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jueves, 20 de marzo de 2014

Paleo en Italia

insalata di frutti di mare, típico plato italiano

Hace unos días estuve en Italia visitando a unos amigos durante un fin de semana. Me encanta este país, me gusta su gente y sus costumbres. En esta ocasión, por segunda vez, estuve en Roma.

Como en la otra visita, no seguí paleo al 100%, sino que en una cena puntual me salí de la norma un poco y comí algo de pan y de pasta. Me llevaron a un restaurante en el que todo era fresco y hecho como en casa, donde la pasta se hace 2 veces al día desde cero y la cocinera se sentó con nosotros un momento. Ahí pude ver cómo alguien cocina con amor aunque sea para gente que no conoce. Esta mujer, con la edad de jubilación más que pasada, sigue haciendo lo que ama desde que era no más que una adolescente. Nos dijo que se escandaliza viendo las cosas "asquerosas" que la gente compra en el supermercado y que sabe que todo el mundo tiene tantos problemas debido a lo mal que comen. Es verdad que esta mujer no es paleo ni de cerca, pero sabe lo importante que es cocinar correctamente, comer natural y estar nutrido. Nadie le enseñó lo que le hacen los cereales a nuestro organismo, pero sigue insistiendo en hacer las cosas lo mejor posible.

Si hacemos algunas excepciones como la pasta o la pizza, la cocina italiana puede ser altamente compatible con las costumbres paleo. En un país cuya gastronomía ensalza el sabor y la calidad, la carne y el pescado junto con las frutas y verduras son los grandes pilares. Y no nos engañemos, que ni la pizza italiana lleva tanta masa como la americana, ni la pasta es tan mazacote como nos hacen pensar. Ambas suelen ser mucho más finas de lo que pensamos y la pasta se suele acompañar de buenas verduras y de carne, huevo o marisco, por ejemplo, en lugar de las salsas "boloñesa" que nos venden en los supermercados. Por otro lado, las raciones tampoco suelen ser tan grandes como pensamos.

No defiendo los cereales o masas utilizadas para estos productos, pero debemos ser conscientes de la realidad de esta cocina en lugar de soltar frases como "en Italia solo comen pasta, pasta, pasta y a veces pizza". Esto es totalmente incierto. Aunque estas sean las variedades más conocidas, los italianos comen mucha carne y pescado, así como fruta y verdura, tal y como he dicho y tal como se concibe en la dieta paleolítica.

Es por todo ello que en este país es factible pasar unas vacaciones paleolíticas. A mí también me encanta el helado (demasiado) pero hay otros placeres que disfrutar. Huye de los restaurantes céntricos (como en cualquier ciudad) y pide el consejo de la gente local, que te sabrá decir buenos sitios a buenos precios. La noche que sí cené paleo lo hice por 25 euros, después de haber ayunado todo el día, y estuve comiendo una buena cantidad de mariscos (incluyendo un par de ostras) junto con ensalada y una copa de vino. De nuevo, esta gente respeta sus productos, costumbres y gastronomía. Y se nota.

Por último: recuerda que la prioridad de la paleodieta es la optimización. Si viajas a Italia y decides no ser paleo esos días recuerda primero tus requisitos de salud si los tienes y luego opta por opciones de calidad aunque sean convencionales: aprovecha para comer algo elaborado pero con cariño.


Imagen: www.silviamoiraghi.it

viernes, 14 de marzo de 2014

Ayuno, cambio de trabajo, cambio de costumbres y reacciones de los compañeros

No, gracias

Ayer tuve una situación un poco frustrante en mi nuevo trabajo. Por supuesto, está relacionada con la alimentación. Primero situémonos.

Hasta ahora lo que hacía en el avión era ayuno intermitente. Recordemos que esto es no comer durante un período determinado. Así que no comía nada durante mi jornada de trabajo ni tampoco antes, a no ser que mi turno empezase tarde... ¡o que tuviese hambre!

Este ayuno me funciona por varios motivos:
-Puedo estar ocupado en otras tareas, sin pensar en sentarme a comer.
-Me despreocupo de estar eligiendo las opciones de menús para empleados, que nunca son paleo.
-Cuando sí como, lo hago con tranquilidad, sentado a la mesa, en mi casa y no en un pequeño espacio. La actitud a la hora de comer es muy importante y no es bueno hacerlo con prisa ni en un lugar incómodo.
-No es necesario hacer un parón en la comida para empezar con otra cosa (una llamada de un compañero o un pasajero, hacer una comprobación rutinaria, iniciar un procedimiento).
-No tengo que llevar mi propia comida. Esto podría provocar retrasos en el control de seguridad (sobre todo por los líquidos), que la comida manche el equipaje u otros problemas menores.

Generalmente, mi comportamiento con respecto a otros compañeros era más o menos siempre igual. Cuando se nos preguntaba por el momento que preferíamos para comer mi respuesta era que me adaptaba y que a veces ni siquiera necesitaba comer durante los vuelos. Sobre todo en vuelos muy largos, la gente se extraña de que no coma y preguntan que si estoy a dieta, que si quiero adelgazar, que si tengo algún problema, que si me da vergüenza, que si no me gusta la comida... La mayoría de los compañeros son del tipo "no sé cómo lo haces, yo necesito comer al menos una vez en cada vuelo". Les digo que no tengo hambre, y que si tengo hambre no se preocupen porque comeré. Esto es totalmente cierto pero suelen seguir insistiendo. Respondo amablemente y les explico que no deben preocuparse y que no sigo ninguna dieta ni quiero adelgazar.

El otro día, en una jornada de casi 15 horas y sin comer nada en absoluto, una compañera (la que tenía su posición justo a mi lado), muy amable, me preguntaba varias veces. Después de unas horas y previendo que faltaban aún muchas más, le expliqué que estaba ayunando, que hay mucha investigación médica al respecto y que lo hago porque considero que es sano. Su respuesta, por primera vez, fue: "¡Ah, claro! ¡Por supuesto que el ayuno es bueno! Si lo hubieses dicho desde el principio no te hubiese preguntado más, hombre". Ella, ideal de la muerte, tanto en su respuesta como compañera y como persona. Sin embargo, generalmente afloran los comportamientos maternales/protectores, las preocupaciones porque no me desmaye y la insistencia en que coma.

En este punto me doy cuenta de cómo estamos de adoctrinados, y de como nos resulta extraño que una persona que no tiene hambre "deba" comer porque "hay que comer varias veces al día". ¿Y para qué sirve el hambre, entonces? Intento hacerme un poco el sueco y evitar que la conversación siga, ya que podríamos entrar en las faltas de respeto y lo que me apetece decirles es:
-Tú necesitas comer en cada vuelto porque realmente no sabes comer.
-Dame razones probadas para hacer lo que me dices.
-Ese comportamiento protector que tienes es porque piensas que tengo 20 años (me lo han dicho como la mitad de las personas con las que he volado) y ni idea de nutrición. Pero tengo 30 a pesar de no cumplir con la imagen de "adulto" con la piel hecha un asco, ojeras infinitas y barriga cervecera. Adivina el porqué.
-¿Conoces mi cuerpo mejor que yo? Entonces te haré caso. ¿Eres doctor/a en medicina? Entonces te escucharé. ¿Ves algún síntoma de que me encuentre mal o mi rendimiento es bajo? Entonces dímelo y tomaré medidas.

Sin embargo ayer cambió todo. Al hacer una línea de 2 días, repetimos tripulación. El primer día, como siempre, todo el mundo se extrañó de que no comiese nada. Al segundo día, en el que iniciamos la jornada a las 5:30, me preguntaron que cuándo había sido la última vez que había comido. "Ayer antes de acostarme", respondí. Después de iniciar el segundo vuelo la actitud del resto de la tripulación fue volviéndose más y más maternal y preocupada. Llegó un punto en el que la sobrecargo, con educación y respeto, calificó mi actitud como "inaceptable" (palabra, por otro lado, muy frecuente en inglés) y añadió:
-Puede que te sientas bien, pero tu cuerpo no lo está.
-Si hay una emergencia no podrás responder adecuadamente.
-Ya ha ocurrido anteriormente que alguien se haya desmayado por este motivo.
-La gente hace estas dietas locas de ayuno sin darse cuenta que tienen decenas de pasajeros bajo su responsabilidad.
Que nadie me malinterprete: soy consciente de la responsabilidad que tengo sobre los pasajeros que van conmigo, pero sé que puedo hacerme cargo de ello igual o mejor que quien haya comido durante el vuelo. En todo momento seguí tranquilo, aceptando su punto de vista y sus comentarios, consciente de la influencia del adoctrinamiento al que todos hemos sido sometidos.

