Aaaaahhhhmmmmmm ahhhhhh uhhhhmmmmmmmm". Momento Homer Simpson. Felicidad. Y dos o tres horas más tarde estarás deseando comer algo más, tomar un café para que de energía o sentirás un bajón de ánimos o tendrás mal humor. Y pensarás en lo bien que te sentías con tu Big Mac y tus patatas y querrás ir a por otro. Lo peor de la historia no es sólo la adicción, sino que realmente no te has nutrido. Has masticado, ensalivado (lo justo) y tragado tu comida, pero excepto proteínas, le has aportado más bien poco a tu cuerpo. De hecho, algunos científicos empiezan a considerar la obesidad más como una carencia que una falta. Es una carencia nutricional. Esto se debe a que la obesidad suele estar ligada al consumo de comida poco nutritiva, y que provoca señales en el cuerpo que inducen a comer más. ¡Si es que tiene lógica! Pensamos que el coche no anda porque el tanque de gasolina está tan lleno que pesa demasiado, pero lo que ocurre es que esa gasolina estorba más que aporta y el coche no anda porque esa gasolina no sirve, así que ¡quiere más!

Caso 2: Ensalada de verduras variadas y salmón (seamos muy, muy generosos con el aceite y pongamos 600 kCal). Mientras comes, acostumbrado/a a los sabores reales, te das cuenta de la textura y sustancia que aporta cada elemento, la suavidad del salmón, un trozo crujiente de cebolla, la hoja húmeda de lechuga o el pimiento dulce en la boca. No es un momento de euforia, pero sí de placer. Terminas la ensalada, acabas de comer y ¿ahora? Ahora nada, ahora te levantas y haces tu vida normal. ¿Qué esperas, un postre azucarado que te reconforte? ¡No, porque no lo necesitas y el cuerpo no te lo pide! Te sientes bien, puedes seguir trabajando, caminando, limpiando los platos, "shining bright like a diamond", así que como es martes a mediodía haces un playback de Desátame en el cuarto de baño dándolo todo (nota importante: la semana pasada ví a una chica con los pelos de la Mó en los 90, aunque era media melena. Muy fuerte, amor a primera vista), te llama tu prima al móvil para contarte su vida pero le dices que has quedado para dar un paseo así que cuelgas y te vas. Cuando llegas a tu casa vuelves a comer porque notas que el hambre asoma nuevamente y de manera tímida, pero primero cantas Desátame en versión remix, haciendo "unch-unch" y tu vecina te oye gritando "¡pero desátame, coño! unch-unch - unch-unch-unch" Yo no tengo esos problemas porque mis vecinos piensan que digo "junchispummmm jamalajá nainoná unch-unch". Y mis compañeros de piso conocen a Marta Sánchez pero no a Mónica Naranjo. Un drama humano de la era de la electrónica. ¡Si al menos conociesen a Azul Y Negro!

Coñas a un lado, esto es un ejemplo un poco bruto de dos opciones muy recurridas a la hora de comer. Pero la cosa no es tan simple. En el caso 1 es probable que hayamos decidido tomar un refresco (incluido en el precio) que da aún más subidón-bajón y calorías vacías en forma de azúcar. Seguro que después nos hemos ido a por un café y a media tarde hemos cogido un pequeño paquete de galletas en la máquina del trabajo o bien un sándwich de camino a casa, o quizás nos hemos preparado un inocente mini bocadillo (para controlar) y luego nos hemos puesto a picar un poquito de todo. Suma todas esas pequeñas cosas. Súmalas todos los días. Súmalas en un mes y en un año. En el caso 2 seguramente no has vuelto a pensar en comer, no has tenido hambre más tarde y te has concentrado en tus labores y tus playbacks. Nadie dice que haya que renegar de los pequeños placeres de la vida, pero hay muchos mejores para elegir y la frecuencia es también la clave.

Y si pensamos en las cosas a largo plazo y en como nuestro comportamiento se va modificando vemos que todo es cuestión de patrones. Al abrazar una dieta paleolítica, la alimentación es más satisfactoria y es menos probable que tengamos ganas de picotear, de contar calorías, de que nos asalte la culpa o el deseo de autocontrol, al que siempre van a vencer nuestras hormonas y cerebro (de ahí que la obesidad no sea un problema de voluntad, como nos hacen creer, sino que la naturaleza es más poderosa y la necesidad de supervivencia nos enseñó así). También nos damos cuenta de la diferencia entre un bienestar continuo y otro que depende de subidas y bajadas, y optamos por el primero. Esto hace que se eliminen muchas interferencias en nuestro camino.