Más tarde, la cosa cambió, y las 3 compañeras me dijeron cosas como:
-Estás poniendo en un aprieto a la sobrecargo, cuyas funciones incluyen que todo el mundo coma durante el día y se cumplan una serie de normas como esta.
-Si continúas así es necesario trasladar esto al capitán y él puede escalarlo a la compañía.
-Esto es motivo para expulsarte del avión. Y debe hacerse. Y no es la primera vez.

Finalmente me convencieron. Yo conozco mi cuerpo, pero la compañía no. Y hay una serie de normas que he de cumplir aunque no comulgue con ellas. También es cierto que estoy cargando una responsabilidad añadida en mis superiores y si dependiese de mí no habría problema, pero les pueden pedir razones a ellos. Igualmente se me ocurrió que en caso de un evento inesperado, pueden alegar que no reaccioné correctamente debido a esta "actitud", aunque el ayuno no hubiese sido motivo real. Mejor cubrirse las espaldas.

Lo que ocurrió ya te lo imaginarás. Acepté la comida de tripulación. Para los curiosos: elegí una manzana, un yogur y un maldito sandwich de huevo y tomate. Había opciones de comida caliente, quizás más adecuada (por ejemplo pollo con arroz y algún aditivo) pero ya no había tiempo de prepararla.

Todo esto ha sentado las bases para una nueva costumbre. A partir de ahora llevaré una bolsa de frutos secos en el equipaje. Lo hacía al principio pero abandoné porque nunca los comía en el avión sino en casa. Volverán a mi fondo de maleta, acompañados de algo más elaborado cuando así pueda.


No todo en este trabajo podía ser perfecto, pero tampoco me quejo. Con este pequeño cambio seguiré disfrutándolo. La clave es la adaptación. Siempre.


Imagen: www.imagenpoblana.com

viernes, 21 de febrero de 2014

Viaje de ida y vuelta. Sí, ¡estamos de vuelta!


Hace más de un mes (desde el 20 de enero) que no publico nada. En la página de Facebook dejé un pequeño aviso de que por motivos de trabajo iba a estar ausente una temporada. Por cierto que en esa publicación enlazaba el podcast de Mark Sisson, del que por fin he podido escuchar todos los episodios hasta la fecha.

En el momento del parón no me fue posible explicar mucho más porque de repente todas las horas quedaron ocupadas y ahora por fin tengo un par de días libres.

Este cambio laboral estaba previsto ya desde hace tiempo pero no podía hablar de ello. Ahora que ya es posible, voy a contar un poco y a ampliar perspectiva ya que este blog se llama Paleolítico en Londres, ¿no?

El 20 de enero empecé un curso de formación de tripulante de cabina de pasajeros. Sí, de azafato. Y por ello quisiera aclarar esta terminología. No hay nada malo en decir azafato/a y creo que todos aceptamos esta denominación. Ciertamente lo más visible es que preparemos cafés y hagamos una bonita demostración de seguridad a la que nadie presta atención. Sin embargo el servicio de comida y bebida es más bien algo secundario aunque no deje de ser importante para el bienestar de los pasajeros, los beneficios de la aerolínea y garantizar una presencia a lo largo de la cabina, por ejemplo. Como tripulantes es necesario no solo saber de atención al cliente sino también tener conocimientos de primeros auxilios, conseguir muchos permisos en regla (como el de estar "limpio" a nivel legal), guardar la cadena de mando, operar partes de la cabina del avión (el simple hecho de abrir o cerrar una puerta exige una calificación y formación previa de varias horas), saber cómo actuar en caso de emergencia, conocer el equipamiento de seguridad, etc. Además hay una serie de procedimientos a seguir de forma precisa. Algunos de ellos los establece la compañía, otros son a nivel europeo, otros nacionales. Por suerte, gracias a circunstancias personales previas, conocía estos detalles de antemano y sabía que iba a tener que servir muchos cafés pero tampoco ignoraba estas otras funciones.

El curso ha sido muy intenso. Cuando no había clase, simplemente había que estudiar. Las horas de sueño eran escasas (generalmente 6 o menos al día) y las opciones a la hora de comer eran muy sanas desde el punto de vista convencional pero muy poco paleolíticas. Y como el supermercado más cercano estaba a casi una hora caminando he sobrevivido gracias a conservas, ensaladas preparadas y similares. Siempre hay que buscar la mejor opción aunque esta no sea precisamente buena. En ese momento, y como algo puntual, mis prioridades eran otras en lugar de la comida. En cuanto a deporte, este fue también casi inexistente, a excepción de pequeñas carreras a las 6 de la mañana, algunas de las cuales eran sprints en intervalos. También ha habido tiempo para risas y además he conocido personas de otras partes de Europa. Estas personas son ya importantes para mí, después de esta especie de gran hermano que hemos vivido juntos durante varias semanas.

Recientemente he empezado a volar. Así que si vienes a Londres alguna vez, quizás nos veamos en el aire o en el aeropuerto.

¿Qué decir del nuevo trabajo? Pues solamente cosas buenas. La gente es muy maja y ayuda mucho, los vuelos son amenos. Me siento cómodo en el avión y los demás lo notan. Es verdad que trabajo mucho, pero no me importa. Una de las razones por las que estoy en este país es porque el trabajo duro se valora, y este caso no es una excepción.

Dicen que es un trabajo muy poco sano. Es probable. Los turnos rotativos con horas intempestivas, la compresión/descompresión, la excesiva radiación solar y otros factores pueden influir negativamente en el cuerpo. Mi opinión es que un trabajo que te hace feliz es más sano que lo contrario. El estado anímico y hormonal ocupan lugares muy importantes a la hora de vincular trabajo y salud. Siempre me han gustado mis trabajos y he sido muy feliz en ellos, pero en este siento que puedo dar el 100% y, de alguna manera, que estoy diseñado para hacerlo. Puede que sean tonterías, pero siento que estoy haciendo lo correcto en el momento oportuno.

Hay algo que me ha llamado la atención sobre las costumbres de la gente a la hora de comer. Incluso en los vuelos cortos, los compañeros suelen comer en todos ellos. Bien es cierto que las creencias populares insisten en que comamos cada 3 horas, unas 5 veces al día, pero incluso una compañera muy delgadita y poquita cosa decía que si no comía cada poco se moría de hambre. Claro, ¡como que se pasaba el día comiendo sándwiches!, con sus correspondientes subidas y bajadas de azúcar (¡allá vamos!). Es verdad que era una chica delgada pero probablemente desarrollando una resistencia a la insulina que en unos años le pasará factura.

Y de mí hay algo que sorprende a todos. Es cuando les digo que prefiero no comer. Hablar de la dieta paleolítica y el ayuno intermitente no me parece adecuado ante personas a las que veré ese día nada más y cuya reacción será probablemente darme lecciones de moral. Disculpen, compañeros, pero he leído la ciencia y ustedes han sido engañados por los medios de comunicación y por sus propios médicos.

El día de mi evaluación, la formadora me insistía en que comiese porque "nunca se me ha desmayado nadie y espero que no seas el primero". Era adorable, todo hay que decirlo, y llegamos al acuerdo de que bebería mucha agua (cosa que ya iba a hacer sí o sí). También llegamos al acuerdo de que soy "apto", ¡por supuesto! Por mi parte le dije lo mismo que a todos: "he comido un montón antes de venir". ¡Mentira!

En todo este período también me he cambiado de casa para estar mejor comunicado con el aeropuerto, aunque sigo viviendo en Londres. También he hecho una escapada a España en unos días libres para poder ver a familia y amigos.

Y ya dejo de contar mi vida, que tengo muchas cosas pendientes de las que hablar. Probablemente la primera de ellas será el cardio crónico. Lo haré en cuanto pueda, porque aún estoy poniéndome al día en mi vida personal y otros asuntos del nuevo trabajo como lavar uniformes y seguir estudiando mis funciones (hay varias posiciones en el avión y de momento he ocupado una nada más). No todo es glamour, ¡oigan! Mientras tanto, se admiten sugerencias.

Bienvenidos/as de nuevo y gracias por leer.


Imagen: www.imagenesyfotosde.com

viernes, 17 de enero de 2014

¡Cumplimos un año!


Hace exactamente un año escribía mi primera entrada en este blog. En ella te explicaba por qué decidí empezar esta aventura y hablaba un poco sobre mí.

Ha pasado el tiempo y esta bitácora ha ido creciendo progresivamente. Familia y amigos han sido y son mi objetivo prioritario pero ahora entiendo y sé que hay muchas otras personas que siguen los desvaríos cavernícolas de este hombre del siglo XXI. Por ello intento crear contenidos más generales pero también particulares en ocasiones, que puedan interesar a todos o bien a unas personas determinadas (deportistas, embarazadas, enfermos...)

Aunque el número de visitas no es masivo, las cerca de 20.000 acumuladas son una cifra mucho mayor de lo que esperaba en un principio. Quiero pensar que es porque la información es útil o, cuanto menos, curiosa. Si es porque salgo en alguna tele local, ¡por favor, avisadme!

Es mi deseo ayudar a quien sea posible y trasladar la información de la manera más sencilla que pueda. No pretendo una exactitud brutal ni plagar las entradas con cientos de referencias. Entiendo que si una información te interesa no me creerás solamente a mí, sino que buscarás otros sitios donde contrastarla y ampliarla, y te invito a que lo hagas. Lo que quiero es ser una punto de inicio accesible, comprensible y útil. Una Belén Esteban fisna, paleolítica y sin operaciones; a la que el pueblo escuche cuando así lo quiera.

En retrospectiva puedo decir que en este viaje han cambiado varias cosas:
- Sabemos que el tema del pH no nos debe preocupar tanto como creía. En cuanto pueda escribiré sobre ello.
- He empezado a hacer CrossFit y lo he contado.
- Me atreví con unas cuantas recetas, primando la sencillez ante todo. No soy un buen cocinero pero sí alguien que se apaña muy bien compartiendo un pequeño piso y usando pocos ingredientes. Te darás cuenta de que me encanta el coco y sobre todo su aceite.
- Cumplí años. Es lo que pasa cuando transcurre un año: a lo largo de la existencia de este blog tú los habrás cumplido también.
- Probé yogures y leche cruda, sin pasteurizar ni homogeneizar.
- Escuché todos los podcasts de Balanced Bites hasta la fecha y sigo actualizado al respecto ("Hey everyone!").
- Escuché todos los podcasts de Robb Wolf de 2013 y he empezado ahora desde el primero. Este tío es muy gracioso, directo y preciso: el yerno ideal. La mala noticia es que ya está casado.
- Leí mucho, escribí mucho y aprendí mucho. O al menos eso creo...

Para los próximos 365 días tengo muchas ideas sobre las quiero escribir. Pero también quiero que me sugieras contenidos, que me plantees dudas y que rebatas lo que lees aquí. Que todo sea por el crecimiento mutuo y hacer que la salud nos llegue a través de nuestra alimentación.

Gracias por estar ahí. Espero que seas más sano/a, fuerte, ágil y magro/a desde que lees estas líneas. Y si acabas de llegar siéntete en casa.

lunes, 30 de diciembre de 2013

Propósitos de año nuevo


"Hacemos el balance de lo bueno y malo, cinco minutos antes de la cuenta atrás". Lo decían Mecano y es cierto. Probablemente una de las pocas frases sensatas que escribieron es la que ahora me viene la mente, a poco más de 24 horas de que se termine 2013.

Cerrar el año y saludar al nuevo que entra es un momento emotivo pero simbólico, puesto que ese momento, ese cambio es más arbitrario que natural (no está basado en acontecimientos concretos como pueden ser los solsticios). Como mi cumpleaños es poco después, mis propósitos se fijan a partir de ahí, ya que puedo pensar con más claridad. También es una fecha que se puede considerar fruto del azar pero al menos es personal.

La mayoría, sin embargo, prefieren hacer su lista de "mejorar en..." para empezar el día 1 (o quizás el 2) de enero. Esto está apoyado en ese recuento o balance que nos cantaba Ana Torroja. Si hay algo que queremos cambiar, ese deseo encuentra un hueco con el cambio de año y el consabido "año nuevo, vida nueva".

Lo mío, en esta ocasión, será más bien sencillo. Al menos sobre papel. Voy a dejar de dar consejos de nutrición a quién no me los pida y ayudar más a quien sí lo desee. A aquellos que se sitúan en el punto medio de "pregunto pero en realidad voy a hacer lo que me salga de los cataplines" directamente los voy a ignorar. Y es que también llega un punto en el que uno se siente estúpido cuando intenta explicar las cosas y ve que al momento le cambian de tema y miran para otro lado. "¿Me has escuchado?"

No tengo pensado nada más, simplemente intentar ser un poquito mejor cada día, tener más paciencia, y ponerme más en el lugar del otro.

¿Cuáles son tus propósitos? Si te sirve, te recomiendo que los valores honestamente, fijes metas realistas, hagas un calendario si lo necesitas y no te frustres. Tampoco te dejes llevar demasiado por el énfasis del momento e incluso puede ser recomendable que fijes una fecha ligeramente posterior, como el 15 de enero, por ejemplo, con las fiestas ya bien terminadas.

Esta será la última entrada del año, así que deseo que tengas un 2014 cargado de éxitos, satisfacciones, amor, salud y que sea tan solo el principio de una vida mejor cada día. Me gustaría transmitir estos deseos todos los días, pero es más fácil cuando la ocasión se da a ello.

martes, 12 de noviembre de 2013

Higiene personal paleolítica para hombres (y mujeres) modernos


Como sabemos, el estilo de vida paleo nos permite ahorrar en nuestro cuidado diario, principalmente por dos razones: menor necesidad de productos de higiene y posibilidad de usar sustitutos naturales que son más económicos. Esto, al final, permite que estemos todavía más sanos, y esta es la parte importante.

En esta entrada vamos a ver cómo esto sí es posible. Hablaré de lo que suelo hacer habitualmente y espero que te resulte útil. Para las chicas algunas cosas les servirán, otras las desconozco.

Pelo: Utilizo el método "no poo". Puedes encontrar muchísima información en internet, con experiencias de distintas personas. Consiste en lavar la cabeza con una mezcla de agua con bicarbonato como si fuese champú, y luego una mezcla de agua con vinagre de sidra de manzana como si fuese acondicionador. Se vuelve a aclarar y no deja ningún olor. En mi caso utilizo sendas botellas de medio litro de agua y en cada una añado una cucharada sopera del otro ingrediente. Generalmente hay un periodo de adaptación de una semana o hasta un par de meses, durante el cual puede que notes el pelo más graso o más seco. El cuero cabelludo está un poco "perdido" al principio y reacciona de forma extrema. Según mi experiencia no ha habido ningún problema. Este truco vale también para melenas largas y además cada vez es menor la frecuencia de lavado necesaria, pudiendo quedarse hasta una semana. Si por algún motivo necesito hacer una limpieza profunda, uso simplemente lo mismo que para el cuerpo.

Dientes: ¿Sabías que lo mejor que puedes usar para limpiar tus dientes es la saliva? Por algo la llevamos incorporada de serie. Así que generalmente lavo los dientes así, en seco. ¡No se te ocurra hacerlo si haces una dieta estándar! Si comes alimentos que dañan tu cuerpo y tu boca, es contraproducente eliminar los productos de higiene bucal. Sin embargo, una dieta rica en verduras y carente de alimentos procesados hace que sea suficiente con la propia saliva. Ni generaremos un olor fuerte ni tampoco promoveremos crecimiento bacteriano. La naturaleza es sabia y te recuerdo que en paleolítico las caries no eran frecuentes. En otras ocasiones utilizo un limpiador de sal y menta casero, y otras veces simplemente bicarbonato sódico. En contra de la creencia popular, el bicarbonato no es malo para los dientes si se usa con mesura. Los dentífricos blanqueadores contienen bicarbonato y este es, sin embargo, uno de sus componentes más inocuos. ¿Has leído alguna vez la lista de ingredientes de un tubo de pasta de dientes? Deberías, a ver cuántos de ellos conoces. De todas formas, sí que suelo tener a mano alguna pasta comercial (las más sencilla posible) porque me da seguridad en ciertos entornos sociales.