Una alimentación paleo incluso permite hacer días enteros de ayuno sin mayor problema, sin malestar ni preocupaciones. ¿Es día 31 y pensabas que el mes tenía 30? Y la cuenta del banco a cero. No pasa nada, ¡ayuno intermitente! Y lo mismo si estás de viaje y la comida del aeropuerto es cara o poco apetecible.

Al 99% de la gente le parece surrealista, pero hay muchísimas personas que comen poco cuando hacen paleo. Hace unas semanas, alguien preguntaba en un foro algo así como "¿soy raro o a alguien más le cuesta llegar a comer sus calorías?". Las respuestas no tardaron en aparecer. A partir de ahí una mujer contó que ella no llegaba a las 900 kCal (se supone, en términos generales, que la media serían unas 2000 kCal para una mujer). Decía que probaba varias maneras, pero que estaba llena y no era capaz de comer más. Y añadir grasa en forma de aceite o carne simplemente no ayudaba. Muchas personas se sentían identificadas aunque su caso era el más extremo. Esta persona se sentía bien, era más bien sedentaria y no tenía problemas excepto la cifra en cuestión. Mi punto de vista es que se estaba nutriendo, su cuerpo estaba funcionando bien y tenía muchas reservas con las que funcionar y las señales eran claras ya que su maquinaria no estaba viciada con azúcares o desregulaciones hormonales. Supongo que después de un tiempo su cuerpo le pediría subir las cantidades poco a poco. Y esto que parece un caso extremo o un trastorno alimenticio, no lo es, lo que pasa es que estamos más acostumbrados a contar calorías para no pasarnos porque vivimos en el mundo de la abundancia, de lo fácil y del exceso.

En mi caso me he dado cuenta algunos días de algo parecido. A veces me da la impresión de que he comido demasiado así que he revisado el ticket de la compra y estimado las calorías ¡y resulta que estaba comiendo muy poco! Por supuesto, el día siguiente o el anterior habría comido un poco más. Esto es lo natural, que haya fluctuaciones. Además de mi tendencia natural a ganar peso con extrema facilidad tengo una tolerancia muy alta al nivel de proteína que puedo consumir. Este macronutriente es autolimitante per se, todo lo cual me lleva a pensar que quizás debería incrementar su consumo y que no me vuelva a pasar lo de perder músculo de nuevo. Igual que la mujer de más arriba tenía su caso particular, el mío parece ser que necesito más proteína de la que creo, y eso que considero que mi ingesta es adecuada.

Todo este testamento de entrada está relacionada también con mis actuales circunstancias. Me encuentro en un momento en el que estoy trabajando mucho, aprendiendo mucho, durmiendo lo justo, con la cabeza muy ocupada y la agenda apretada... pero sin un duro que entre en la cuenta. En el mundo en el que me hallo es muy frecuente (y lamentablemente necesario) trabajar mucho sin cobrar, a modo de inversión profesional. Es por ello que últimamente estoy haciendo una versión que alguien llamó hace unos días en Facebook "paleo para pobres". Por suerte soy bastante ahorrador y no suelo tener muchos gastos, excepto alquiler, móvil y gimnasio/box, que son mis únicas facturas. Incluso voy a casi todas partes en bicicleta. Nunca me compro ropa porque creo que no la necesito ni me apetece. No suelo salir demasiado y me encantan las discotecas y bailar toda la noche, pero no me gustan las connotaciones que conllevan. Y siempre me ha gustado mucho la vida casera o simplemente disfrutar de un café con amigos. Todo esto significa que la buena alimentación manda en mi presupuesto justo después de los inevitables gastos fijos.

Pensando en la versión "paleo para pobres" me enfrento a esta opción o a la dieta convencional. Me gustaría resaltar dos ideas:
-Aunque no es lo óptimo, se puede comer paleo correctamente, eligiendo las fuentes de nuestro plato, sabiendo las calidades de la comida y sin dejarse llevar por los caprichos. El pescado enlatado en salmuera, por ejemplo, puede ser una opción. Lo mismo con las verduras de los mercados de granjeros o aquellas frutas no orgánicas a las que no se le come la piel por ser dura.
-Una alimentación artificial, barata y rápida puede parecer la solución ante un momento económico difícil pero no lo es. Está asociada con excesos en otras comidas, en gastos superfluos y en malestar y falta de nutrición. Esto redunda en problemas a corto y largo plazo, por no hablar de posibles indisposiciones. ¡No me gustaría tener que cancelar una entrevista de trabajo porque me ha sentado mal el Big Mac!

Ser paleo no es comer sólo orgánico o comida que cuesta el doble de lo normal. Pero sí que es actuar en consecuencia y eliminar cosas que no necesitamos. Esto puede incluir, por ejemplo, dejar de usar productos químicos en el pelo. Por supuesto es una opción personal que cada uno ha de elegir. Yo lo practico desde hace meses y suelo lavar la cabeza una vez por semana, más o menos. La última vez que fui a cortar el pelo, el peluquero me dijo que tenía un pelo "estupendo" y es verdad que me quería tirar los trastos así que igual no tiene mucho valor su apreciación, pero si yo fuese peluquero no creo que me gustase alguien con el "pelaso" (lo siento, ¡"pelazo" me suena taaaaaan mal!) hecho una Carmen de Mairena, ¡digo!

Y lo mismo con el exceso de uso de la pasta de dientes (las bacterias simplemente no crecen en tu boca si no comes lo que no debes): "La saliva tiene todos los ingredientes que el esmalte dental necesita para estar bien." Excepto si comes basura, claro. En el paleolítico prácticamente no había caries y no era porque se muriesen jóvenes, precisamente.

Igual ocurre con el desodorante. Si no ingieres productos de los que tu cuerpo se quiere librar, no tendrás que excretarlos (o como alguien dijo hace poco, "less crap in, less crap out", "entra poca mierda, sale poca mierda") y alimentar con ello a las bacterias que causan el mal olor. Eso tampoco quita tener un bote de desodorante a mano por lo que pueda pasar, que vivimos en sociedad y además existen las urgencias.

Así podría seguir infinitamente, nombrando todas esas cosas que la vida moderna, el consumismo y el capitalismo nos han metido en nuestras casas y nosotros hemos aceptado "barco como animal acuático".

En conclusión: ¿Qué precio tiene tu salud, tu bienestar, tu felicidad y tranquilidad? Vivimos en un mundo donde las tentaciones están en todas partes, son accesibles y (en ciertos límites) están bien vistas socialmente. Personalmente prefiero seguir con lo mio y no tener que mirar para otro lado, evitando ver los muffins o brownies, cuando quedo a tomar un café en un Starbucks. Simplemente no los deseo; me sugieren lo mismo que una caja de cartón.

La dieta es parte de la vida igual que lo es el trabajo, la familia, amigos o tu música favorita. Te define, está contigo siempre (incluso cuando no está) y te da (o debería) muchas más satisfacciones que penas. Sí, ¡el trabajo también debería darte más satisfacciones que penas!

A Dios pongo por testiga que no escribiré hasta la próxima semana. Esta entrada me ha quedado más larga que un día sin pan, pero como los paleo no comemos pan, pues arte para el cuerpo, ¡oye! (mi cuerpo pide salsa -sin gluten, por favor-).

martes, 16 de julio de 2013

Ahora sí: reintroducción de alimentos en el protocolo autoinmune



Hoy se cumplen los 30 días desde que empecé el protocolo autoinmune. Durante este tiempo estuve respetando al 100% las normas para conseguir que sea efectivo. Como ya dije en un principio, mi idea era más experimental que necesaria.

No tengo ninguna condición autoinmune, pero me parece apropiado probar con esta variación de la paleodieta porque considero que es más limpia y de alguna forma tiene lógica. También es una forma de apoyo a aquellas personas que sí tengan alguna de estas condiciones. Esta variante es más estricta que una dieta completa pero no es imposible, como habrás podido comprobar.

Casi todos tenemos dañada alguna parte del sistema digestivo y esta es una forma de restablecerla, centrándonos en la flora. Esas bacterias de nuestro intestino no solo nos ayudan a ir al baño como nos dicen en los anuncios, sino que gracias a ellas podemos extraer nutrientes y de esa forma alimentarnos. Si no, sería imposible. En ocasiones ocurre no sólo que tenemos falta de bacterias "buenas" sino también un crecimiento desmesurado de las "malas". Ambas compiten por colonizar nuestro intestino y el equilibrio debería tender, evidentemente, a potenciar las "buenas".

El protocolo nos ayuda a restablecer este equilibrio, por eso hacia el final de este viaje es necesario reintroducir alimentos probióticos que contienen este tipo de bacterias favorables. Hay que seguir haciéndolo con frecuencia, ya que hoy en día ingerimos muy pocas bacterias. ¡Y las necesitamos! Yo lo he estado haciendo durante los últimos días con chucrut crudo, casero. Tienes aquí la receta. En Londres siempre me sale bien, pero cuando lo hice en Galicia, no. No estoy seguro pero creo que es porque el agua tenía tanto cloro que no permitió que las bacterias se reprodujeran. Si tienes dudas, prueba con agua mineral o déjala reposar unas horas antes de usarla. También es posible que no necesites añadir agua si eres capaz de extraer una cantidad suficiente de la verdura. Un truco: para evitar que se forme moho puedes cubrir la superficie del chucrut con aceite, ya que este flotará haciendo de tapón.