Labios: No es necesario ningún cuidado en particular, al menos para mí. Si los noto especialmente secos o agrietados, uso un poco de aceite de coco, que vale para todo. Supongo que un buen aceite de oliva también hace maravillas. La hiper hidratación a la que solemos someter los labios (sobre todo en invierno) provoca un efecto contrario. Al administrar una capa protectora, como puede ser la vaselina, los labios dejan de auto protegerse y no se preocupan por su propia hidratación porque su necesidad está cubierta. Conozco a una persona que usa vaselina para los labios continuamente y, cuando no la tiene a mano, padece las consecuencias. Incluso en días templados y de humedad normal, sus labios se quedan resecos y le duelen.

Barba: Además de que estéticamente me gusta llevarla de varios días, también me gusta por otras razones. Al no estár maltratando la piel con una cuchilla, esta sufre un estrés menor, no necesita curarse cada día o cada dos y se evitan las heridas, que son un coladero para que todos esos productos químicos de higiene pasen a nuestro interior y causen quién sabe qué daños, pululando por nuestro cuerpo a sus anchas. ¡Qué miedo! Así que me limito a rebajar la barba con un cortapelo, excepto si la ocasión requiere un afeitado completo. Lo que sí afeito siempre totalmente es la parte del cuello. Tanto para el cuello como para el afeitado completo no uso más que una cosa además de la cuchilla: aceite de coco. Nuevamente, el salvador para todo. Es tan sencillo como extender una capa por la zona a tratar y ya se puede pasar la cuchilla. Aunque esté sólido se licuará al contacto con la piel, pero recomiendo utilizar agua caliente para mejorar el resultado y ablandar mejor el pelo, así como abrir los poros. Otra ventaja de este método es que no necesitas reparar la piel tras el afeitado, puesto que el propio aceite lubrica el área. Una vez que acabes puedes poner un poco más, aunque yo no suelo hacerlo puesto que los restos que deja la aplicación inicial (recuerda que es un aceite y no se puede aclarar totalmente con agua) son suficientes. Cuidado con la cuchilla, porque la mezcla de pelo y aceite va a formar una pasta, así que prepárate para aclararla bien y darle unos cuantos golpes.

Axilas: Si sigues una dieta paleolítica estarás haciendo una dieta limpia. Igual que ocurre con el caso de la boca, el olor corporal será mucho menor o incluso inexistente y, en cualquier caso, no será desagradable. Al no consumir basura tampoco tendremos que excretar desechos de forma brusca. Aún así, suelo utilizar un truco muy sencillo con un ingrediente ya nombrado: bicarbonato sódico. Simplemente espolvorea un poco ¡y ya está! Para hacer las cosas más fáciles suelo guardar un poco de bicarbonato en un viejo bote de especias con agujeros muy pequeños, de forma que lo echo como un polvo sobre la mano y de ahí a la axila. Es totalmente eficaz. Hay quien mezcla los dos ingredientes "dios" para este menester y por tanto usa una mezcla de aceite de coco y bicarbonato. Según dicen, no mancha ropa ni cuerpo, ni provoca ninguna sensación desagradable. Mi segunda opción es un desodorante en pastilla que venden en Lush (hay tiendas en España y en Reino Unido). Es caro pero bastante natural y cunde muchísimo. Este es el que uso si tengo alguna fiesta, cena o similar.

Cuerpo: Para la ducha utilizo un gel normal, sí, lo reconozco. Intento utilizar pequeñas cantidades e incluso lo disuelvo a partes iguales con agua, ya que me da la impresión de que los geles son tan espesos que son imposibles de quitar del todo de la piel. Y no me parece normal lavarme para quedarme con el pegote. Aunque me ducho todos los días, si alguno no salgo de casa simplemente uso un guante tipo crin, sin jabón ni nada, que así exfolia de forma natural y tampoco es necesario lavarse tanto como lo hacemos. Si puedes hacer tu propio jabón o conoces alguna marca sin químicos, esta sería sin duda la mejor opción. Yo aún estoy investigando. Y para cualquier herida que tenga por el cuerpo, otra vez vuelvo al aceite de coco, que es antimicrobiano e hidratante y sus efectos en la piel son increíbles como reparador.

Extra: Para la ropa, simplemente una buena cucharada de bicarbonato puede ser suficiente. Además de blanquear, elimina los olores. Si la colada está lista para ir a la lavadora pero no hay manchas fuertes, no es necesario usar nada más. Y como no soy fan de los olores artificiales (que no son más que otra forma de contaminación) prescindo totalmente del suavizante.

¿Tienes más trucos? ¿Has probado alguno de estos? ¡Compártelo!

martes, 17 de septiembre de 2013

El precio de tu alimentación. ¿Es la paleodieta una ruina?

Confusiones
Hoy me acordaba de mi último tropezón mayúsculo. No en un acto de tortura, sino en un momento de reflexión. En ocasiones como esa, uno piensa en los costes (no sólo económicos) de la comida que no es comida.

He tenido un día muy movido y probablemente esta entrada quede un poco rara porque quiero contar muchas cosas y tengo poco tiempo, pero ahí vamos.

El día del tropezón me atacó mi atracción por los helados, quizás la única comida neolítica que a veces se me antoja (aunque igualmente ignoro). Así que fui de cabeza a un McDonald's a por un McFlurry de Crunchies y este va a servir de ejemplo. Es verdad que no se le debería llamar helado a "eso", lo sé.

Primero, me gustaría aclarar una cosa. Cada vez que se habla de obesidad, de comida basura o de mala alimentación, esta cadena americana se lleva todos los titulares. Mi posición al respecto es que es una empresa que, como cualquier otra, busca su beneficio, ya que está para hacer dinero. Por eso crea comida adictiva. Pero de ahí a echarle la culpa de todos los males, tampoco me parece justo. Tanta culpa tienen ellos como la tiene el chino que hay a la vuelta de la esquina o la señora del ultramarinos de toda la vida, aunque pensemos que sus cereales integrales o sándwiches de atún son más sanos que un Big Mac. No defiendo a McDonald's ni tengo acciones de la empresa. Simplemente me parece injusto que se lleven todos los ataques. Dejaron de usar grasa saturada para freír y bajaron las calorías de sus menús para seguir lo que mandaban las creencias populares. Igual que uno no va al cine, a esquiar o de vacaciones todos los días, tampoco debe frecuentar los sitios de comida rápida. Cada cosa tiene su tiempo. Evidentemente es mejor no ir nunca, pero en Londres hay cientos de estos establecimientos y jamás he visto a nadie coaccionando a los viandantes para que entrasen a consumir. Es nuestro libre albedrío el que nos permite elegir una comida u otra y visitar un restaurante o tienda en detrimento de otros. La educación proviene de casa, de un día a día, y no de un cartel de colores que vemos de repente en la carretera. Creo que queda claro mi punto de vista.

Siguiendo ahora con la historia y el ejemplo del macflagüer de cranchis, veamos su precio: £0,99. Al cambio, 1,19€. Es decir, que por poco más de 1 euro tienes un helado de un tamaño bastante mayor de lo habitual, que incluye en el nombre un producto de una marca ajena (e implica un sobrecoste), que te sirven en persona (genera una actividad por parte de un empleado) y te llevas un vaso de cartón con tapa y cuchara de plástico (aunque sea despreciable, estos utensilios también suponen un aumento del precio). No hablamos de un producto de calidad pero aún así, el precio es irrisorio. Lo que no es tan trivial es que probablemente cuando lo termines tendrás ganas de otro, o de un artículo distinto que has visto en los letreros o en la mesa de al lado.