Recuerda que las variedades comerciales de chucrut generalmente no sirven porque no contienen bacterias, sino que son verduras en vinagre. Y esto, técnicamente, no es chucrut, sino falso chucrut. Lo que importa es reinocular bacterias, no tomar vinagre. Hay otras variedades de chucrut auténtico pero que se han cocido y tampoco sirven; no tienen cultivos vivos. Lo mejor, hacerlo en casa.

Después de estos 30 días no puedo decir que haya notado ningún cambio en particular. No tenía ningún síntoma previo de ninguna enfermedad, no tenía problemas de sueño, de piel, de nada... Cuando uno detecta que algo va mal es más sencillo saber en qué fijarse, pero es importante comprobar hasta el menor detalle, como podría ser la dureza de las uñas o si el pelo crece rápido y fuerte. Pueden parecer trivialidades pero no lo son.

El haberme mantenido al 100% puede significar alguna de estas cosas:
· No es un 100% real pero debería hacer la eliminación durante más de 30 días porque el cuerpo no ha tenido tiempo de restablecerse.
· No hay ningún alimento que mi cuerpo no tolere (al menos alimentos paleolíticos).
· Hay algún alimento que mi cuerpo no tolera pero no ha dado síntomas hasta ahora.

Mañana empezaré a consumir algunos alimentos que tenía apartados. Lo primero serán las yemas de huevo. Mira esta entrada para tener una guía de cómo proceder.

Durante la reintroducción seguiré preguntándome cómo me siento, cómo duermo, cómo son mis niveles de energía, etc. y ver si efectivamente aparece algún síntoma. Esta es la parte más importante, la más observacional. Si hay algún alimento que no tolero bien, será cuando me entere. Estoy casi seguro de que no habrá nada que deba descartar, pero eso sólo el tiempo lo dirá.

Hay algo que ya he sacado en claro de todo esto: comía demasiados frutos secos y tomaba demasiado café. He estado un mes sin ellos y no he tenido problemas. No sé cómo seguiré con el café, pero los frutos secos van a ser más infrecuentes. No consumía demasiados pero cuando me ponía con ellos era imposible parar. Por otro lado me planteo reducir el uso de solanáceas (pimiento y tomate sobre todo). Este tipo de plantas tienen efectos muy fuertes sobre el sistema inmune y los tomates pueden provocar una respuesta que tarda semanas en eliminarse. Ya que ambos son ingredientes extremadamente comunes (tanto en la cocina inglesa como española o incluso italiana) los usaré muy esporádicamente en casa y sin censura (pero con cabeza) fuera de ella. Me parece una buena forma de situarme en el punto óptimo.

No sé si seguiré escribiendo sobre este tema ahora que la reintroducción empieza. Si hay algo que comentar, por supuesto que lo haré. Si no, espero que tú me cuentes tu caso.

domingo, 14 de julio de 2013

¿Qué me compro?: Pequeña guía para la cesta de la compra.


Una de las cosas más difíciles, sobre todo al principio, es la elección de los alimentos. Y, sin embargo, esta es la base de todo, lo que le da sentido. Es normal tener dudas y preguntarse "¿esto es paleolítico?". Ante esta pregunta, es mejor que nos respondamos "no", porque probablemente será lo cierto.

Hacer la compra no implica descartar elementos, como acabo de decir, sino más bien elegir los que sí deseamos. Por eso resulta útil contar con una guía que contemple una especie de "alimentos autorizados". En el libro Practical Paleo (uno de mis favoritos por lo bien presentado que viene y lo bien explicado y sencillo que resulta) hay una guía de alimentos paleolíticos. Ya que no hay versión en español, voy a hacer una modificada pero basada en ella. Estos no son los únicos alimentos que podemos incluir, pero es una lista más bien completa que será de gran ayuda. Recuerda que debemos buscarlos en su forma natural y huir de los ingredientes que no sean paleolíticos. Por ejemplo, podemos comprar remolacha al natural, pero no aquella que venga envasada con azúcares o conservantes.

He preparado dos versiones de la lista. La primera, a color, puedes bajarla como PDF para guardar en tu disco duro. La otra versión es en blanco y negro y está preparada para imprimir apaisada en un A3. Podrás llevarla contigo para hacer la compra o poner una copia en la nevera. También puedes tenerla como referencia para ayudarte a limpiar la despensa. Si crees que sería buena idea añadir nuevos alimentos para futuras ediciones escribe a paleondres@gmail.com o deja un comentario al final de esta entrada.

Si estás siguiendo el protocolo autoinmune deberás eliminar algunos elementos de la lista: huevos, toda la sección de nueces y semillas, aceite de sésamo y de macadamia, leche de almendra, berenjena, tomate, pimiento, comino, cayena, cardamomo, chile, curry, pimentón, cúrcuma y mostaza.

Espero que te resulte muy útil. 


Imagen: ellahoy.es

viernes, 12 de julio de 2013

Una facilita: verduritas e higadito para el protocolo paleo autoinmune


Desde que descubrí una carnicería con carne de calidad cerca de casa, por fin consumo con frecuencia caldo de hueso y también hígado. Estas dos materias primas han de ser de calidad o de lo contrario es mejor que prescindamos de ellas. Si podemos acceder a una buena fuente debemos incorporarlos a nuestra dieta. Muchos llaman "superalimentos" a ambos y razones no faltan. Simplemente piensa que hoy en día no se consumen prácticamente, pero en un contexto cavernícola no se descartaba prácticamente nada de un animal. Tanto el hígado como el hueso aportan gran cantidad de minerales. Cuando preparamos caldo de hueso, además, incorporamos gelatina.

Centrándonos en el plato de hoy, hablemos del hígado. He elegido de pollo porque me parece el más típico, pero cualquiera es realmente rico en nutrientes. Concentra una cantidad increíble de vitaminas, sobre todo liposolubles y también es rico en hierro y proteína. No tengas miedo a su toxicidad. Haciendo el protocolo autoinmune es muy recomendable incorporar hígado porque ayudará en este proceso de autorreparación del organismo, aportando piezas fundamentales.

Lo que hoy presento no es una receta, sino la forma en la que suelo comer con mayor frecuencia. Aunque no resulta tan atractivo como una comida bien preparada y pensada con antelación, me resulta más práctico y casi imposible hacerlo de otra manera. Compartiendo un pequeño piso en Londres con 3 personas más, casi no tengo espacio para guardar comida. Esto significa tirar por tierra una de las ideas paleo más habituales: comprar a lo grande. Se hace básicamente por ahorrar dinero aunque hay otros motivos. En mi caso prima la adaptación. Lo que suelo hacer es ir cogiendo lo que tengo por casa, pensar qué puedo preparar y ponerme manos a la obra. Habitualmente las opciones son pocas, pero nunca nulas y suelo elegir lo que más me apetece y que antes vaya a caducar, buscando un equilibrio. Ahora estoy haciendo el protocolo autoinmune, a punto de iniciar la reintroducción, y quiero recalcar nuevamente que se puede seguir comiendo como un rey a pesar de lo limitado que parece.

Sin más rodeos, el plato que presento tiene buena pinta, ¿no? Vale, no es de Masterchef, pero se tarda menos de 10 minutos en preparar y es bastante ligero, algo rico en grasas y moderado en proteína. Los espárragos, al vapor; los puerros y el hígado, a la sartén. Cada uno de los elementos se deja un total aproximado de 5 minutos. El aguacate se sirve crudo y lo puedes cortar mientras se cocina el resto. Después de servirlo todo, que no falte un chorrito de aceite de oliva virgen extra y por último añade alguna hierba de tu elección, ya que muchas especias no están permitidas en el protocolo autoinmune, como el pimentón o la cayena.

Este ejemplo no es un "plato tipo", sino que es para recordar que la dieta empieza en el supermercado. Si eliges bien lo que compras, la comida se prepara prácticamente sola. Un consejo: no hagas tu lista con ingredientes concretos, sino simplemente anota cosas como "verduras" o "4 raciones de verduras". Sabes que hay algunas que no puedes llevarte, pero así puedes valorar las ofertas o lo que esté de temporada y llevarte una cesta mejor.

martes, 9 de julio de 2013

Dentro de la industria alimentaria: Food Unwrapped


He descubierto un programa británico que se emite en Channel 4 y se llama Food Unwrapped, algo así como "comida al desnudo" o, literalmente, "comida desempaquetada". Y trata precisamente de desvelar algunas dudas acerca de cómo se procesa la comida que llega a la estantería del supermercado. Cada programa arranca con los presentadores llamando al centro de atención al cliente y preguntando algo acerca de un producto para ver qué respuesta les dan. Generalmente, es una mera suposición que no es cierta. No se trata de preguntas con trampa, sino de cosas que nos podríamos preguntar en algún momento; como "¿de que está hecho realmente el surimi?", "¿es dañino el moho del pan pero no el del queso?", "¿cuál es la diferencia entre zumo puro y zumo exprimido?", "¿por qué el pan de los sandwiches preparados se mantiene seco a pesar de tener una rodaja de tomate al lado?".