Ahora, por otro lado, vamos a prepararnos una buena ensalada. Vamos a darlo todo y nos gastamos 3€ en verduras y otros 3€ en salmón ahumado. "¡Joder, 6 lereles pa una ensalada! ¡Si es que comer paleo es más caro que alojarse en el Ritz!". Sí, a primera vista cualquiera pensaría lo mismo, pero ¿es cierto? Desde una visión inmediata, está claro que la alimentación paleolítica es cara y a muchos les parece, además, complicada.

A menudo se comenta que ser paleo no es un sprint, sino una maratón. Esto significa que no se trata de hacer todo bien en un periodo corto, sino de ser coherentes de forma continua, más como la tortuga que como la liebre. Además, la prisa implica acabar exhaustos, estresados y con posterior necesidad de recuperación. La constancia es la clave.

Poniendo la constancia en el contexto de la alimentación, veamos cómo funciona un menú de McDonald's y la ensalada que comentábamos arriba. Si echas cuentas verás que el precio de ambos es similar, incluso si preparas un menú similar en tu casa, aunque algo claro que ahorrarás.

Caso 1: Big Mac con patatas (680 kCal en total) más refresco. "¡Uhm, qué bueno! Aaaaahhhhmmmmmm ahhhhhh uhhhhmmmmmmmm". Momento Homer Simpson. Felicidad. Y dos o tres horas más tarde estarás deseando comer algo más, tomar un café para que de energía o sentirás un bajón de ánimos o tendrás mal humor. Y pensarás en lo bien que te sentías con tu Big Mac y tus patatas y querrás ir a por otro. Lo peor de la historia no es sólo la adicción, sino que realmente no te has nutrido. Has masticado, ensalivado (lo justo) y tragado tu comida, pero excepto proteínas, le has aportado más bien poco a tu cuerpo. De hecho, algunos científicos empiezan a considerar la obesidad más como una carencia que una falta. Es una carencia nutricional. Esto se debe a que la obesidad suele estar ligada al consumo de comida poco nutritiva, y que provoca señales en el cuerpo que inducen a comer más. ¡Si es que tiene lógica! Pensamos que el coche no anda porque el tanque de gasolina está tan lleno que pesa demasiado, pero lo que ocurre es que esa gasolina estorba más que aporta y el coche no anda porque esa gasolina no sirve, así que ¡quiere más!

Caso 2: Ensalada de verduras variadas y salmón (seamos muy, muy generosos con el aceite y pongamos 600 kCal). Mientras comes, acostumbrado/a a los sabores reales, te das cuenta de la textura y sustancia que aporta cada elemento, la suavidad del salmón, un trozo crujiente de cebolla, la hoja húmeda de lechuga o el pimiento dulce en la boca. No es un momento de euforia, pero sí de placer. Terminas la ensalada, acabas de comer y ¿ahora? Ahora nada, ahora te levantas y haces tu vida normal. ¿Qué esperas, un postre azucarado que te reconforte? ¡No, porque no lo necesitas y el cuerpo no te lo pide! Te sientes bien, puedes seguir trabajando, caminando, limpiando los platos, "shining bright like a diamond", así que como es martes a mediodía haces un playback de Desátame en el cuarto de baño dándolo todo (nota importante: la semana pasada ví a una chica con los pelos de la Mó en los 90, aunque era media melena. Muy fuerte, amor a primera vista), te llama tu prima al móvil para contarte su vida pero le dices que has quedado para dar un paseo así que cuelgas y te vas. Cuando llegas a tu casa vuelves a comer porque notas que el hambre asoma nuevamente y de manera tímida, pero primero cantas Desátame en versión remix, haciendo "unch-unch" y tu vecina te oye gritando "¡pero desátame, coño! unch-unch - unch-unch-unch" Yo no tengo esos problemas porque mis vecinos piensan que digo "junchispummmm jamalajá nainoná unch-unch". Y mis compañeros de piso conocen a Marta Sánchez pero no a Mónica Naranjo. Un drama humano de la era de la electrónica. ¡Si al menos conociesen a Azul Y Negro!

Coñas a un lado, esto es un ejemplo un poco bruto de dos opciones muy recurridas a la hora de comer. Pero la cosa no es tan simple. En el caso 1 es probable que hayamos decidido tomar un refresco (incluido en el precio) que da aún más subidón-bajón y calorías vacías en forma de azúcar. Seguro que después nos hemos ido a por un café y a media tarde hemos cogido un pequeño paquete de galletas en la máquina del trabajo o bien un sándwich de camino a casa, o quizás nos hemos preparado un inocente mini bocadillo (para controlar) y luego nos hemos puesto a picar un poquito de todo. Suma todas esas pequeñas cosas. Súmalas todos los días. Súmalas en un mes y en un año. En el caso 2 seguramente no has vuelto a pensar en comer, no has tenido hambre más tarde y te has concentrado en tus labores y tus playbacks. Nadie dice que haya que renegar de los pequeños placeres de la vida, pero hay muchos mejores para elegir y la frecuencia es también la clave.

Y si pensamos en las cosas a largo plazo y en como nuestro comportamiento se va modificando vemos que todo es cuestión de patrones. Al abrazar una dieta paleolítica, la alimentación es más satisfactoria y es menos probable que tengamos ganas de picotear, de contar calorías, de que nos asalte la culpa o el deseo de autocontrol, al que siempre van a vencer nuestras hormonas y cerebro (de ahí que la obesidad no sea un problema de voluntad, como nos hacen creer, sino que la naturaleza es más poderosa y la necesidad de supervivencia nos enseñó así). También nos damos cuenta de la diferencia entre un bienestar continuo y otro que depende de subidas y bajadas, y optamos por el primero. Esto hace que se eliminen muchas interferencias en nuestro camino.

Una alimentación paleo incluso permite hacer días enteros de ayuno sin mayor problema, sin malestar ni preocupaciones. ¿Es día 31 y pensabas que el mes tenía 30? Y la cuenta del banco a cero. No pasa nada, ¡ayuno intermitente! Y lo mismo si estás de viaje y la comida del aeropuerto es cara o poco apetecible.

Al 99% de la gente le parece surrealista, pero hay muchísimas personas que comen poco cuando hacen paleo. Hace unas semanas, alguien preguntaba en un foro algo así como "¿soy raro o a alguien más le cuesta llegar a comer sus calorías?". Las respuestas no tardaron en aparecer. A partir de ahí una mujer contó que ella no llegaba a las 900 kCal (se supone, en términos generales, que la media serían unas 2000 kCal para una mujer). Decía que probaba varias maneras, pero que estaba llena y no era capaz de comer más. Y añadir grasa en forma de aceite o carne simplemente no ayudaba. Muchas personas se sentían identificadas aunque su caso era el más extremo. Esta persona se sentía bien, era más bien sedentaria y no tenía problemas excepto la cifra en cuestión. Mi punto de vista es que se estaba nutriendo, su cuerpo estaba funcionando bien y tenía muchas reservas con las que funcionar y las señales eran claras ya que su maquinaria no estaba viciada con azúcares o desregulaciones hormonales. Supongo que después de un tiempo su cuerpo le pediría subir las cantidades poco a poco. Y esto que parece un caso extremo o un trastorno alimenticio, no lo es, lo que pasa es que estamos más acostumbrados a contar calorías para no pasarnos porque vivimos en el mundo de la abundancia, de lo fácil y del exceso.

En mi caso me he dado cuenta algunos días de algo parecido. A veces me da la impresión de que he comido demasiado así que he revisado el ticket de la compra y estimado las calorías ¡y resulta que estaba comiendo muy poco! Por supuesto, el día siguiente o el anterior habría comido un poco más. Esto es lo natural, que haya fluctuaciones. Además de mi tendencia natural a ganar peso con extrema facilidad tengo una tolerancia muy alta al nivel de proteína que puedo consumir. Este macronutriente es autolimitante per se, todo lo cual me lleva a pensar que quizás debería incrementar su consumo y que no me vuelva a pasar lo de perder músculo de nuevo. Igual que la mujer de más arriba tenía su caso particular, el mío parece ser que necesito más proteína de la que creo, y eso que considero que mi ingesta es adecuada.