Hay algunos productos que en España no conocemos pero la mayoría de los que tratan en los programas son comunes a ambos países. Recordemos que estamos hablando del Reino Unido y puede que muchas cosas no sean aplicables a España, pero debido a la gran regulación impuesta por la Unión Europea, muchas normas aplican al conjunto de sus integrantes. Algunas de las cosas que nos enseña:
-El queso en lonchas que se pone en las hamburguesas contiene tan solo un 10% de queso. El resto son aditivos como aquello llamado genéricamente "aceite vegetal" (que generalmente es de soja o colza, pero queda mejor decir "vegetal", que suena a "sano").
-Los kebab, a pesar de que en la fábrica que visitaron el proceso era más o menos correcto (excepto porque una pequeña cantidad es de productos como harinas y otros aditivos), no fue así en los análisis. Cogieron kebab de distintos restaurantes y los analizaron. La mayoría tenían carne de distintos animales mezclados. Todas las carnes eran consideradas de consumo habitual en el Reino Unido, como ternera, pollo o cerdo. Un momento... ¿cerdo? Sí, para el británico medio, el cerdo no supone un problema, pero se supone que es comida creada por musulmanes y aunque se pueda llegar a entender que tenga "un poquito" de ternera, no cabe en la cabeza que lleve cerdo. No se hallaron restos de caballo o burro en ninguna muestra. En todo caso, el doner kebab debería ser de cordero.
-El caldo de carne (tipo "Avecrem"), no contenía proteína alguna, aunque se supone que estaba hecho de eso, de carne.
-Para conservar las manzanas durante meses sin que se estropeen, se guardan en cámaras en las que se elimina el oxígeno, desplazándolo mediante nitrógeno. En ausencia de oxígeno las manzanas no se oxidan y, por tanto, no siguen madurando. Para sacarlas a la venta las hay que dejar ventilando un rato y luego se sigue con el proceso normal. Todo esto no resulta escandaloso, pero sí que es para cuestionarse hasta que punto deberíamos consumir aquello que está fuera de temporada. Lo que tenemos cada estación es lo que deberíamos comer ya que así hemos evolucionado, no ya como individuos, sino como ecosistema. Por ejemplo tenemos naranjas en invierno y son altas en vitamina C y nos ayudan con las defensas ante los meses de frío. Es un resumen burdo pero sirve para entender la idea.
-La mayonesa baja en grasa lleva goma xantana y goma guar. Sin entrar en detalles, no comas lo que no sabes qué es, ¡hombre ya! Y vamos a añadir ahora un "NO ME JODAS". ¿Por qué? Pues porque decir "mayonesa baja en grasa" es casi como decir "aceite bajo en grasa". El mayor volumen de la mayonesa es huevo y aceite, es decir, algo bastante graso con algo que es grasa en sí. Por lo tanto no tiene sentido una mayonesa baja en grasa. Si no quieres grasa, no comas mayonesa, porque estarás cambiando grasa por química pura y dura. And ya body doesn't like tha, bitch!
-Teniendo vino "inglés" y vino "británico", este último se produce realmente a través de un concentrado de mosto importado de España. El concentrado no es más que una reducción del mosto para hacerlo más fuerte. Posteriormente se añade agua y azúcar y se fermenta. Como curiosidad nos comentan que una botella que vale £2.50 (un Don Simón, vaya), en realidad es casi todo impuestos, siendo £0.09 el valor real del vino. ¿Un litro de vino por 10 céntimos? Como se diría en mi tierra "¡ha de ser bo de carallo!", y en castellano estándar es un hermoso "¡será bueno de cojones!". Nótese la ironía. Con el tema del vino inglés/británico/español, resulta que la legislación actual permite estas cosas. Mire usté, a mí legísleme bien que aunque no beba vino esto es de juzgado de guardia.
-Las aceitunas... ¡Ay las aceitunas, qué drama! Esto se grabó en España y nos enseñan que las meten en una solución de sosa cáustica. Oiga, me parece muy bien que luego las limpien o hagan lo que quieran pero... ¿en serio? ¿sosa? Por cierto, aproveche usted, querido/a lector/a para ver los maravillosos ingredientes que contienen las aceitunas. Una vez me fijé y flipé. No encontré una sola marca que no llevase cosas raras. En cuanto a las aceitunas en sí nos cuentan que las negras (que son iguales que las verdes pero maduras) se someten a un proceso de oxidación artificial para que queden tan negras como esperamos verlas, ya que de por sí son menos oscuras. Como anécdota, en cuanto a lo de la sosa, el muchacho español habla en inglés con la muchacha británica pero se refiere a este químico con el nombre sin traducir, con lo que ella le pregunta que WTF es "sosa" que ella no lo pilla. Y el hombre en plan "pos... sosa... ¡es sosa! Hija, de toa la vida de Dios, endevé, sosarrrr, ¡ea!". Nena, vente con el Collins bajo el brazo, chiquilla, que soy yo y te digo que es soseition en menos que canta un chicken. Menos mal que el narrador lo explica luego.
-Mi favorito fue el de los anacardos. Todo empieza con la llamada a atención al cliente: "¿por qué en el supermercado no hay anacardos con cáscara?". Esto me intrigaba especialmente porque hay algunas fuentes paleo que admiten el consumo de anacardos y otras que no, mientras que hay otras que directamente los ignoran (ni los admiten ni los censuran). Hace tiempo vi en un foro que no se deberían comer porque están dentro de una fruta extremadamente amarga y si los debiésemos comer la naturaleza no lo habría puesto ahí. Tiene sentido, pero alguna vez los he comido porque seguía con la duda y me encantan. Creo que ya no los volveré a comer más. Los anacardos aparecen en la naturaleza dentro de una protección que no es que sea amarga, sino directamente tóxica por un aceite que tiene. Es tal esta toxicidad que es necesario quemar la cáscara para que esta se abra y además pierda el aceite. Además incluso es corrosivo con las manos y se ve que los operarios llevan guantes para tratarlos pero algunos acaban con las manos hechas una pena. Tras esto sí que pienso que si la naturaleza quisiera que los comiésemos nos habría facilitado un poquito las cosas.