Todo este testamento de entrada está relacionada también con mis actuales circunstancias. Me encuentro en un momento en el que estoy trabajando mucho, aprendiendo mucho, durmiendo lo justo, con la cabeza muy ocupada y la agenda apretada... pero sin un duro que entre en la cuenta. En el mundo en el que me hallo es muy frecuente (y lamentablemente necesario) trabajar mucho sin cobrar, a modo de inversión profesional. Es por ello que últimamente estoy haciendo una versión que alguien llamó hace unos días en Facebook "paleo para pobres". Por suerte soy bastante ahorrador y no suelo tener muchos gastos, excepto alquiler, móvil y gimnasio/box, que son mis únicas facturas. Incluso voy a casi todas partes en bicicleta. Nunca me compro ropa porque creo que no la necesito ni me apetece. No suelo salir demasiado y me encantan las discotecas y bailar toda la noche, pero no me gustan las connotaciones que conllevan. Y siempre me ha gustado mucho la vida casera o simplemente disfrutar de un café con amigos. Todo esto significa que la buena alimentación manda en mi presupuesto justo después de los inevitables gastos fijos.

Pensando en la versión "paleo para pobres" me enfrento a esta opción o a la dieta convencional. Me gustaría resaltar dos ideas:
-Aunque no es lo óptimo, se puede comer paleo correctamente, eligiendo las fuentes de nuestro plato, sabiendo las calidades de la comida y sin dejarse llevar por los caprichos. El pescado enlatado en salmuera, por ejemplo, puede ser una opción. Lo mismo con las verduras de los mercados de granjeros o aquellas frutas no orgánicas a las que no se le come la piel por ser dura.
-Una alimentación artificial, barata y rápida puede parecer la solución ante un momento económico difícil pero no lo es. Está asociada con excesos en otras comidas, en gastos superfluos y en malestar y falta de nutrición. Esto redunda en problemas a corto y largo plazo, por no hablar de posibles indisposiciones. ¡No me gustaría tener que cancelar una entrevista de trabajo porque me ha sentado mal el Big Mac!

Ser paleo no es comer sólo orgánico o comida que cuesta el doble de lo normal. Pero sí que es actuar en consecuencia y eliminar cosas que no necesitamos. Esto puede incluir, por ejemplo, dejar de usar productos químicos en el pelo. Por supuesto es una opción personal que cada uno ha de elegir. Yo lo practico desde hace meses y suelo lavar la cabeza una vez por semana, más o menos. La última vez que fui a cortar el pelo, el peluquero me dijo que tenía un pelo "estupendo" y es verdad que me quería tirar los trastos así que igual no tiene mucho valor su apreciación, pero si yo fuese peluquero no creo que me gustase alguien con el "pelaso" (lo siento, ¡"pelazo" me suena taaaaaan mal!) hecho una Carmen de Mairena, ¡digo!

Y lo mismo con el exceso de uso de la pasta de dientes (las bacterias simplemente no crecen en tu boca si no comes lo que no debes): "La saliva tiene todos los ingredientes que el esmalte dental necesita para estar bien." Excepto si comes basura, claro. En el paleolítico prácticamente no había caries y no era porque se muriesen jóvenes, precisamente.

Igual ocurre con el desodorante. Si no ingieres productos de los que tu cuerpo se quiere librar, no tendrás que excretarlos (o como alguien dijo hace poco, "less crap in, less crap out", "entra poca mierda, sale poca mierda") y alimentar con ello a las bacterias que causan el mal olor. Eso tampoco quita tener un bote de desodorante a mano por lo que pueda pasar, que vivimos en sociedad y además existen las urgencias.

Así podría seguir infinitamente, nombrando todas esas cosas que la vida moderna, el consumismo y el capitalismo nos han metido en nuestras casas y nosotros hemos aceptado "barco como animal acuático".

En conclusión: ¿Qué precio tiene tu salud, tu bienestar, tu felicidad y tranquilidad? Vivimos en un mundo donde las tentaciones están en todas partes, son accesibles y (en ciertos límites) están bien vistas socialmente. Personalmente prefiero seguir con lo mio y no tener que mirar para otro lado, evitando ver los muffins o brownies, cuando quedo a tomar un café en un Starbucks. Simplemente no los deseo; me sugieren lo mismo que una caja de cartón.

La dieta es parte de la vida igual que lo es el trabajo, la familia, amigos o tu música favorita. Te define, está contigo siempre (incluso cuando no está) y te da (o debería) muchas más satisfacciones que penas. Sí, ¡el trabajo también debería darte más satisfacciones que penas!

A Dios pongo por testiga que no escribiré hasta la próxima semana. Esta entrada me ha quedado más larga que un día sin pan, pero como los paleo no comemos pan, pues arte para el cuerpo, ¡oye! (mi cuerpo pide salsa -sin gluten, por favor-).

martes, 3 de septiembre de 2013

Personal faileo


Error. Fail. Ese podría ser el resumen de mi día y me ha dado por llamarlo igual que lo hacen los angloparlantes: faileo (de fail, "error" y "paleo").

Aunque empecé hace cosa de dos años, llevo unos cuantos meses de paleo estricto, exceptuando el Carnaval de Notting Hill y pequeños detalles en comidas sociales. En la medida de lo posible me gusta llevar las riendas de mi alimentación, me gusta hacer paleo y no necesito ni quiero meterle otras cosas al cuerpo, ¿para qué? Mi filosofía se sostiene sobre una comida que me hace sentir bien antes, durante y después de su consumo, que me satisface, noto que me nutre y me da estabilidad física. De la bebida ni hablo porque simplemente bebo agua, café y té.

Llevo varios días enfrentándome a una serie de proyectos que están ocurriendo y es que por fin las cosas empiezan a suceder. Sin entrar en demasiados detalles de repente me veo ante una especie de mezcla entre el reto de la hoja en blanco, un "diógenes" puntual y un miedo a avanzar o mirar atrás, sabiendo que tengo que hacer correcciones que implican destrozar trabajo ya hecho. Son todo pequeños ajustes muy a corto plazo. Intelectualmente suena bien, fácil, posible. Emocionalmente, aunque puede parecer estúpido, me está resultando muy complicado porque significa actuar de modo imprevisto y corregir un error. Soy defensor de esta idea y creo que rectificar es de sabios, solo que no me veo yo tan sabio...

Lo que ha ocurrido a raíz de todo esto es que he decidido echar mano de esa "comida" sin frenos, cargada de cereales, azúcar, grasas trans y otras lindezas. Sabía lo que pasaría. Sabía que no podría parar. Sabía que no era buena idea. Pero me justifiqué con el consabido "hoy lo necesito". ¡Mentira! No lo necesito. Comer por motivos emocionales es lo peor que podemos hacer. En este mundo neolítico podemos justificar nuestras elecciones alimenticias a través de nuestro humor, pero eso no es natural para nuestro cuerpo. Conozco la sensación de "hoy me hace falta esto" aunque realmente no la he tenido. Por suerte estoy desenganchado de esas cosas pero he buscado una justificación para posponer mi tarea y para encontrar una satisfacción fácil que sabía que no iba a tener realmente. De alguna manera aún persiste en mí la idea de esa satisfacción de la comida basura. Es algo aprendido durante muchos años y con lo que cuesta luchar.

Esta historia tiene una parte positiva. Hace unas horas he parado por fin. Físicamente no me siento especialmente bien pero tampoco me siento mal, como antes de decir "¡basta!". En ese momento estaba sin energía, con ganas de dormir, hinchado, incómodo, aletargado pero con el pulso acelerado (por supuesto después del subidón inicial "¡esa peñaaaaaaaaaa!, ¡yujuuuuuuuuuuuuu!"). A estas horas mi cuerpo ya ha entrado en modo [te has pasado tres pueblos y *"·$%"·*&"·$%2·*//W$%%%%*"·$] y me manda mensajes de "¿qué he hecho para merecer esto?". Mañana sé que me encontraré bien. Desde luego soy un afortunado que se puede permitir estas cosas, lo cual no implica que lo vaya a hacer rutinariamente.