Si te interesa todo esto, también en su momento Salvados hizo un programa acerca del procesado de la comida y fue bastante esclarecedor. 

Al final, resulta que de todo lo que nos muestran tampoco es para echarse las manos a la cabeza (aunque personalmente no comería ese "queso" o esa "mayonesa"), que todo está bastante controlado y se supone que es seguro. Pero sólo se supone. Todo es un engranaje y la comida pasa por tantos procesos (limpiado, calentado, enfriado, encerado, acidificación, alcalinización...) que muy poca esencia se mantiene.

Después de haber visto todo esto me alegro aún más de seguir una alimentación paleolítica, en la que lo real prima sobre la ficción de creer que estamos alimentándonos. Lamentablemente no se puede escapar de todos los engaños a los que nos somete la industria pero la información es poder y, al final, es capacidad de elección. Elegir productos con el menor procesado posible nos acercará más a la comida de verdad y nos alejará de la química innecesaria y los engaños.


Imagen: Channel 4

sábado, 6 de julio de 2013

Revisión del protocolo autoinmune y orden en la reintroducción


Después de casi 3 semanas de estar haciendo el protocolo autoinmune me parece un buen momento para repasar un poco en qué consiste, cómo me encuentro y cuales son los siguientes pasos. Sé que tengo algunas cosas pendientes, como seguir explicando las reglas que propone Mark Sisson. Como se trata de algo más general, voy a seguir publicándolo de modo esporádico, centrándome de momento en lo que está siendo mi día a día.

Toda las entradas que he escrito al respecto puedes encontrarlas bajo la etiqueta AIP, que se corresponde con sus iniciales en inglés (AutoImmune Protocol). Puedes acceder a ella en la barra lateral derecha del blog.

¿En qué consiste?
Ya lo he explicado en algunas entradas anteriores pero, en resumen, es muy sencillo. Se trata de mejorar el estado de salud de aquellos que tienen alguna enfermedad autoinmune, como artritis reumatoide, dermatitis, fibromialgia, granulomatosis de Wegener, lupus, psoriasis, sarcoidosis, síndrome de fatiga crónica, síndrome de Sjögren, vitíligo... Reconozco que algunas ni me suenan, pero hacer este pequeño listado puede que te ayude a identificar alguna que te afecte a ti o a alguien que conozcas y, ante la duda, vale la pena probar si se mejora, ¿no crees? Gracias al protocolo autoinmune reforzaremos nuestras defensas naturales mediante dos frentes: eliminación de componentes perjudiciales e introducción de otros beneficiosos. A modo de ejemplo hay que eliminar plantas como los tomates, ya que tienen unos componentes que pueden cargar el trabajo del sistema inmune. Cambiando ciertos hábitos mejorará el estado de salud principalmente gracias a que nuestro intestino se encontrará feliz.

¿Cómo me encuentro?
Empecé el protocolo por curiosidad, no porque tenga ninguna condición concreta. Se podría decir que prácticamente todos tenemos algún problema digestivo debido a la mala alimentación que llevamos. Sí, incluso quienes pensemos que comemos bien y, sobre todo, aquellos que consuman cereales puesto que dañan enormemente las paredes intestinales, haciéndolas demasiado permeables y que así pase a la sangre una gran cantidad de sustancias extrañas contra las que el sistema inmune ha de luchar. Tomando esta idea, pensé en probar este camino, en el que me hallo ahora. Hasta la fecha no me he sentido ni mejor ni peor, y sí que me ha hecho darme cuenta de que no tiene por qué ser difícil llevarlo a cabo. Otra cosa es enfrentarse a la situación en un contexto social ya que a menos que sea una comida con alguien de confianza es difícil seguirlo al 100%. De momento lo he hecho con éxito e intento no salirme en lo mas mínimo, ya que cualquier pequeño desliz puede tirar todo el esfuerzo realizado puesto que si añadimos por descuido una pequeña cantidad de algo que no debiéramos estamos dando una dosis de recuerdo al sistema inmune y tendríamos que volver a empezar. Reconozco que echo de menos comer huevo y tomate pero es algo temporal. Y si al final resulta que no pudiese comerlos de nuevo, que todo sea por la salud. Tal y como me encuentro, sin embargo, creo que no voy a tener ningún problema en volver a comer como antes, pero es el tiempo quien lo dirá. También echo de menos los frutos secos, aunque eso no me causa problema, ya que cuando los como me resultan muy adictivos y me cuesta parar, con lo que al final es mejor así.

¿Cuáles son los siguientes pasos?
Dependiendo de cada persona puede ser necesario un tiempo diferente de protocolo. La duración aconsejada es de al menos 30 días y será lo que me he propuesto. Si tienes una condición complicada o que lleva muchos años contigo, puede que necesites varios meses para mejorar. Como siempre, escucha a tu cuerpo. Después de seguirlo durante un tiempo hemos de volver a introducir lo que hemos eliminado. La reintroducción se hará añadiendo un nuevo alimento cada 3 días y fijándonos en los síntomas que se nos presentan. Es importante verificar cómo es nuestra digestión, cómo nos sentimos (energía, ánimo, fuerza, etc.), cómo está nuestra piel, cómo dormimos, si tenemos "antojos" o dolores, o si hay cambios en nuestra sintomatología. Tras consultar varias fuentes he creado una lista cronológica de qué alimentos podemos ir introduciendo. Los primeros son los menos problemáticos aunque esto es algo general y puede que tengas problemas comiendo yemas de huevo, por ejemplo, pero no con los frutos secos. En cuanto a los huevos, hay varias divisiones porque puede que los huevos orgánicos (o, al menos los de gallinas camperas) no te causen daño pero sí que te lo causen los convencionales. Antes de empezar a añadir alimentos es recomendable incrementar la ingesta de probióticos (como chucrut preparado en casa, no del comprado) para reinocular bacterias digestivas. La lista es la siguiente:
1. Yemas de huevos orgánicos.
2. Yemas de huevos convencionales.
3. Mantequilla de vacas de pasto.
4. Semillas como las de girasol o calabaza.
5. Frutos secos. Puede que toleres algunos y otros no. Es importante observar cómo te sienta cada uno.
6. Solanáceas. Incluyen el tomate, pimientos, chiles y berenjenas, junto con sus derivados (principalmente especias).
7. Claras de huevo.
8. Leche y derivados. Probar primero con productos fermentados que provengan de vacas de pasto y sin pasteurizar ni procesar de alguna manera y luego ir pasando a variedades más comerciales.
A medida que realices la reintroducción deberás fijarte en qué ocurre y de esta manera sabrás si podrás volver a consumir alguno de los productos o no, o bien si tienes cierto umbral de tolerancia que no debes sobrepasar.

Para acabar:
Si has notado que tienes algún problema digestivo puede deberse a que tengas intolerancia a lo que en inglés se le llama FODMAPs (oligo-, di-, mono-sacáridos fermentables y polialcoholes). De ellos hablaré quizás en otra ocasión pero si fuese tu caso quizás necesitarías eliminarlos, con o sin el protocolo autoinmune.