Ahora seguiré con esos proyectos. Me tienen encantado, estoy ilusionado, veo que marchan y que me demandan mucha energía, tiempo y, sobre todo, pensamientos. Estas cosas están todo el día en mi cabeza y de ahí que por ocasiones me frustren un poco. Además no estoy especialmente habituado a los procesos creativos, los tengo un poco oxidados y van arrancando a base de percutir las neuronas.

Esta entrada no la he escrito como una queja, sino como un recordatorio de que esto ocurre y es bueno darls importancia porque al final solo nos acordamos de lo positivo. Dar énfasis a los buenos recuerdos es indispensable para nuestra felicidad, ánimo e incluso supervivencia, pero necesitamos ciertas notas mentales en cuanto a "desaprender" se refiere. He aquí una.

Otra cosa que he aprendido, o más bien recordado, es la sensación de la comida neolítica. Ese rico cruasán, ese fundente helado, ¡son engaños! Pase probar un bocado de vez en cuando, pero no es para mí. No son sabores ricos, sino hiperestimulantes. Es como una foto de Instagram, con el contraste al máximo y un filtro de locura. No es una captura real del momento, igual que estas comidas no son comida de verdad, sino una exageración. Al igual que la foto acaba con un resultado espectacular, también aquí tenemos un espectáculo gustativo. Veo en los comentarios de la gente, en MasterChef y en las críticas de restaurantes que lo que importa de la comida es el sabor. Bueno, eso es relativo, y espero escribir pronto al respecto. Lo importante es lo que esa comida nos aporta, incluyendo el sabor pero también otros factores. ¿Cómo nos hace sentir después de un rato? ¿Qué beneficios a largo plazo nos ofrece? ¿Es adictiva? Evaluar estas preguntas, reeducarnos y buscar un equilibrio basado en lo natural debería ser la norma.

También quiero recalcar algo que a menudo comentan las chicas del podcast de Balanced Bites: el perfeccionismo paleo. Suelen decir que no creen en ello, que nadie sigue la dieta al 100% y que además no tiene sentido. Sin llegar a la regla del 80% de Mark Sisson, en el mundo actual no podemos ser 100% paleolíticos. Si es por problemas de salud lo mejor es rozar ese número pero de lo contrario es mejor no dejar que lo perfecto sea enemigo de lo bueno. Al final se trata de optimizar nuestras posibilidades y hacerlo lo mejor que sepamos, sin que esto sirva a su vez como excusa. Intentaré seguir en esa especie de 99% desde hoy mismo, ¡no desde mañana!

Espero que esto pueda ayudar a alguien, porque generalmente las historias personales nos hacen empatizar aunque cada persona sea diferente. Yo, desde luego, necesitaba escribirlo y necesitaba decir "perdóname Robb Wolf, porque he pecado". Sí, como una perra.

Volviendo al modo [Shine bright like a diamond] en 3, 2, 1. Nota para Rihanna: si supieras el daño psicológico que me has hecho con esa frase, estarías arrepentida bajo tu paraguas (aguas, aguas). Na-na-na come on!!!

lunes, 2 de septiembre de 2013

Crossfit: Mi historia. ¿Por qué lo practico? ¿Cómo acabé aquí?


Tras haber explicado las bases y entrenamientos del CrossFit, así como sus ventajas y dónde se practica, me parece justo explicar mi historia.

Hace algunos años que empecé a entrenar en un gimnasio, concretamente el Imperial, en Getafe. Allí, gracias al apoyo de buenos monitores, aprendí un poco de nutrición y un mucho de técnica. Lo primero pude seguir aprendiendo por mi cuenta, pero la técnica se trabaja día a día.

Que alguien te prepare una tabla adecuada, te preste atención, te resuelva dudas y te diga "¡pero pon más peso, hombre, que eso lo levanta mi abuela!" o "eso está tan cargado que casi no te mueves, ¡no estás haciendo nada!", bueno, eso es la diferencia entre todo o nada. Sobre todo cuando eres novato es importante hacer las cosas "despacito y con buena letra". Resumiendo, allí aprendí mucho. Tanto, que cuando empecé con esto de CrossFit, el entrenador me decía "bonita sentadilla" (en inglés no suena tan "mariconada") y eso significa mucho: es empezar con los deberes bien hechos. ¿Te imaginas tener que reaprender algo que has hecho mal durante años? Así que quiero reivindicar el trabajo bien hecho (y casi siempre poco valorado) de los buenos monitores de gimnasio. Fichar por un gimnasio donde nadie te corrige y evalúa con criterio no tiene sentido a no ser que seas un usuario avanzado, y quizás ni así. Pagar 15 euros menos al mes por ir a un sitio con estas carencias no vale la pena. Y además hay otros usuarios que te pueden ayudar pero en realidad muchas veces es al contrario.

La siguiente parte de la historia tiene un poco que ver con la última aclaración. Aquí en Londres empecé a ir a un gimnasio donde sí había monitores y además estaban preparados. Cada 6 semanas tenías derecho a una sesión gratuita con uno de ellos, reservando con antelación. En esa sesión te evaluaban, te preparaban una tabla, te sugerían el peso a cargar y observaban tu ejecución. Suena bien, ¿verdad? En realidad, no tanto, ya que aunque tenías a esa persona al 100% para ti durante una hora, no volvías a verle el pelo hasta la siguiente sesión. Así es que había tantas personas que entrenaban tan sumamente mal.

Llegó un punto en el que me di cuenta que yo mismo iba perdiendo interés en los entrenamientos. No era una pérdida brutal, no había grandes síntomas, pero a veces me decía a mí mismo "hoy voy a poner un poquito menos de peso" o "ya no puedo hacer una repetición más" (sin intentarlo realmente). Esas pequeñas cosas, unidas a lo comentado más arriba y a una lucha por insertar las rutinas dentro de mis variados horarios de trabajo, hicieron que mi rendimiento bajase un poco. Aunque la motivación seguía ahí, detectaba un pequeño pasotismo que no me gustaba nada. Sí, podía seguir avanzando, pero los pasos eran cada vez más pequeños. Mala idea.

Por otro lado, el CrossFit me había llamado la atención desde hacía mucho tiempo y cada día pensaba más en esa posibilidad. Al igual que la paleodieta, simplemente tenía sentido. Me enteré de que habían abierto un box más o menos cerca de mi casa así que no lo dudé. Fui a una sesión explicativa y acabé por apuntarme.

Quizás pienses que los gimnasios no valen la pena. El mensaje no es ese. El mensaje es que depende de muchas cosas. En mi caso, la propia evolución de los entrenamientos me llevó a este punto. No creo que hubiera tenido el valor de empezar sin haber tenido el historial previo. Aunque soy sociable, no soy social; me refiero a que disfruto con la gente pero no busco entrar en los grupos, soy bastante independiente para los entrenamientos y me daba un poco de miedo meterme en esto, añadiendo además la barrera idiomática. Si no hubiese ganado la seguridad y experiencia que me dieron el gimnasio y las clases en grupo, no me vería capaz de dar el paso. Ahora, sin embargo, me alegro enormemente de que haya ocurrido.

En estos momentos estoy todavía en una especie de fase introductoria a la que llaman Elements. Aunque todos los días hay un entrenamiento diario, lo importante durante esta fase es familiarizarse con los movimientos y las herramientas, ganar seguridad, mejorar las marcas y conocer a la gente con la que te rodeas, así como a los entrenadores. Posteriormente se empieza con lo que es el entrenamiento en sí, el WOD o Workout Of the Day ("Entrenamiento Del Día"), elegido de entre una serie concreta de entrenamientos y que combina unos cuantos ejercicios ejecutados de una manera determinada y centrados en mejorar, por ejemplo, el número de repeticiones o el tiempo que se tarda en hacerlas.


Tienes más información de todo lo que te he contado en la página oficial de CrossFit.


Por supuesto que esta no es la única posibilidad de entrenamiento. Lo digo siempre, pero es verdad: cada persona tiene su historia, características y preferencias. Aunque para mí esta alternativa es la más adecuada, algunos/as preferirán un gimnasio de los de siempre, un entrenamiento más específico y otros/as algo más sencillo. Hay también otras disciplinas en la comunidad paleo como pueden ser MovNat o varios centros que imparten sus propias variaciones de Primal Fitness. Si te interesa alguna de las alternativas, mira lo que hay cerca de ti, infórmate, compara y elige.



viernes, 9 de agosto de 2013

Segundo objetivo, ¡conseguido!


La vida paleo no es una simple dieta, sino una forma de hacer las cosas. Esto incluye salirse de la zona de confort, hacer cambios, mejorar. Si viviésemos en un mundo sin comodidades tendríamos que hacerlo de forma involuntaria para sobrevivir a los peligros que nos acechasen. En el mundo actual esto ya no es necesario.

Aunque no soy un ejemplo a seguir, de vez en cuando intento recordarme que es bueno mejorar y probar cosas nuevas. Y a menudo funciona.

No quiero demorarme demasiado porque es una cuestión personal pero todo esto viene a cuento de que esta mañana he tenido una gran noticia, resultado de estar viviendo en Londres más de un año y mi interés por su lengua durante prácticamente toda la vida. He recibido el resultado de mi prueba de inglés académico IELTS y... ¡he sacado una nota muy buena! De momento no irá a ninguna parte, pero significa que si durante los 2 próximos años quiero estudiar algo en inglés, tengo las puertas abiertas. Había pensado en hacer algo de nutrición (¡claro!) o hacer un nuevo curso de sonido. Aún no lo sé, pero lo bueno es saber que la posibilidad existe y estoy muy contento. Simplemente a nivel personal ya es una satisfacción.

Este era uno de los 3 proyectos que tenía pensado y se trataba en realidad del que iba a hacer a largo plazo. El cambio en mi situación laboral me ha hecho pensar en agilizarlo y el resultado no podía ser mejor. No he ido a clases, he estudiado por mi cuenta. Cuando uno quiere, es posible.

¡Hala, ya me puedo volver a España! Ja ja ja. Es broma. Feliz fin de semana a todos. El mío ya lo es.


Imagen: ielts.org

lunes, 24 de junio de 2013

Una visita a la dietista: La dieta paleolítica es buena pa tu body.


He hecho una maldad. No me pude resistir. Pero mejor voy a contarlo desde el principio.

Hace unos días, después de volver a Londres, vi un anuncio al lado del centro de salud. Te invitaba a que te cuidases, que comieses bien y esas cosas. Era una especie de promoción de una dieta sana y el objetivo era que visitases a un dietista. Dicho y hecho, me apunté y fui. Un poco por curiosidad, un poco por escepticismo y un poco para ver qué cara ponía cuando le hablase de mi vida.

Llegué a la recepción, di mis datos y me confirmaron que en unos minutos me atenderían. Así fue. Una chica de unos 30 años me dijo que ella era la dietista que me atendería y que habría una estudiante con nosotros. Me preguntó si esto me importaba o no y, evidentemente, respondí que no.

Entramos en la consulta, pequeña y calurosa (me advirtió antes de entrar), y me invitó a sentarme. Me pesó, comprobó mi IMC y me hizo varias preguntas sobre mis rutinas (sueño, deporte, bienestar, vicios...) y mi dieta en general. Luego me mostró una foto como la que encabeza esta entrada y pensé "ya la jodimos". Si te fijas, la mitad derecha del plato es la parte no-paleolítica del asunto. Pero no fue así. Mejor pongo una versión resumida y dramatizada de la conversación. Las intervenciones de la dietista las pondré en cursiva, para facilitar la lectura:
-Mira, nena, a ver, tu IMC es correcto y tu porcentaje de grasa también lo es, pero por lo que me dices, no comes hidratos de carbono, y así no vas a tener energía. Pero ¿has venido en bici, no? ¿Desde donde?
-Pues sí, he venido en bici desde tal sitio (unos 20 minutos) pero siento que tengo energía. Y cuando entreno en el gimnasio tampoco me falta. Y cuando trabajaba de camarero y estaba horas sin comer tampoco me faltaba energía. No es que no coma hidratos de carbono, sino que no como aquellos que no contengan otros nutrientes. Me siento bien, ¿no me ves fabulosa?
-Pues sí, chica, la verdad es que estás llena de energía y estupenda, no como yo, que aunque soy dietista me sobran 10kg por lo menos y por encima no puedo con la vida. Imagínate cuando llegue a los 50; vendré a trabajar en silla de ruedas teledirigida. De todas formas te voy a explicar lo de la osteoporosis, que es un dramón, y como no tomas leche te va a pasar como en la película esa que se te van a romper los huesos toditos.
-Sí, se que necesito calcio, pero intento obtenerlo de verduras ricas en él, como el brécol, así como de sardinas y pescado que se pueda comer con la espina, o con caldo de hueso.
-Uhm, tienes razón. Hija, ¡qué lista eres! Es que esas cosas tienen mucho calcio. Además como haces pesas, eso ayuda a que los huesos estén fuertes también. La verdad es que lo tienes cubierto. Si no, siempre puedes tomar leche de soja.
-(Cara de WTF).
-¿Y qué tipo de aceites y grasas usas para cocinar?
-Pues suelo comer cosas ricas en grasa, como pescado azul y uso aceite de oliva y a veces frío con mantequilla de vacas de pasto...
-Eso está muy bien. Además el aceite de oliva también tiene muchas grasas insaturadas que son más buenas que el Confessions On A Dancefloor.
-Bueno, guapa, ¡no te pases!, a ver si la vamos a tener por culpa de un CD, ¡no jodas! La mantequilla y otras grasas las consumo porque se supone que son buenas también para el tema de precursores hormonales, que no va a ir uno al gimnasio a estar dale que te pego y no tener ná de testosterona en este cuerpo, ¿mentiendes? 
-¡Ay pues a mí no me dijeron nada de eso en la carrera! ¿Y a ti? (Y miró a la estudianta, que dijo que ella tampoco ni flagüers).
-Entonces, desde tu punto de vista, ¿crees que hay algo que debería cambiar? Por ejemplo he eliminado los huevos durante una temporada porque no estoy seguro de que me sienten bien, pero estaré atento para reintroducirlos a ver qué pasa.
-No te preocupes por los huevos, que a quien le sientan mal, lo nota al rato de comerlos. Si fuese tu caso, te darías cuenta. Del resto, sin embargo, he de decir que veo que tu dieta está bien. Si tú te encuentras bien, no hay necesidad de que la cambies. Es más, me parece que es sana y, ¡desde luego es la mejor dieta que he visto durante la última semana!
-Pues nada, chica, que me has alegrado el día, sobre todo porque me encanta comerme un buen par de huevos. Ahora a ver si te animas y haces algo de tu vida, que te estás poniendo como una foca, que como sigas así te pasan para recepción, ¡pero como baliza, no como recepcionista, jodía!
-Anda, falsa, a ver si te atropella un mamut paleocrítico de esos, ahora cuando vuelvas pa tu casa. ¡Vete a tomar por culo ya de aquí! ("See you later", me dijo la tía cabrona).

Ante todo he de decir que no pasa nada por que a alguien le sobren 10kg. Cada cual sabe su historia y quien esté libre de pecado... Lo que no me parece adecuado es que una persona que está ofreciendo asesoramiento dietético tenga sobrepeso. Está claro que su IMC estaba bastante por encima de 25 y, sobre todo en sanidad, opino que se debería predicar con el ejemplo. Lo más sorprendente es que esta persona trabaja para el NHS (el sistema público de salud británico) y todo lo que dijo lo hizo desde esta perspectiva, entendiendo que no es una nutricionista privada que puede adscribirse a la escuela que desee, sino que ha de seguir unas directrices concretas. Por eso me choque que le hayan convencido mis ideas, pero así ha sido.

En cuanto al tema de los giros de la conversación, por supuesto no se desarrolló en esos términos, pero el contenido es básicamente lo que he puesto y la conversación fue amena y cordial (muy british, ella). También me dijo que nunca había oído hablar de la paleo dieta y prefirió que yo se lo explicase (esto fue al principio de la entrevista). A lo mejor ahora le da por investigar y hasta puede que acabe por hacer CrossFit, la tía. Judías con chorizo, ¡no lo comía!